De la devoción al capital: la Virgen de Los Llanos, el marqués de Salamanca y el choque del siglo XIX
Cada mes de septiembre, miles de personas acuden al recinto ferial de Albacete rindiendo homenaje a su patrona, la Virgen de Los Llanos, que desde mediados del siglo XX se traslada a la capilla del lugar. Sin embargo, detrás de esta vivencia festiva se esconde la historia de un espacio sagrado desaparecido: la ermita del paraje de Los Llanos, lugar donde durante centurias convivieron la fe popular, el nacimiento de la feria moderna y finalmente la irrupción del capitalismo decimonónico.
1780. Croquis de las ermitas de Los Llanos, San Pedro y la venta donde se celebraba la feria. AHN MPD 3315
A raíz de una reciente conferencia sobre los orígenes del edificio ferial, un asistente formuló una pregunta tan sencilla como reveladora: «¿Y no se puede recuperar la ermita?». La cuestión ponía de manifiesto una realidad insólita: la sociedad albaceteña conoce bien la devoción a su patrona, pero apenas guarda memoria del destino final del edificio donde se le rindió culto durante siglos y del proceso histórico y burocrático que provocó su incorporación a la hacienda privada del marqués de Salamanca, reduciéndola a cochera y dependencias auxiliares. Este hecho constituye una de las metáforas más potentes del choque entre el Antiguo Régimen y la modernidad burguesa en la España del siglo XIX.
Un enclave estratégico: fe, territorio y feria (siglos XV-XVIII)
A una legua de Albacete, en un cruce estratégico de caminos y vías pecuarias, la ermita de Los Llanos no era un mero enclave religioso rural. Durante el siglo XV, la delimitación y asentamiento del culto a la Virgen sirvió a la villa de Albacete para legitimar la posesión de un territorio históricamente disputado con la vecina Chinchilla de Montearagón.
1892. Plano cartográfico del paraje de los Llanos enmarcado en el círculo rojo
Con la instalación de los franciscanos descalzos en 1672 el paraje se consolidó como el centro neurálgico de la vida festiva, comercial y espiritual, naciendo una nueva feria, distinta a la medieval. La concesión del privilegio de feria franca a Albacete por Felipe V en 1710 provocó continuos enfrentamientos con los frailes por el control efectivo de la celebración.
El declive y el impacto de la desamortización
El traslado definitivo de la feria al casco urbano en 1783 marcó el inicio del declive del antiguo conjunto de Los Llanos al despojarlo de su centralidad mercantil. La exclaustración de los franciscanos en 1836 y el traslado de la sagrada imagen a la Parroquia de San Juan en 1838 dejaron el templo sin su función primordial. Al suprimirse esta ermita y hospicio, estos bienes de propiedad municipal cayeron en abandono y ruina.
Año 1690. Estampa más antigua conocida de la Virgen de
Los Llanos. Instituto de Estudios Albacetenses
Para 1852, las autoridades municipales descartaron la posibilidad de reedificar la ermita ya que los esfuerzos económicos debían centrarse en las obras de la parroquia de San Juan.
La historiografía tradicional suele recurrir a un pasaje de tintes románticos acontecido en 1854: la llegada apresurada del financiero José de Salamanca y Mayol (futuro marqués de Salamanca), quien en su huida política hacia el levante se refugió entre las ruinas del paraje y prometió reconstruir el santuario. No obstante, la documentación que conserva el Archivo Histórico Provincial revela una pragmática y astuta operación patrimonial. El magnate del ferrocarril y del desarrollo urbano no buscaba restaurar un templo de culto, sino articular una gran finca solariega de recreo.
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Don José de Salamanca y Majol
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En 1858, por medio de sus apoderados, don José de Salamanca adquirió la conocida como casa posada de Los Llanos, un inmueble de propiedad municipal que lindaba directamente con las ruinas del antiguo convento. La finca había sido sacada a subasta dos veces por la comisión de venta de bienes nacionales, quedando ambas licitaciones desiertas debido al deplorable estado de conservación y su nulo rendimiento económico, por lo que el apoderado de Salamanca solicitó la adjudicación directa al Ayuntamiento, quien desde 1855, arrendaba el inmueble a un particular por 2.118 reales al año. Sin embargo, en 1858 se aceptó la propuesta del apoderado del marqués para adjudicársela directamente. Las construcciones medían 1.320 m² y se tasaron en 52.388 reales. En paralelo adquirió a la vecina Chinchilla la antigua ermita de San Pedro, contigua a la de Los Llanos, con su hospicio, un complejo de 5.276,56 m² de planta construida en fábrica de tapial al precio de 105.376 reales de vellón. Salamanca no los pagaría en un único plazo, sino en un censo reservativo al 3% anual por el que abonaría a Albacete un canon de 1.571 reales y a Chinchilla 3.161 reales al año, cantidades ambas insignificantes para su inmensa fortuna. En el caso de Albacete el importe era incluso inferior a la renta que ya percibía del arrendamiento—, lo que evidencia el peso político e influencia del magnate en la gestión del patrimonio público.

1862. Recibo de pago y cancelación del préstamo "gratísimo" de 40.000 reales concedido por el marqués al Ayuntamiento de Albacete para las obras de la Audiencia Territorial
Esta fluida relación entre el financiero e instituciones locales no era casual, sino fruto de una cuidada red de favores y liquidez. Apenas dos meses después de conseguir las fincas de Los Llanos, el 1 de agosto de 1858, José de Salamanca concedió un «préstamo gratísimo» de 40.000 reales al propio Ayuntamiento de Albacete para financiar las atascadas obras de la Audiencia Territorial. Documentos posteriores del Archivo —como la carta de pago otorgada en 1862 por su apoderado Francisco Navarro— confirman la devolución paulatina de este crédito con el 70% de los bienes de propios municipales. Salamanca actuaba así como el gran prestamista de la ciudad, asegurándose el beneplácito institucional para sus proyectos privados a cambio de financiar el equipamiento público de la capital provincial.
La transformación del paisaje: cierre de la finca, alteración de la calzada romana y el ocaso del marqués
Una vez adquirido el control sobre el terreno, el proyecto del Marqués de Salamanca pasó por la unificación del suelo para levantar una finca de recreo privada y un palacete residencial. Este proceso exigió alterar la trama de comunicaciones tradicionales que durante siglos habían utilizado los vecinos de Albacete y Chinchilla. En julio de 1870, el apoderado del marqués inició un expediente de policía urbana ante el consistorio para modificar y ampliar la cerca de la propiedad en la zona denominada de Los Llanos. La propuesta requería invadir e integrar dentro de la hacienda privada un tramo del antiguo camino (calzada romana y cañada) que comunicaba con Chinchilla.
Plano de 1872 que documenta la reducción de la calzada pública y la anexión de 17.286 m2 de ejidos municipales a la hacienda del marqués. AHPAB, signatura 350
A finales del siglo XIX la bancarrota del marqués derivó en la venta de la propiedad a José Aurelio Larios en 1893. De la monumental ermita e instalaciones que alojaron a la devoción original y las primeras ferias francas no han sobrevivido estructuras en pie, salvo la torre primitiva de la ermita de la Virgen de Los Llanos, visible, como faro o guía, desde varios kilómetros a la redonda.
Torre de la primitiva ermita. Es el único elemento que permanece. Fotografía Google Earth
Conclusión: el triunfo de la propiedad privada
Más que un simple olvido o una ruina azarosa, la historia de la ermita de Los Llanos es la crónica del reemplazo de un modelo social por otro. Encarna la transición entre dos concepciones del mundo: el paulatino ocaso del Antiguo Régimen y la consolidación de un orden burgués que, al calor de las desamortizaciones, hizo primar el capital, la propiedad privada y la vida urbana sobre la devoción colectiva y la tradición rural.
La reconversión del espacio sagrado en cochera, establos y cuadras para los carruajes del marqués de Salamanca —e incluso el traslado de la reja artística del altar a la capilla privada de su palacio— plasma de manera casi gráfica cómo lo sagrado y colectivo fue despojado y subordinado a la utilidad mercantil y al lujo individual. El propio traslado de la Feria a la ciudad se convirtió, también, en el mejor ejemplo del triunfo del libre comercio y de la modernidad.
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