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domingo, 27 de septiembre de 2026


LA CAPILLA «DE PASAR» DE LA VIRGEN DE LA ENCARNACIÓN (EL BALLESTERO): UN MICRO MUSEO ETNOGRÁFICO


Recientemente se ha incorporado a la iglesia esta capilla domiciliaria que se encontraba en la ermita de Villalgordo, término de El Robledo, pero perteneciente a El Ballestero. La pieza se puede encuadrar en un tipo de imaginería devocional en barro cocido o terracota popular de carácter doméstico muy común en la España tradicional, pero totalmente en desuso en esta época, motivo por el que han desaparecido la gran parte de ellas. Que se haya conservado en su urna original de madera rústica la convierte en un valiosísimo testimonio vivo de la religiosidad popular.


Capilla «de pasar» de la Virgen de la Encarnación en su urna original de madera con candado

miércoles, 12 de agosto de 2026

 

Inventario y análisis de las campanas de la iglesia de El Ballestero

Cinco campanas, cinco momentos de la historia de El Ballestero: una pieza que podría remontarse al siglo XV, otra de 1636, otra de 1758, otra de 1799 y la más reciente, de 1945. Todas siguen formando parte de la memoria de la iglesia y de la localidad.    

La torre de la iglesia de El Ballestero que acoge las campanas es relativamente moderna. En el exterior de esta consta la fecha de su construcción (1770); dividiendo los números, se observa la parrilla de San Lorenzo, santo a cuya advocación pertenece la iglesia. 

El conjunto del campanario consta de cinco campanas labradas en bronce, de distinto tamaño, todas en funcionamiento y electrificadas.

Comenzaremos por el lado este, ya que alberga las dos de menor tamaño. Una de ellas, la más antigua —de la que ya hemos comentado su singularidad—, creemos que debería retirarse de la torre, conservarse en un lugar mejor acondicionado e incoarse un expediente para declararla Bien Mueble de Interés Cultural, pues debe de ser de las más antiguas de la provincia.

Cuerpo de la torre, lado sur. Sobre la ventana la fecha de 1770 y la parrilla, atributo de San 
Lorenzo

domingo, 3 de marzo de 2024

El Blanco y la cofradía de las ánimas benditas del purgatorio en El Ballestero

El Blanco 



«El Blanco» Y LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO EN EL BALLESTERO

Cada 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, recorre las calles de El Ballestero un singular personaje, «El Blanco», con su característica vestimenta blanca, alforjas y campañilla. Su misión es recolectar dinero -también alimentos en épocas pasadas- con el fin de celebrar misas para sufragio de las ánimas benditas del Purgatorio. El Blanco es un ánima muda, nadie puedo reconocerlo. Por eso lleva la cara y manos cubiertas. Tampoco puede hablar, tan solo toca la campanilla, avisando de su proximidad. La tradición responde a una promesa, que se llevaba a cabo de forma anónima y va cambiando con los años. Antes, la campanilla se dejaba en la ermita de Villalgordo el lunes de Pentecostés, cuando se lleva a la Virgen en romería, y allí, quien antes acudiera, ese la "robaba". Con ese sencillo gesto ya se sabía que ese año había "blanco". Hoy es por lista de espera. Antes, salía al rayar el alba para que nadie supiera cuál era su casa. Ahora, sale de la iglesia.

El Blanco día 28 de diciembre de 2025



Sobre el origen de «El Blanco» se sabe muy poco, pero se intuye que es muy antigua porque todos hemos oído contarla a nuestros mayores, y, estos, a su vez, a los suyos. Se dice que tiene cinco siglos. Se han aventurado varias hipótesis, por ejemplo, Concha Vázquez vincula esta figura a las mascaradas de invierno investigadas por Caro Baroja quien, a su vez, las conecta con las cofradías de ánimas. Otra teoría las relaciona con una repoblación de judíos conversos en el siglo XVII, teoría que desechamos por carecer de fundamento y no contar con base documental.

                Sin embargo, las cofradías de ánimas y las limosnas pedidas el 28 de diciembre para sufragar misas sí tienen relación con los Inocentes. La escasa documentación que hemos encontrado en el Archivo Municipal nos permite conectar al Blanco con la cofradía de las Ánimas. En primer lugar, porque en el año 1796 el cura de El Ballestero, don Manuel Aranos, tuvo que elaborar un informe que le solicitaron desde la Chancillería de Granada sobre la existencia y antigüedad de las cofradías del municipio. El párroco dice no saber la fecha de su creación, pero que, aunque tienen el nombre de hermandades, no se pueden considerar tales, sino que son devoción de los fieles. Por aquellas fechas su fervor había decaído y sólo quedaban tres, la de las Ánimas, la del Santísimo Sacramento y la de Nuestra Señora de la Encarnación. Celebraban los cultos debidos anualmente de limosna sin gravamen particular. Esta información nos proporciona la relación entre las cofradías de El Ballestero y las limosnas con las que celebraban los cultos.

                La relación entre limosnas y culto también se da en Ossa de Montiel, donde en 1770, el informe de cofradías, hermandades, congregaciones, gremios y otras cualesquier fiestas y funciones que conlleven gasto, nos habla de la devoción de las Benditas Ánimas del Purgatorio, compuesta por varias personas que se colegian o unen el martes de carnestolendas de cada año, hacen una soldadesca el martes con ofrecimiento de limosna que dan gratuitamente para invertir en el beneficio y sufragio de dichas benditas ánimas. Y dan también una especie de colación a las personas que participan de pasas, avellanas, garbanzos tostados y vino. En Albacete, la cofradía de las Ánimas vivía de las limosnas que recogía de diversas formas, una de ellas era la petición puerta a puerta (ostiatin) que siempre se hacía de noche y a la luz de las velas (Meya, 125). Otro tanto ocurría en El Bonillo, donde la cofradía de las Ánimas también tenía la costumbre de pedir limosna por las calles y casas para las misas por las ánimas del purgatorio (Fernández)

                En otros lugares de España, como Íllora (Granada), donde sí que se han conservado los libros de constituciones de la cofradía de las Ánimas, se tiene constancia de las obligaciones de la recogida de limosnas y del destino de estas para misas por las almas. Las limosnas se recogían en varias fechas, una de ellas, al igual que en El Ballestero, era el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.

ORIGEN DE LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS

                En estrecha relación con las almas inocentes se encuentra la cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio, hermandad que como tantas otras resurgió con fuerza tras el Concilio de Trento (1545-1563) en el que se impulsaron los ritos propios del catolicismo frente a su negativa por la Reforma Protestante. Uno de ellos fue la exaltación del Purgatorio y las almas detenidas en él que recibirían alivio con los sufragios de los fieles, y, en especial, con las misas. Otros ritos fomentados serían las procesiones y la creación de cofradías.

                A lo largo de los siglos iremos viendo como la cofradía de las Ánimas en El Ballestero será la que reciba más limosnas por parte de los vecinos, raro es el testamento que no destina una parte de dinero a misas por las almas del Purgatorio. Por este motivo llegaron a acumular muchas rentas y bienes. Su popularidad también se debía a su función asistencia y hospitalaria, basada en el socorro al hermano necesitado y la compañía en el entierro. Al fin y al cabo, las cofradías, y sobre todo la de ánimas junto con las parroquias, eran las únicas que disponían de un ataúd, que era usado por toda la comunidad como medio de transporte, ya que el cuerpo se depositaba directamente sobre la tierra. Hasta el siglo XVIII no llegó a extenderse el uso del ataúd individual.

                Las cofradías en El Ballestero eran muy antiguas, debieron surgir poco después del Concilio de Trento porque tenemos una escritura del año 1610 con las cuentas procedentes de las limosnas que a través de los testamentos recogía la cofradía de la Vera Cruz, la de más fervor, y la cuota que pagaban los nuevos cofrades para ingresar en ella. Por lo tanto, debía regirse por sus propias constituciones o normas y tener un mayordomo que controlara las cuentas. Los cofrades estaban obligados a pagar ocho reales al ingresar en ella. Aquel año de 1610 ingresaron seis nuevos miembros, un número muy alto para la población, lo que nos indica que pertenecer a una cofradía era un signo de distinción. Pertenecer a una corporación proporcionaba relevancia social, tanto en las procesiones, funciones, como en los entierros, a los que debía asistir la hermandad completa del difunto con su cruz y hachas encendidas (la luz guiaba el alma) acompañando al difunto desde la casa hasta la iglesia.

En 1614, a través del testamento de un vecino de El Ballestero, llamado Francisco Díaz, sabemos que existían cinco, porque a todas ellas les dejó en las mandas testamentarias dos reales. Sus nombres eran: la Vera Cruz, la de mayor devoción, que tenía una casita en el arrabal y un herreñal -es la única de las cofradías que cuando se elaboró el catastro de la Ensenada, en 1752, declaró bienes-. Le seguía la del Rosario, la del Santísimo Sacramento, la de San Lorenzo, la de las Ánimas y la de Nuestra Señora de Villalgordo.

En el año 1762 la cofradía de las Ánimas aventajó en bienes a la de la Vera Cruz porque compró la mitad de una casa, propiedad de Ana Carretero, en la placeta del Mesón. Las casas (se decía así, en plural, aunque fuera un solo inmueble) aún existe. Su situación se describe así: «lindan por el norte con dicha placeta y fachada del mesón, por oeste con calle que desde dicha placeta va a la de Cantarranas, por el sur con espaldas de las casas de Cristóbal Cabezuelo el mayor, y, este, otros barrios linderos».

Casa en la placeta del mesón comprada por la cofradía de las Ánimas en 1762



                EL DECLIVE DE LAS COFRADÍAS

En el siglo XVIII, las cofradías habían disminuido su influencia. Estas sufrieron diversos ataques desde las más altas instancias. Según un estudio de Mercedes Meya, los Ilustrados encontraban estas prácticas devocionales a los santos y a las reliquias como un estadio próximo a la superstición, al tiempo que veían en las procesiones un escaparate para las vanidades humanas en lugar de reflejar el misterio divino y conmover conciencias. Entre 1768 y 1773 el Conde de Aranda encargó un recuento de las cofradías y hermandades del país para ejercer un mayor control sobre estas prácticas, el conocido como “Expediente General de Cofradías”. En 1783 se decretó la desaparición de todas las cofradías gremiales, dejando solo las del Santísimo Sacramento y las de Ánimas.

                        EL TRAJE DE «EL BLANCO»

El traje se compone de camisa, enaguas largas, caperuza y tela fina que cubre el rostro. En conjunto obedece al que usaban los penitentes, disciplinantes o cofrades que acompañaban a sus respectivas hermandades en las procesiones o rogativas. Aquella vestimenta ya descrita en El Quijote consistía en antifaz, capirote y túnica o enaguas. En el caso de los disciplinantes dejaba al descubierto la espalda para recibir los azotes, aunque estas procesiones por cruentas fueron prohibidas en 1777. El color de las prendas era el blanco, color que, aunque a primera vista nos hace pensar en la pureza, no responde a este concepto, sino a la penitencia.

Imagen de "El Blanco" recorriendo las calles con la típica indumentaria, las alforjas y la campanilla

Para ilustrar lo que comentamos recurriremos a la aventura de don Quijote con los disciplinantes en la que la extraña vestimenta de estos fue la causa del arrebato del caballero: [...] Venían unos hombres vestidos de blanco, a modo de disciplinantes… Don Quijote, que vio los extraños trajes de los disciplinantes, sin pasarle por la memoria las muchas veces que los había de haber visto” […], se encaró con ellos y entabló pelea diciéndoles: “Vosotros, que, quizá por no ser buenos, os encubrís los rostros, atended y escuchad”.  



Imagen: de Ricardo Balaca y Orejas-Canseco ( 1844-1880) para la ed. de "El Quijote" por Montaner y Simón, en Barcelona, 1880-1883.

 

Penitente de la cofradía de Nuestra Señora de la Anunciación en una estampa del año 1583



Fuentes y bibliografía:

-       Documentación del Archivo Histórico Provincial de Albacete

     FERNÁNDEZ CHILLERÓN, Ramón: (1782-2007), 225 años caminando con el Nazareno. Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Historia de una cofradía. El Bonillo: ayuntamiento.

     MEYA ÍÑIGUEZ, Merecedes: Albacete antiguo. Las devociones perdidas. Albacete: IEA, 2001.    

 VvÁZQUEZ SÁNCHEZ, Concepción: “El Blanco o Ánima muda : una mascarada de inocentes en El Ballestero”. En Albasit, n.º 23, 1987.

VERDEJO MARTÍN, Antonio: “La cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio de Íllora”. https://www.historia-illora.com/wp-content/uploads/2020/06/1-Resumen-Hist%C3%B3rico.pdf


 






jueves, 2 de noviembre de 2023

EL BALLESTERO Y LA CAMPANA QUE COSTÓ UNA JOTA. ¿REALIDAD O LEYENDA?

 

Sí, han leído bien. La campana costó una jota. Así se ponía fin a una disputa entre El Bonillo y El Ballestero para apropiarse de la campana de San Miguel de Susaña, un despoblado que se encuentra a mitad de camino entre ambas poblaciones.

        Un poco de historia. La vinculación de San Miguel de Susaña con El Ballestero

Según la tradición, El Ballestero debe su fundación a los pobladores venidos de San Miguel de Susaña (también denominada Susaña o Susana). Así lo corroboraba, en el año 1782, don Lorenzo Carrascosa y Palomar, cura vicario de la parroquia de El Ballestero, al responder  al interrogatorio conocido como “Relaciones del Cardenal Lorenzana” (documento que responde a un cuestionario enviado a las parroquias del arzobispado de Toledo, con el fin de conocer todos los datos y realidad social de los feligreses), quien atribuye el origen de nuestro pueblo a la llegada de pobladores  provenientes de un lugar situado al Norte, entre El Bonillo y El Ballestero, se trata de Susana o Susaña, lugar que, “debido al estancamiento de sus aguas pantanosas padecía de tercianas o paludismo” -enfermedad muy frecuente en esta época-. Por ello sus moradores se vieron obligados a trasladarse a la villa cercana de El Ballestero trayendo consigo, e instalando en nuestro pueblo, la campana de su Iglesia, cuyo patrón era San Miguel Arcángel. Otra parte de esos vecinos se marcharon a El Bonillo.

Sobre la vinculación de El Ballestero con San Miguel de Susaña, el historiador Carlos Ayllón añade que a finales del siglo XV tanto El Ballestero, como Susaña y Villalgordo contaban con iglesias, estas dos últimas, en declive o casi despobladas. De esta forma Susaña (o San Miguel de Susaña) se ligó a Villalgordo (el cual a su vez también aunaba El Zarzalejo, apenas un naciente cortijillo) y los tres se vincularon a El Ballestero en el siglo XVI.

Sin embargo, San Miguel se volvió a poblar, quizá solamente como caserío con unas pocas familias dedicadas al campo y la ganadería. Así se desprende de un dato que aporta Ramón Fernández Chillerón, quien comenta que todavía existe desde El Bonillo a Susaña la senda de los frailes, un atajo que utilizaban los agustinos para ir a celebrar la misa en la aldea en siglos pasados, antes de que el convento fuera desamortizado en 1822. Por eso en el mapa de la provincia de Albacete de 1846 (el primero de la provincia creada en 1833) aparece San Miguel de Susana como un núcleo de población.

Detalle del mapa de Albacete. Rodeados por círculos rojos tenemos las poblaciones de El Bonillo, Susana y Ballestero. Elaboración propia. Año 1846

Y aquí, en este siglo es cuando podemos datar la leyenda o tradición oral que habla de la campana lograda en un concurso singular, bailando una jota manchega. No he logrado saber qué acontecimiento provoca este suceso. Es cierto que entre El Ballestero y El Bonillo hubo un conflicto por los límites, un pleito que duró más de veinte años, desde 1860 a 1876, por la delimitación de la legua entre las dehesas de Gil de Moya y Mingote, un expediente que se encuentra en el archivo de la Diputación de Albacete, pero en su contenido no se alude a San Miguel de Susaña, si bien, el paraje resulta cercano.

        El origen y el topónimo de San Miguel de Susaña o Susana

Tradicionalmente, el topónimo de Susana o Susaña se vincula con dos palabras, sursum y ana. Sursum, susum en latín vulgar significa hacia ‘arriba’, y ana es un nombre prerromano que significa ‘fuente’ o ‘río’. Efectivamente hubo en San Miguel de Susaña una fuente de agua, disputada por los límites entre El Bonillo y Lezuza y junto al paraje del complejo lacunar de Navalcudia.

Sin embargo, tras el análisis que hace de este Ramón Fernández Chillerón (2026: ) nos inclinamos a validar la teoría que opta por la hipótesis predial hispanorromana: Susiana/Susaña). Posesivo romano sobre el antropónimo Susius + sufijo -ana. Esta segunda propuesta es infinitamente más sólida, metódica y probable por las siguientes razones:

A. Solidez Fonética (leyes de evolución del latín al castellano)

La evolución propuesta cumple impecablemente las leyes del cambio fonético histórico:

  1. Sufijo predial -ana: Era el mecanismo estándar en la toponimia latina para designar la propiedad de una villa (finca/explotación agrícola):


  2. Yod 4ª / Palatalización de /nj/: El grupo latino -ni- ante vocal (como en Susiania o Susiana) palatalizó de forma absolutamente regular en castellano dando el sonido nasal palatal /ɲ/ (representado por la letra ñ):
    • Hispania/España

    • Campiniana/Campiñana

    • Susiana/Susaña

B. Evidencia Epigráfica y Antroponímica
  • Documentación del antropónimo: la propuesta no inventa un nombre ficticio; Susius / Gens Susia es un nomen bien atestiguado en la epigrafía del Hispania romana (Lusitania, Tarraconense).

  • Modelos paralelos: abundan los paralelos regionales documentados (Martiana=Marciana/Marzana, Luciana, Campiñana, Escartana), lo que confirma que era la pauta dominante de nombramiento territorial en la meseta sur y levante.

C. Coherencia Arqueológica y Histórico-Geográfica

  • Presencia de villae y vías: La existencia de restos romanos en la zona y la proximidad a vías de comunicación encajan exactamente con el patrón socioeconómico romano: una villa o fundus articulado en torno al comercio y la explotación agraria, cuyo nombre pervivió tras la caída del Imperio a través de la población local.

San Miguel de Susaña en la actualidad con la pared de su ermita


    
    El paraje de San Miguel conserva todavía restos de construcciones, una pared de su ermita, una construcción semicurcular, llamada “casa redonda”, popularmente atribuida a una posada o venta por su proximidad a una vía romana (de Lezuza a Laminio, Alhambra), la cañada de los Serranos y el camino de Murcia. Según Enrique García Solana hace años se encontró una cueva que contenía muchos objetos, de los que su dueño conservó una sortija y unas monedas romanas de la época imperial y republicana. En sus proximidades se ha instalado un mirador de aves esteparias ya que la zona se ha declarado de especial protección de estos animales. También se observa el nacimiento de una fuente (hoy seca) y un pozo.


El mirador de aves esteparias. Al fondo la pared de la ermita

La leyenda de la campana y la jota

            Las leyendas son relatos de tradición oral que se transmiten de generación en generación, narran hechos relacionados con un lugar, un pueblo, su historia, hechos sobrenaturales... Su base puede ser real, pero se deforma con esa transmisión. Poco importa en las leyendas la coherencia con fechas y veracidad, por eso el relato que trato a continuación, aunque es el único documento con que contamos, lo tomaremos con prudencia y analizaremos sus incongruencias.

En este punto rescatamos un artículo que publicó el periódico escolar de El Ballestero, llamado Nuevos Pasos, en diciembre de 1989, tras una investigación dirigida por el maestro don Ángel Munera, en la que participaron sus alumnos de 8º de EGB, Paquita Rubio y Encarnación Márquez, Sole, Tauste, Ana Triguero, Raúl, Rosa y Jesús Ángel Fernández, quienes entrevistaron a personas de edad del pueblo, Baldomera y Belén Sánchez, Ángeles, Felicia Auñón, Pedro y Juan de Dios. Según los informantes, los vecinos de El Ballestero (los de El Bonillo también) tenían la costumbre de acudir en romería a la antigua ermita de Susaña, costumbre que se fue perdiendo con el tiempo. Al dejar de celebrar el culto, los pueblos acordaron repartirse de modo equitativo los objetos sagrados que contenía el templo.  “A El Bonillo se le adjudicó el santo principal, San Miguel, los bancos, una pequeña sillería del coro y las tres lámparas que colgaban del techo de la ermita. A El Ballestero, dos imágenes de San Pedro y San Pablo, algunos paños, cálices, libros y el altar mayor. San Pablo, fue colocado donde hoy día se encuentra el Sagrado Corazón, a la derecha del altar, y San Pedro fue colocado donde hoy se encuentra el Sagrado Corazón de María, a la izquierda del altar”. Estos santos, según los testigos, fueron destruidos durante la Guerra Civil. Pero, al llegar a la campana hubo disputa y esta, según cuentan, se dirimió de forma pacífica “por un juez de Madrid” mediante un baile de jota manchega entre parejas de danzantes de ambos pueblos, ganando la que mejor y más horas aguantara, que fue la de El Ballestero.

La pareja la componían Francisco Martínez Lorenzo, Franciscorro, y Marta Garví Ortega, la Anacleta (1851-1926). Aquí las fuentes confunden la información que nos dan a continuación, pues añaden que “la Anacleta” junto con Manuel Díaz Carretero (1853-1909), el Petenero, fueron a bailar a la boda del rey Alfonso XIII, que tuvo lugar en 1906. Creemos que se refieren a la boda de Alfonso XII en el año de 1878, fecha más que probable puesto que fue en esta boda cuando tuvo lugar una convocatoria general de tipos del país y bailes regionales que tenemos documentada.

        La boda de Alfonso XII y María de las Mercedes

Que la pareja de El Ballestero ganara el concurso de jota por la campana tuvo varias consecuencias; la principal, la propiedad de la campana, la segunda, que por primera y última vez una pareja de El Ballestero participaría en una boda real. Se trataba del enlace entre Alfonso XII y María de las Mercedes, que eran primos hermanos. Pese al parentesco, contaban con la oposición de Isabel II quien no quería en palacio a la hija de su hermana por haber instigado para destronarla. Pese a este rechazo y el del gobierno, los novios, venciendo todos los obstáculos, se casaron el 23 de enero de 1878. Fue una boda romántica que fascinó al pueblo que inventó coplas y festejó con gran alegría por las engalanadas calles de Madrid.

Para conmemorar este acontecimiento se llevaron a cabo distintos actos religiosos (Tedeum) y civiles (limosnas a los pobres) en todos los pueblos y ciudades de España y se invitó a todas las diputaciones provinciales a que acudieran a la capital con representantes populares vistiendo sus trajes típicos y exhibiendo los bailes locales.  La Diputación de Albacete, en sesión de 15 de diciembre de 1877, encargó al Gobernador Civil que enviara “a la Corte a cierto número de personas de ambos sexos vestidos a la usanza del país para contribuir a solemnizar los festejos reales”. No se conservan los libros de actas de El Ballestero de ese año por lo que no podemos comprobar cómo se organizó esa participación.

Los participantes bailaron ante los reyes en diversos días y lugares, como en la plaza Mayor de Madrid y en el Paseo del Prado. Las parejas de tipos populares fueron fotografiadas por J. Laurent y Cía y esas imágenes fueron presentadas a la Exposición Universal de París de 1878. España participó con una colección de fotografías de tipos populares que, si superficialmente podía ser una curiosidad, desde el punto de vista de la etnología su valor no tiene precio. Parte de esa colección se encuentra en varios museos y es accesible en internet 

        La campana del litigio

Según el relato del periódico Nuevos Pasos la campana que ganaron es la que tiene grabado a San Miguel y se colocó en la cara este de la torre, donde todavía está. Se la denominaba “de gambetas” (curvas) y se tocaba cuando moría un niño de corta edad. Aquí tenemos otro problema con la veracidad del relato, puesto que, en 1782, el cura don Lorenzo Carrascosa ya daba cuenta de la campana traída por los fundadores de la población, que debe ser la misma a la que se refiere la leyenda, quizá porque esta campana es la más antigua (del siglo XV, según la opinión de un experto en arte, Luis Guillermo García-Saúco) y la más llamativa de todas por sus grabados y su belleza. Quizá la ganada en la jota no sea esta, sino otra del mismo tamaño que se encuentra colocada sobre ella y que tiene una fecha grabada posterior, 1758.

        

Fuentes bibliográficas

AYLLÓN GUTIÉRREZ, Carlos: Iglesia rural y sociedad en la Edad Media (Alcaraz y Señorío de Villena). Silex-Instituto de Estudios Albacetenses, 2015

CELDRÁN, Pancracio: Diccionario de topónimos españoles y sus gentilicios. Madrid: Espasa, 2002

FERNÁNDEZ CHILLERÓN, Ramón: (1782-2007), 225 años caminando con el Nazareno. Ayuntamiento: El Bonillo, 2007

FERNÁNDEZ CHILLERÓN, Ramón: El Bonillo: génesis y territorio. Ayuntamiento de El Bonillo, 2026.

GARCÍA SOLANA, Enrique: “Yacimientos arqueológicos de Munera (Albacete) y sus aledaños”. https://ojs.uv.es/index.php/saitabi/article/download/5557/5316 

NUEVOS PASOS. Periódico del colegio público de EGB de El Ballestero, n.º 7, diciembre de 1989

PRETEL MARÍN, Aurelio: “Villazgo de El Bonillo, proceso y consecuencias” en Privilegios de El Bonillo del siglo XVI. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses, 2001

SÁNCHEZ FERRER, José: Antiguas campanas de torre de la provincia de Albacete. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses, 2003

SÁNCHEZ GONZÁLEZ, R.: "El partido de Alcaraz a través de las relaciones del cardenal Lorenzana". En Al-Basit, 28, Albacete, 1991