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miércoles, 27 de diciembre de 2023

Povedilla. Escudos y casas

POVEDILLA. ESCUDOS Y CASAS

Desde su origen la aldea de Povedilla significó para Alcaraz una vasta extensión donde cultivar cereales: trigo, centeno, avena…, recursos de los que carecía la ciudad por su orografía montañosa. Tenía a su favor un río que surtía una vega y hallarse en un cruce de caminos. Una situación estratégica, un paso entre el valle del Guadalmena, el campo de Montiel y las ricas salinas de Pinilla, controlado por una torre de la que se desconoce origen y antigüedad, y que fue mandada destruir en 1466 por Alcaraz, tras las luchas dinástica contra Enrique IV, pero que permaneció medio derruida o con restos de muralla hasta el siglo XX (1). Los naturales la llamaban “castillo”, término, que todavía permanece en la topografía urbana, y, su imagen, en el escudo municipal. Se situaba en un pequeño cerro entre la iglesia y el río. 

Desde la Edad Media Povedilla fue repartida entre grandes señores de Alcaraz como botín de guerra o como recompensa por servicios prestados. Uno de los agraciados fue don Garcí Fernández de Villodre, un notable alcaraceño y hombre de confianza del rey Pedro I. Este se casó con Inés de Villena, descendiente del hijo ilegítimo del infante don Manuel, don Sancho Manuel, emparentados, por tanto, con los reyes de Castilla como Alfonso X, El Sabio y su padre, Fernando III. A través de las cuentas por la herencia de don Garcí, sabemos que, a su hija, doña Elvira, le rendían beneficios, tanto, una casa en la heredad, como “el pan de la Povediella”, lo que indica que la tierra estaba dedicada al trigo (Pretel, 1978, p. 46). Por sucesivos matrimonios emparentaron con los Méndez de Sotomayor, después con los Cabeza de Vaca, y al agotarse la línea sucesoria, en 1716, las tierras recaerían en el pariente que mejor probó su ascendencia, que fue la duquesa de Alba, dueña, entre otros bienes, de la finca de El Palomar (Ayllón, 2017, p. 142). Por eso, en esa finca todavía existe un escudo casi borrado con las armas de los Vaca de Sotomayor y los Manuel.


A la izquierda: representación ideal del escudo con las armas de los Manuel y los Vaca de Sotomayor de Alcaraz que se compone de dos leones en los cuarteles primero y cuarto, y, el en segundo y tercero, la mano alada con espada. En el escusón, las tres fajas jaqueladas de los Sotomayor. En el escudo de la finca de El Palomar se pueden observar estas figuras a pesar de lo borrada que está la piedra. Al timbre, corona de marqués en alusión al marquesado de Melin, propio de don Filiberto Manuel Vaca de Sotomayor, que falleció en Alcaraz en 1716 sin sucesión, por lo que sus bienes pasaron, tras un largo litigio, a la duquesa de Alba. 


Otro linaje de hidalgos de Alcaraz que tuvieron tierras y casa en Povedilla fue el de los González de Llerena o Llerena (Ayllón, 2023, p. 169), en origen Guedeja, con escudo de armas otorgado por el rey Juan II y descrito en la ejecutoria del bachiller Juan de Guedeja de San Clemente de esta forma: "la mitad azul, la mitad dorado y dentro una venera". https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:3Q9M-CS2Z-F9VY-7?i=708&cat=565576

La Compañía de Jesús también fue poseedora de grandes fincas en Povedilla. A través del Catastro de Ensenada sabemos que, aparte de fincas rústicas y dehesas, fueron dueños del molino y de tres casas, quizá por eso una casa sea conocida en la actualidad como la “casa de los curas”.

El municipio de Povedilla siempre fue pobre. Una de las descripciones más ajustada es la del año 1782 y la realizó el cura respondiendo al interrogatorio del cardenal Lorenzana. Este dice que solo hay labradores, no hay manufacturas, ni fábricas, ni ferias, ni mercados ni estudios generales, ni particulares, seminario, colegio, ni casa alguna de recolección y piedad. Con respecto a la torre explica lo siguiente: “conserva un baluarte a quien el vulgo llama castillo, pero según su disposición juzgo que solo era centinela para descubrir las emboscadas que pudieran por la vega de este pueblo introducirse y incotinente, con luz de hachas, dar aviso al castillo de Alcaraz”. Los frutos son los de la agricultura de trigo, cebada, centeno y otras semillas menudas, ascienden a seis mil fanegas (Sánchez, 1991).

Con respecto al patrimonio histórico, cuando Amador de los Ríos realizó el catálogo de bienes de la provincia de Albacete en 1911, destacó muy pocos elementos, uno fue la iglesia de Santa Catalina, compuesta de una sola nave, con coro, pilares cuadrados, un artesonado mudéjar del siglo XVI y una pequeña torre cuadrada. Y, el segundo, los restos de la muralla o torre. No mencionó el gran escudo renacentista, también del siglo XVI, que se encuentra en una casa situada en la calle Altozano, n.º 11, cuya fachada surge sobre piedra toba, construida con mampostería y sillería en las esquinas. Este olvido nos hace pensar que el escudo no existía en aquel momento y que pudo ser colocado después del año 1911. Otro motivo que nos induce a creer que el escudo se desancló de otro edificio, en algún momento, son las dos grietas entre la pieza central y los guerreros que lo sostienen. Además, estos están mancos, los brazos están cortados, mutilación que tiene su justificación por el desmontaje. Otro detalle que nos indica que ha sido trasladado son las cornisas incompletas, una en la base y otra en altura. 

Con respecto al significado del escudo, la serie de TV “Albacete pueblo a pueblo”, lo describió como perteneciente a la orden de Calatrava, pero esta afirmación carece de rigor, porque el símbolo de la citada Orden de caballería es la cruz de Calatrava, que consiste en una cruz griega con los cuatro brazos iguales, de gules y flordelisada y que en el escudo no aparece por ningún lado. Todo lo contrario, el escudo perteneció no a una orden, sino a una persona, a un hidalgo antiguo como lo justifica el yelmo con cinco rejillas y penacho con el que se timbra. Lo podemos definir como un escudo cuartelado. En el primer cuartel vemos una espada con la punta hacia arriba, en los cantones lleva dos veneras, situadas en los flancos opuestos y dos ramas de olivo en los otros cantones. La espada y la rama son símbolos de la Inquisición, los podía utilizar cualquier persona que tuviera un cargo en la citada institución. Con respecto a la venera es el símbolo por excelencia de la orden de Santiago -aunque se representa no como la vemos aquí, sino girada 180°. El segundo cuartel se compone de trece roeles puestos en palo de cuatro y uno en punta. Al no ver el color no podemos afirmar si sería de los Bustamante, un linaje de Alcaraz que usó este distintivo. El tercero, una banda surmontada de un león, figura que también nos remite a Alcaraz, a los Quesada, al igual que el cuarto, nueve flores de lis (algunas tapadas por el león) utilizadas por los Coca de la misma población. Pese a estas evidencias que comentamos, no hemos logrado identificar al poseedor de este escudo, ni de la casa. 




Escudo del siglo XVI sostenido por dos guerreros vestidos a la romana. Las grietas entre el cuerpo central y los tenantes dejan a la vista la falta del antebrazo de ambos, mutilación debida a su posible desmantelamiento de su lugar de origen. 

En el siglo XVIII, según el Catastro de la Ensenada (AHPAB, signatura 3.671) en Povedilla existían trece casas, todas calificadas "de morada", es decir, modestas, frente a las "casas principales" que eran las pertenecientes a personajes destacados, se caracterizaban por su construcción, amplitud, situación, en lugares principales, y elementos decorativos como portadas, balcones y escudos. Tres de las casas de morada pertenecían a varios hacendados de Alcaraz. Estos eran: el marqués de Valdeguerrero, Rafael Sandoval, cuya casa contaba con bajo, alto y principal, el alto es cámara a solo teja, medía 8 x 13 varas y lindaba con casa de Juan Blázquez y con realengo, valor, 8 ducados. Juan Manuel del Corro y Bustamante disponía de otra con cuarto bajo, caballeriza, corral, granero y pajar, lindaba con calle que iba a la iglesia y tierras propias, 3 ducados. Elvira Auñón, era propietaria de la más modesta, una casa con cuarto bajo, caballeriza y pajar, el alto era cámara a solo teja. Medía 6 x 10 varas y lindaba con casas de don Antonio Maldonado y huerto del colegio de la Compañía de Jesús. Estos colegios eran, como su nombre indica, colegios, bien para seglares o para instruir a miembros de la Orden, como un seminario de curas actual.



Puente de la Reina en 1970

Puerta original de la iglesia en 1970. Desaparecida



Reja en dos fotografías distintas, una de 1970, otra actual, destaca el copete con la cruz en el círculo sobre dos palmas

Reja desaparecida de la casa bajo estas imágenes. Destaca en el copete la cruz flordelisada (como la de las órdenes militares de Calatrava y Alcántara, entre otras) y el corazón de Jesús bajo ella.

Casa llamada de los curas con la reja artística que todavía permanece


FUENTES:

- Archivo Histórico Provincial de Albacete: fotografías del fondo Bartolomé Beltrán, signatura 75.782

- Fotografías actuales: David Garrido Martínez

BIBLIOGRAFÍA:

- Amador de los Ríos, Rodrigo (1912): Catálogo de los monumentos históricos de la provincia de Albacete (facsímil del manuscrito, 2005). Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses 

-Ayllón Gutiérrez, Carlos (2017): "El mayorazgo Vaca de Sotomayor. Estrategias familiares en la nobleza alcaraceña". En Historia y Genealogía Nº 7, pp. 127-146.

- Ayllón Gutiérrez, Carlos (2023): "Las salinas de Pinilla (Alcaraz): luchas de poder y conflictos de gestión entre los siglos XIII-XVI". En Albasit, n.º 68, pp. 149-188

- Pretel Marín, Aurelio (1978): Una ciudad castellana en los siglos XIV y XV (Alcaraz 1300-1475). Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses 

- Sánchez Gonzáles, Ramón (1991): "El partido de Alcaraz a través de las relaciones del cardenal Lorenzana". En Albasit, n.º 28, pp. 15-75

-(1) Simón García, José Luis (2011): Castillos y torres de Albacete. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses. 

- Valero de la Rosa, Elvira (2021): Heráldica gentilicia de Alcaraz. Biografía urbana. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses. 


 


jueves, 2 de noviembre de 2023

EL BALLESTERO Y LA CAMPANA QUE COSTÓ UNA JOTA. ¿REALIDAD O LEYENDA?

 

Sí, han leído bien. La campana costó una jota. Así se ponía fin a una disputa entre El Bonillo y El Ballestero para apropiarse de la campana de San Miguel de Susaña, un despoblado que se encuentra a mitad de camino entre ambas poblaciones.

        Un poco de historia. La vinculación de San Miguel de Susaña con El Ballestero

Según la tradición, El Ballestero debe su fundación a los pobladores venidos de San Miguel de Susaña (también denominada Susaña o Susana). Así lo corroboraba, en el año 1782, don Lorenzo Carrascosa y Palomar, cura vicario de la parroquia de El Ballestero, al responder  al interrogatorio conocido como “Relaciones del Cardenal Lorenzana” (documento que responde a un cuestionario enviado a las parroquias del arzobispado de Toledo, con el fin de conocer todos los datos y realidad social de los feligreses), quien atribuye el origen de nuestro pueblo a la llegada de pobladores  provenientes de un lugar situado al Norte, entre El Bonillo y El Ballestero, se trata de Susana o Susaña, lugar que, “debido al estancamiento de sus aguas pantanosas padecía de tercianas o paludismo” -enfermedad muy frecuente en esta época-. Por ello sus moradores se vieron obligados a trasladarse a la villa cercana de El Ballestero trayendo consigo, e instalando en nuestro pueblo, la campana de su Iglesia, cuyo patrón era San Miguel Arcángel. Otra parte de esos vecinos se marcharon a El Bonillo.

Sobre la vinculación de El Ballestero con San Miguel de Susaña, el historiador Carlos Ayllón añade que a finales del siglo XV tanto El Ballestero, como Susaña y Villalgordo contaban con iglesias, estas dos últimas, en declive o casi despobladas. De esta forma Susaña (o San Miguel de Susaña) se ligó a Villalgordo (el cual a su vez también aunaba El Zarzalejo, apenas un naciente cortijillo) y los tres se vincularon a El Ballestero en el siglo XVI.

Sin embargo, San Miguel se volvió a poblar, quizá solamente como caserío con unas pocas familias dedicadas al campo y la ganadería. Así se desprende de un dato que aporta Ramón Fernández Chillerón, quien comenta que todavía existe desde El Bonillo a Susaña la senda de los frailes, un atajo que utilizaban los agustinos para ir a celebrar la misa en la aldea en siglos pasados, antes de que el convento fuera desamortizado en 1822. Por eso en el mapa de la provincia de Albacete de 1846 (el primero de la provincia creada en 1833) aparece San Miguel de Susana como un núcleo de población.

Detalle del mapa de Albacete. Rodeados por círculos rojos tenemos las poblaciones de El Bonillo, Susana y Ballestero. Elaboración propia. Año 1846

Y aquí, en este siglo es cuando podemos datar la leyenda o tradición oral que habla de la campana lograda en un concurso singular, bailando una jota manchega. No he logrado saber qué acontecimiento provoca este suceso. Es cierto que entre El Ballestero y El Bonillo hubo un conflicto por los límites, un pleito que duró más de veinte años, desde 1860 a 1876, por la delimitación de la legua entre las dehesas de Gil de Moya y Mingote, un expediente que se encuentra en el archivo de la Diputación de Albacete, pero en su contenido no se alude a San Miguel de Susaña, si bien, el paraje resulta cercano.

        El origen y el topónimo de San Miguel de Susaña o Susana

Tradicionalmente, el topónimo de Susana o Susaña se vincula con dos palabras, sursum y ana. Sursum, susum en latín vulgar significa hacia ‘arriba’, y ana es un nombre prerromano que significa ‘fuente’ o ‘río’. Efectivamente hubo en San Miguel de Susaña una fuente de agua, disputada por los límites entre El Bonillo y Lezuza y junto al paraje del complejo lacunar de Navalcudia.

Sin embargo, tras el análisis que hace de este Ramón Fernández Chillerón (2026: ) nos inclinamos a validar la teoría que opta por la hipótesis predial hispanorromana: Susiana/Susaña). Posesivo romano sobre el antropónimo Susius + sufijo -ana. Esta segunda propuesta es infinitamente más sólida, metódica y probable por las siguientes razones:

A. Solidez Fonética (leyes de evolución del latín al castellano)

La evolución propuesta cumple impecablemente las leyes del cambio fonético histórico:

  1. Sufijo predial -ana: Era el mecanismo estándar en la toponimia latina para designar la propiedad de una villa (finca/explotación agrícola):


  2. Yod 4ª / Palatalización de /nj/: El grupo latino -ni- ante vocal (como en Susiania o Susiana) palatalizó de forma absolutamente regular en castellano dando el sonido nasal palatal /ɲ/ (representado por la letra ñ):
    • Hispania/España

    • Campiniana/Campiñana

    • Susiana/Susaña

B. Evidencia Epigráfica y Antroponímica
  • Documentación del antropónimo: la propuesta no inventa un nombre ficticio; Susius / Gens Susia es un nomen bien atestiguado en la epigrafía del Hispania romana (Lusitania, Tarraconense).

  • Modelos paralelos: abundan los paralelos regionales documentados (Martiana=Marciana/Marzana, Luciana, Campiñana, Escartana), lo que confirma que era la pauta dominante de nombramiento territorial en la meseta sur y levante.

C. Coherencia Arqueológica y Histórico-Geográfica

  • Presencia de villae y vías: La existencia de restos romanos en la zona y la proximidad a vías de comunicación encajan exactamente con el patrón socioeconómico romano: una villa o fundus articulado en torno al comercio y la explotación agraria, cuyo nombre pervivió tras la caída del Imperio a través de la población local.

San Miguel de Susaña en la actualidad con la pared de su ermita


    
    El paraje de San Miguel conserva todavía restos de construcciones, una pared de su ermita, una construcción semicurcular, llamada “casa redonda”, popularmente atribuida a una posada o venta por su proximidad a una vía romana (de Lezuza a Laminio, Alhambra), la cañada de los Serranos y el camino de Murcia. Según Enrique García Solana hace años se encontró una cueva que contenía muchos objetos, de los que su dueño conservó una sortija y unas monedas romanas de la época imperial y republicana. En sus proximidades se ha instalado un mirador de aves esteparias ya que la zona se ha declarado de especial protección de estos animales. También se observa el nacimiento de una fuente (hoy seca) y un pozo.


El mirador de aves esteparias. Al fondo la pared de la ermita

La leyenda de la campana y la jota

            Las leyendas son relatos de tradición oral que se transmiten de generación en generación, narran hechos relacionados con un lugar, un pueblo, su historia, hechos sobrenaturales... Su base puede ser real, pero se deforma con esa transmisión. Poco importa en las leyendas la coherencia con fechas y veracidad, por eso el relato que trato a continuación, aunque es el único documento con que contamos, lo tomaremos con prudencia y analizaremos sus incongruencias.

En este punto rescatamos un artículo que publicó el periódico escolar de El Ballestero, llamado Nuevos Pasos, en diciembre de 1989, tras una investigación dirigida por el maestro don Ángel Munera, en la que participaron sus alumnos de 8º de EGB, Paquita Rubio y Encarnación Márquez, Sole, Tauste, Ana Triguero, Raúl, Rosa y Jesús Ángel Fernández, quienes entrevistaron a personas de edad del pueblo, Baldomera y Belén Sánchez, Ángeles, Felicia Auñón, Pedro y Juan de Dios. Según los informantes, los vecinos de El Ballestero (los de El Bonillo también) tenían la costumbre de acudir en romería a la antigua ermita de Susaña, costumbre que se fue perdiendo con el tiempo. Al dejar de celebrar el culto, los pueblos acordaron repartirse de modo equitativo los objetos sagrados que contenía el templo.  “A El Bonillo se le adjudicó el santo principal, San Miguel, los bancos, una pequeña sillería del coro y las tres lámparas que colgaban del techo de la ermita. A El Ballestero, dos imágenes de San Pedro y San Pablo, algunos paños, cálices, libros y el altar mayor. San Pablo, fue colocado donde hoy día se encuentra el Sagrado Corazón, a la derecha del altar, y San Pedro fue colocado donde hoy se encuentra el Sagrado Corazón de María, a la izquierda del altar”. Estos santos, según los testigos, fueron destruidos durante la Guerra Civil. Pero, al llegar a la campana hubo disputa y esta, según cuentan, se dirimió de forma pacífica “por un juez de Madrid” mediante un baile de jota manchega entre parejas de danzantes de ambos pueblos, ganando la que mejor y más horas aguantara, que fue la de El Ballestero.

La pareja la componían Francisco Martínez Lorenzo, Franciscorro, y Marta Garví Ortega, la Anacleta (1851-1926). Aquí las fuentes confunden la información que nos dan a continuación, pues añaden que “la Anacleta” junto con Manuel Díaz Carretero (1853-1909), el Petenero, fueron a bailar a la boda del rey Alfonso XIII, que tuvo lugar en 1906. Creemos que se refieren a la boda de Alfonso XII en el año de 1878, fecha más que probable puesto que fue en esta boda cuando tuvo lugar una convocatoria general de tipos del país y bailes regionales que tenemos documentada.

        La boda de Alfonso XII y María de las Mercedes

Que la pareja de El Ballestero ganara el concurso de jota por la campana tuvo varias consecuencias; la principal, la propiedad de la campana, la segunda, que por primera y última vez una pareja de El Ballestero participaría en una boda real. Se trataba del enlace entre Alfonso XII y María de las Mercedes, que eran primos hermanos. Pese al parentesco, contaban con la oposición de Isabel II quien no quería en palacio a la hija de su hermana por haber instigado para destronarla. Pese a este rechazo y el del gobierno, los novios, venciendo todos los obstáculos, se casaron el 23 de enero de 1878. Fue una boda romántica que fascinó al pueblo que inventó coplas y festejó con gran alegría por las engalanadas calles de Madrid.

Para conmemorar este acontecimiento se llevaron a cabo distintos actos religiosos (Tedeum) y civiles (limosnas a los pobres) en todos los pueblos y ciudades de España y se invitó a todas las diputaciones provinciales a que acudieran a la capital con representantes populares vistiendo sus trajes típicos y exhibiendo los bailes locales.  La Diputación de Albacete, en sesión de 15 de diciembre de 1877, encargó al Gobernador Civil que enviara “a la Corte a cierto número de personas de ambos sexos vestidos a la usanza del país para contribuir a solemnizar los festejos reales”. No se conservan los libros de actas de El Ballestero de ese año por lo que no podemos comprobar cómo se organizó esa participación.

Los participantes bailaron ante los reyes en diversos días y lugares, como en la plaza Mayor de Madrid y en el Paseo del Prado. Las parejas de tipos populares fueron fotografiadas por J. Laurent y Cía y esas imágenes fueron presentadas a la Exposición Universal de París de 1878. España participó con una colección de fotografías de tipos populares que, si superficialmente podía ser una curiosidad, desde el punto de vista de la etnología su valor no tiene precio. Parte de esa colección se encuentra en varios museos y es accesible en internet 

        La campana del litigio

Según el relato del periódico Nuevos Pasos la campana que ganaron es la que tiene grabado a San Miguel y se colocó en la cara este de la torre, donde todavía está. Se la denominaba “de gambetas” (curvas) y se tocaba cuando moría un niño de corta edad. Aquí tenemos otro problema con la veracidad del relato, puesto que, en 1782, el cura don Lorenzo Carrascosa ya daba cuenta de la campana traída por los fundadores de la población, que debe ser la misma a la que se refiere la leyenda, quizá porque esta campana es la más antigua (del siglo XV, según la opinión de un experto en arte, Luis Guillermo García-Saúco) y la más llamativa de todas por sus grabados y su belleza. Quizá la ganada en la jota no sea esta, sino otra del mismo tamaño que se encuentra colocada sobre ella y que tiene una fecha grabada posterior, 1758.

        

Fuentes bibliográficas

AYLLÓN GUTIÉRREZ, Carlos: Iglesia rural y sociedad en la Edad Media (Alcaraz y Señorío de Villena). Silex-Instituto de Estudios Albacetenses, 2015

CELDRÁN, Pancracio: Diccionario de topónimos españoles y sus gentilicios. Madrid: Espasa, 2002

FERNÁNDEZ CHILLERÓN, Ramón: (1782-2007), 225 años caminando con el Nazareno. Ayuntamiento: El Bonillo, 2007

FERNÁNDEZ CHILLERÓN, Ramón: El Bonillo: génesis y territorio. Ayuntamiento de El Bonillo, 2026.

GARCÍA SOLANA, Enrique: “Yacimientos arqueológicos de Munera (Albacete) y sus aledaños”. https://ojs.uv.es/index.php/saitabi/article/download/5557/5316 

NUEVOS PASOS. Periódico del colegio público de EGB de El Ballestero, n.º 7, diciembre de 1989

PRETEL MARÍN, Aurelio: “Villazgo de El Bonillo, proceso y consecuencias” en Privilegios de El Bonillo del siglo XVI. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses, 2001

SÁNCHEZ FERRER, José: Antiguas campanas de torre de la provincia de Albacete. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses, 2003

SÁNCHEZ GONZÁLEZ, R.: "El partido de Alcaraz a través de las relaciones del cardenal Lorenzana". En Al-Basit, 28, Albacete, 1991