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viernes, 10 de julio de 2026

 

La portada del Alhorí y el señorío de Isabel de Portugal en Alcaraz (1526-1539)

Este año se cumple el quinto centenario de la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal. Como dote, la emperatriz recibió el señorío de varias villas y ciudades; entre ellas, Alcaraz. El recuerdo de Isabel de Portugal sigue muy presente en la ciudad, pues se la asocia con la manufactura de las famosas alfombras de Alcaraz, de las que recibió un buen número como regalo de boda. Sin embargo, su huella permanece también en uno de los edificios más emblemáticos del Renacimiento alcaraceño: la portada del Alhorí, que constituye hoy el principal testimonio de un proyecto urbano que transformó la ciudad durante el primer tercio del siglo XVI. 

La portada del Alhorí en la calle Mayor

la historiografía ha debatido sobre su autor, su cronología o las influencias que inspiraron su decoración. Se ha relacionado con Andrés de Vandelvira, con Diego de Siloé, con Jacopo Florentino e incluso con el ambiente artístico de Jerónimo Quijano. Todas estas cuestiones siguen siendo fundamentales para comprender la obra. Pero quizá exista una pregunta todavía más interesante:

jueves, 28 de mayo de 2026

 

Cuando «Alcaraz» dejó de ser solo una ciudad

Habitualmente cuando uno gugleaba «Alcaraz» nos remitía a la población albaceteña, pero desde hace unos años, cuando tecleamos esta palabra quien ocupa decenas de entradas en primer lugar es el tenista y reciente campeón de Wimbledon y del Torneo de Roland Garros, Carlos Alcaraz. Y esto nos hace pensar en su apellido. ¿Tiene relación con el pueblo? ¿Cómo surgió este apellido? 

El tenista Carlos Alcaraz

miércoles, 1 de octubre de 2025

LOS JESUITAS EN ALCARAZ Y POVEDILLA. ¿CÓMO APARECIERON? ¿QUIÉN FINANCIÓ SU FUNDACIÓN?

 


La Compañía de Jesús, fundada en 1534 por el español Ignacio de Loyola, apareció en Alcaraz muy temprano. En el año 1583 un misionero portugués predicó en Alcaraz con tanto éxito que pueblo y autoridades solicitaron al cardenal Quiroga, de Toledo, que se crease en la ciudad un colegio permanente. Diversos contratiempos retrasaron la instalación hasta el año 1617 en que un acaudalado caballero de Alcaraz dejó en su testamento todos sus bienes para la fundación del Colegio. Esta acción tan generosa acarreó números pleitos y escándalos en Alcaraz, según narra don Manuel Arnaldos, a quien seguimos en la mayoría del artículo (en bibliografía).


Emblema de la Compañía de Jesús

¿Quién era el dadivoso caballero?

Se trataba de Juan Ruiz de Córdoba, un hidalgo de profundas convicciones religiosas, regidor perpetuo y miembro de la cofradía de San Salvador, con estatuto de limpieza de sangre.

Los Ruiz de Córdoba eran una de las familias más antiguas de Alcaraz. Emparentaron en el siglo XIV con el linaje más prestigioso, el de los Guerrero, cuando Juan Martínez Guerrero se casó con Catalina Ruiz de Córdoba, hija de Alvar Ruiz de Córdoba y de Catalina Sánchez Balles­teros[1].

Juan Ruiz de Córdoba se casó con Isabel Porcel de Peralta con quien tuvo un hijo, llamado Cristóbal. La esposa falleció en 1578 y él prometió no volver a casarse, pese a contar con 38 años. Su hijo contrajo matrimonio con una señora principal de Úbeda con quien tuvo dos vástagos. Falleció Cristóbal en 1598 y con escaso margen de tiempo sus hijos.

Sin embargo, era voz común en el pueblo que en su juventud don Juan había tenido un hijo bastardo, llamado también Cristóbal, a quien crio e instruyó costeándole estudios en la Universidad de Salamanca. Pese a estos beneficios, la relación entre padre e hijo fue muy mala. Este no solo había injuriado y maltratado a su progenitor, sino que, se decía, que en alguna ocasión había intentado matarlo. Por estos motivos lo repudió y desheredó. Sus bienes íntegros se destinarían a la fundación del Colegio de la Compañía en Alcaraz, la Congregación que con sus predicaciones y su misión de búsqueda de Dios y formación integral del hombre había cautivado a don Juan.

En 1617 se firmó la escritura. Las cláusulas estipulaban que don Juan sería el patrono de la Compañía y que designaría a quien le sucediese. La advocación de la iglesia sería la de la Conversión de San Pablo. El cuerpo del fundador debía ser enterrado en la citada iglesia donde habría que colocar sus escudos de armas. Don Juan falleció el 6 de enero de 1619 y a partir de ese momento las cosas comienzan a complicarse.

El hijo bastardo había regresado a Alcaraz poco antes de la muerte del padre, con el tiempo suficiente para entorpecer el viaje de los jesuitas llamados para que lo auxiliaran en el trance de la muerte. En connivencia con el alcalde mayor tomó posesión de todos los bienes de su padre, lo que generó el primer juicio contra los jesuitas, ganando el pleito la Compañía. A renglón seguido, Cristóbal adujo que no todos los bienes eran de Juan Ruíz de Córdoba, sino que estaban incluidos otros que correspondían al hermano de aquel y tío del litigante. Con esta argucia tomó posesión de las casas principales, seiscientos ducados de renta vitalicia y algunos censos. Dos juicios más por otros personajes con intereses económicos enturbiaron la posesión de los jesuitas, pero al final todos los obstáculos fueron vencidos en los tribunales.

El colegio de la Compañía en Alcaraz quedó definitivamente constituido en 1649 puesto que la obra comenzada en 1617 fue demolida por no contar con licencia real. Nunca pasó de ser un modesto Colegio. En el año de su fundación eran cuatro los miembros, tres sacerdotes y un coadjutor. El año de su expulsión, en 1767, eran cuatro padres y dos hermanos. Desde su creación hasta su final fueron catorce los frailes que pasaron por él. Varios de ellos fueron alcaraceños de nacimiento de excepcionales cualidades, como el padre Sebastián Izquierdo (matemático, lógico y filósofo) o el padre Jacinto Pareja y Buedo, nieto de doña Oliva Sabuco, que fue profesor de filosofía, teología y artes. Este fue nombrado predicador real por el rey Carlos II debido a su talento para dar consuelo espiritual y preparar a los que estaban a punto de morir. 

En 1753 cuando se elaboró el catastro de Ensenada, los miembros seguían siendo cuatro, el rector, Joaquín Viedma, Gaspar Alfonso Portillo de la Caballería, maestro de moral, Ignacio de Cuevas, maestro de gramática y el coadjutor, José Avilés. Tenían un criado que se ocupaba de la cocina, de nombre Salvador de Elaras que vivía en Povedilla. Francisco Hilario Garví, sacristán, y Joaquín de Ortega, encargado de traer leña para el consumo del colegio. Además de nueve empleados en las tareas del campo y ganado. Siempre se ocuparon de la enseñanza de gramática, que equivalía a la enseñanza secundaria de hoy en día. Recibían del concejo un estipendio por esta labor.

Catastro de Ensenada. Declaración de  bienes de la Compañía en Alcaraz.

BIENES DE DON JUAN PARA LA COMPAÑÍA

Donó don Juan las casas principales en que vivía, junto con otras dos contiguas y otras dos más, todas en la Puerta de Granada, dos tiendas en la lonja de la plaza, una huerta en el Piélago, un herreñal en la Reguera, otra heredad en la Hoz de cien fanegas con huertas y nogueras y otros bienes raíces y lo demás en censos. Además, otra huerta lindante con el río de la Madre y con la Veintena, un huerto en el puente de Vianos, otra huerta en dicha rivera, otra heredad llamada de Hamete con parte de la dehesa de cuatrocientas fanegas de sembradura y en Povedilla una heredad de tierras, huertas, molino y casas con más de ochocientas fanegas. También fundó en la aldea un Pósito Pío para labradores pobres y dejó un censo de cuarenta ducados para dotar y casar doncellas huérfanas.

La Compañía de Jesús fue disuelta en 1767, sus miembros expulsados y sus bienes confiscados por el Estado. Parte de esas propiedades se vendieron en remates públicos a bajos precios, pero no contamos con documentos de “venta de Temporalidades”, tan solo sabemos que pasaron a manos privadas.



¿Qué pasó con los edificios y bienes de los jesuitas de Alcaraz?

Por resolución real de 1769 se destinó parte del edificio para aulas y habitaciones para maestros, con algunos pupilos, siendo el administrador de estos bienes el Ayuntamiento de Alcaraz. El resto se destinó a hospicio, con el que debían colaborar la ciudad y pueblos del partido para acoger a niños expósitos y abandonados. Pero no se llegó a cumplir. Sin embargo, la educación se siguió pagando con lo que rendían los bienes de los jesuitas. Por eso el escudo central de la estrecha fachada de la calle Granada es el de Carlos III, el escudo real sustituyó al de la Orden expulsada. Se incautaron sus bienes, destinando unos a fines públicos: enseñanza o beneficencia y otros se subastaron, mal vendiéndolos en la mayor parte.

Fachada de piedra donde se situó el Colegio de los jesuitas. A la derecha de la imagen una construcción moderna donde debió situarse la iglesia.


El destino de la iglesia, separada con pared divisoria, sería de nuevo parroquia de Santa María, que se trasladó desde la parte de arriba, en el castillo, de penosa situación a esta parte de la calle de Granada o de la Compañía (en algunos callejeros). Pero la iglesia duró muy poco tiempo en este lugar ya que fue agregada a la de la Trinidad en 1776[2].

Escudo de Carlos III en el cuerpo superior de la fachada que sustituyó al emblema de los jesuitas

En el año 1846 don Vicente Mendiri solicitó al ayuntamiento la venta de los que él llamaba una casita que se formó con los restos del antiguo convento de jesuitas, obligados a satisfacer cierta pensión anual para el preceptor de gramática latina. Aquí conviene aclarar que gracias a estas clases se salvó una mínima parte del edificio, la del escudo, el resto incluyendo la iglesia y solar pasaron a ser administrados en arrendamiento por el Ayuntamiento entrando sus productos en el fondo de propios.

Esa “casita” -como día don Vicente- tenía una pared maestra medianera con la de su propiedad en la calle de Granada, y aunque amenazaba ruina y era preciso repararla, le interesaba porque defendía su casa de los recios temporales. De ahí el interés en su adquisición, como ocurrió.

La documentación generada en el ayuntamiento como consecuencia de la expulsión se envió a la Dirección General de Temporalidades, pero solo se ha conservado una relación de interés muy relativo (Arnaldos).

¿DÓNDE SE SITUÓ EL COLEGIO DE LA COMPAÑÍA?

Manuel Arnaldos visitó Alcaraz para conocer de cerca lo que quedara del edificio, el alcalde lo hizo acompañar de las personas que creyó más idóneas, pero no hubo posibilidad de aclarar nada, ya que la zona donde se suponía que debió estar enclavado el colegio e iglesia era un conjunto de ruinas y edificios particulares muy deteriorado.

Nosotros hemos recurrido al Catastro del marqués de la Ensenada, elaborado en torno a 1750 en Alcaraz. Gracias a las declaraciones de bienes de los vecinos que vivían en la calle de Granada o de la Compañía, hemos localizado a don Alfonso Isidro Blázquez, hidalgo y regidor, quien declara unas casas principales que lindaban a levante con la iglesia de los padres de la compañía, por poniente con casas de don Diego Vandelvira y José de Santos y horno, por norte con dicha calle y su con placeta Granada”. Esta casa la tenemos localizada gracias a los escudos de los poseedores, Blázquez, Auñón, Montoya y Bustamante en la fachada que llegó hasta el siglo XX. Por poniente la casa de don Rafael de Arcaína lindaba con el colegio[3].


Escudo principal porque está a la derecha de la portada con las armas que debían corresponder al linaje principal de don Juan Ruiz de Córdoba. Se trata de un escudo partido, en el primer cuartel vemos una palmera arrancada con acostada de dos felinos afrontados. En el segundo tres fajas tercias. El del otro extremo está tan borrado que no se aprecian las figuras. 


 FUENTES DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS:

-        Arnaldos Pérez, Manuel: Apunte histórico de la relación de los jesuitas con la ciudad de Alcaraz. Fotocopias facilitadas por David Garrido Martínez.

-        Archivo Municipal de Alcaraz.

-        Archivo Histórico Provincial de Albacete. Catastro de Ensenada.



[1] No estoy segura de si estos Alvar Ruiz son descendientes del de Los Hinojosos (Cuenca) a quien Juan II concedió la hidalguía en 1451.

[2] Visita eclesiástica del año 1776. En http:/Familysearch.org

[3] Cuaderno de edificios y solares. AHPAB. Signatura 3.167.

martes, 23 de septiembre de 2025

UNA BUENA RAZÓN PARA LLAMARLA TORRE DEL "TARDÓN" (ALCARAZ. ALBACETE)

Una de las preguntas más recurridas por los visitantes y turistas de Alcaraz, cuando ven las torres de la plaza Mayor, es por qué la del reloj se llama torre del Tardón. Las hipótesis que se han aventurado son muchas, pero ninguna podía ser demostrada documentalmente. Sin embargo, leyendo las actas del Archivo Municipal de Alcaraz he encontrado un documento que justifica más que sobradamente que a la torre se le llame del Tardón. 

24 de agosto de 1769, San Bartolomé, fiesta de guardar. Ese día, como venía ocurriendo con frecuencia, el reloj de la torre de la plaza no dio la hora que avisaba de la misa de once. Esta misa era la más concurrida de Alcaraz, a ella acudían las autoridades, encabezadas por el corregidor, y, tras él, el séquito de regidores, oficiales y gentes del común. Un tercio de la población prefería esta misa, el resto se repartía entre las cinco iglesias de Alcaraz. La desproporción es evidente y con ella cierto rencor de los religiosos hacia la población civil.
Torres de la Trinidad y El Tardón, con el reloj municipal, adosada a la lonja del antiguo convento de Santo Domingo

El convento de Santo Domingo, que como sabemos estaba en la plaza Mayor, no tenía su acceso por la fachada principal, sino por la espalda. La lonja del convento, que daba a la plaza, era propiedad del Ayuntamiento, al igual que la torre del reloj, gemela de la de la Trinidad, pero más destacada en altura. Otra vez el poder civil superaba al religioso. Aunque fuera sutilmente, este detalle se entendía como todo un símbolo. Su reloj marcaba las horas de los hombres, frente a las campanas, que marcaban el tiempo de la oración. En la planta baja, una puerta de arco ojival daba acceso a la iglesia del convento, sobre ella destacaba el escudo municipal, toda una declaración de intenciones. 

Arco ojival de entrada a la iglesia del convento. En la clave, el escudo de Alcaraz para demostrar que la lonja era propiedad del concejo.




Escudo de Alcaraz en la clave del arco de entrada a la iglesia. La lonja era propiedad del Ayuntamiento hasta la misma puerta

Este poder civil, representado por el concejo y regimiento, había llegado, hacía muchos años -siglos, más bien- a un acuerdo con los frailes para que todos los domingos y fiestas de guardar se dijera una misa de once en su iglesia, tocando, no las campanas del convento, sino la campana del reloj del concejo. A cambio los frailes habían recibido el agua -tan escasa en Alcaraz- dentro de su monasterio, a través de conductos subterráneos, una obra pública que se compensó con la cesión de esa misa “concejil”. De ahí que fuera la favorita de la población.

Sin embargo, aquel 24 de agosto, jueves, al igual que había ocurrido el domingo, día 20, la gente esperó la hora que no llegó. El reloj sonó a las diez, pero no a las once, habiéndose parado la aguja hasta que pasó, a su debido tiempo, a los tres cuartos de las doce. Los frailes no esperaron ni avisaron a nadie, celebrando la misa a su hora. Más de doscientas personas se quedaron sin el precepto dominical, entre ellas el corregidor, lo que causó “nota y escándalo” en Alcaraz.

Por estos hechos, las autoridades abrieron un expediente para averiguar la tardanza. Se requirió al relojero municipal, un oficio al que el concejo pagaba un sueldo anual por la importancia que tenía el control del tiempo para la población. Salvo los campesinos, que calculaban la hora por la posición del sol, pocas personas podían regir sus vidas si no oían el toque del reloj. El relojero dijo que podría haber algunas causas mecánicas, como polvo o arena que se hubiera introducido en los muelles o en las ruedas. Para descartar o confirmar otras causas, puso la mano y su disparador en las once, dejándola caer para que diese esta hora, pero no levantó el disparador. Lo mismo repitió a las doce, a la una y a las dos, pero en ninguna ocasión funcionó. Después el procurador ordenó al relojero que levantase varias ruedas y pusiese el reloj en posición de dar las doce y quedase corriente, como lo había estado hasta las diez. Así lo hizo, y funcionó, lo que demostraba que el problema había sido culpa del relojero o de una tercera persona. 

 EL SABOTAJE DEL RELOJ

¿Quién podía acceder al reloj, aparte del relojero? Solamente el convento, ya que tenía acceso directo a la lonja alta y desde allí a la puerta de la torre, cerrada con un candado por fuera del que había una única llave en poder del padre prior. Desde ese día se quitó el candado y se puso una cerradura con llave por dentro de la torre, que quedaría en poder del concejo (al igual que tenía la llave de la planta baja de la lonja), con el fin de impedir el acceso de los frailes, a los que se reprendió y se les advirtió de que, en caso de sucesivos retrasos, avisasen a las autoridades para que dispusiesen lo que conviniera, y que no empezaran nunca la misa de once si el reloj no había tocado, bajo amenaza de dar cuenta de los hechos al Provincial de la Orden y tomar las medidas oportunas. 
Las torres en una fotografía de principios del siglo XX en la que se observa el tejado de mayor altura de la iglesia del convento. Pedro Román.


 En conclusión, creemos que este hecho, que parece anecdótico, pero que refleja las tensas relaciones entre el poder civil y religioso, tiene la suficiente entidad como para haber dado origen al apodo, con socarronería por parte del pueblo, de “el tardón”. El hecho debió quedar grabado en la memoria colectiva y transmitirse de forma oral, de generación en generación, pero - y esto es lo interesante- quedó recogido en las actas municipales. De ahí que lo hayamos rescatado y podamos disfrutar de esta historia con la que viajamos en el tiempo y conocemos las mentalidades pasadas.
Acta de 25 de agosto de 1769 donde se da cuenta del suceso que relatamos. Archivo municipal de Alcaraz.


miércoles, 16 de abril de 2025

LA CASA DE LOS GALDONES (ALCARAZ)

 

  

La casa de los Galdones en la calle Bachiller Sabuco



 
El dato más antiguo de esta casa es el que nos ofrece el Catastro del marqués de la Ensenada (1752), en el que aparece como propiedad de don Albertos Galdón, medía 16 x 16 varas, lindaba con el cementerio de la Trinidad y la calle de las Torres. Don Albertos Saquero Galdón tenía 54 años (este era su nombre completo) era notario eclesiástico, del estado general, notario del número de la Audiencia eclesiástica de Alcaraz y administrador de los bienes de la Inquisición de Murcia, estaba casado con Marcela Bustamante Cabellos. Tenía un hijo, llamado don Gabriel Galdón Bustamante, que lo sustituía en las ausencias[1]. 
Era un rico propietario que contaba con ocho casas en Alcaraz y dos en el campo. La casa que nos ocupa fue vendida en 1838 por don Manuel Galdón[2]. 

Árbol genealógico de los Galdón (AHPAB. Signatura 19008-2)

    Sin embargo, en 1854 un expediente judicial del archivo municipal nos dice que había sido embargada a los herederos de Manuel Galdón Coca, y vivían en ella varias familias, algunas por disposición judicial. En el piso alto, lo hacían Encarnación Galdón y Francisco Martínez Curtidor. En ese momento, según el informe que hace el maestro de obras Marcelino Román, amenazaba ruina con peligro para los habitantes y los viandantes que pasaban por el callejón que da paso a la iglesia de la Trinidad y casa del curato. Los gastos de reparación se repartían de la siguiente forma: una tercera parte la sufragaría Francisco Martínez, y otra se pagaría con el alquiler del piso intermedio en el que vivía por disposición del Juzgado, don Juan Merlo. A Encarnación Galdón se le declaraba insolvente por la indigencia en que vivía. 

EL ESCUDO Y LA FACHADA

    El escudo no puede pertenecer a don Albertos Saquero Galdón, porque él mismo se declara del estado general, no era hidalgo, ni noble, por lo que carecía de blasón. Quizás fuera colocado en la fachada en alguna de las reformas posteriores del siglo XIX. El alfiz que enmarca parte de la fachada, el escudo y la ventana gótica se pueden datar a finales del siglo XV. Una fotografía de Pedro Román realizada en el año 1924 nos muestra la evolución de esta antigua casa, que sufrió una remodelación en el año 1956 en la que se alteraron varios elementos. La puerta de acceso fue sustituida desapareciendo el arco conopial del mismo estilo que el de la ventana superior y el alfiz quebrado alrededor de la ventana fue simplificado dejándolo recto en la parte izquierda y recortado en el largo con el fin de abrir una ventana en la parte baja 



La casa en una reforma alrededor de 1970



A la izquierda, imagen actual, a la derecha tenemos una fotografía de Pedro Román de principios del siglo XX. Ambas imágenes nos permiten apreciar las reformas y transformaciones de la casa.


Escudo cuartelado con figuras de árboles atravesados por lobos. Por la sencillez de la forma puede datarse a finales del siglo XV.


            El escudo presenta mal estado de conservación. Las sucesivas capas de cal ocultan parcialmente las figuras talladas. Pese a ello, podemos observar que se divide en cuatro cuarteles y presenta la particularidad de que todos ellos se componen de árboles atravesados por animales, en el primero y cuarto parecen ser lobos -que es el animal que más a menudo va asociado al árbol- y, en el segundo y tercero leones por el dibujo en espiral de la cola. El segundo cuartel incorpora una venera en cada cantón del jefe. La figura del lobo y el árbol es típica de la heráldica vasca y navarra.



[1] AHPAB. Catastro de Ensenada. Signatura 3.167. Libro del personal. Estado secular. Signatura 4.621, 16. Testamento y bienes para instituir un patronato y becas para estudiantes del que fue agraciado Gabriel Sánchez Saquero Galdón en 1741. En 1854, (obras 350 y 351) expediente de ruina de la casa conocida como de los Galdones con informe del maestro alarife. Casa que se embarga a los herederos de Manuel Galdón Coca.

[2] AHPAB. Signatura 15.990.