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lunes, 17 de noviembre de 2025

 PUENTE DE LA REINA (ALCARAZ)

El puente en los años 70 del pasado siglo

El puente de la Reina se sitúa sobre el río Povedilla, afluente del Guadalmena, en el camino que une Alcaraz con Villanueva de la Fuente.
Aunque algunas páginas Web le otorguen un origen romano, eso no está demostrado. Es cierto que su antigüedad es remota, puesto que ya existía en el año 1440 cuando Villanueva, El Bonillo, Munera y Lezuza fueron entregadas a don Juan Pacheco. Pero el puente tal y como lo conocemos fue reconstruido en el año 1885 por el Ayuntamiento de Alcaraz. Una obra que dirigió el arquitecto de la Diputación Provincial de Albacete, Tomás Rico Valarino.
El puente en la actualidad

Los puentes eran una de las obras que más se estropeaban por las inclemencias del tiempo. Necesitaban un continuo mantenimiento, por ello muy pocos han llegado a nuestros días. El de la Reina había sido reconstruido en 1731 por el maestro alarife alcaraceño, Juan de Coca.
En el año 1885 se encontraba en estado ruinoso, puesto que la acción de las aguas, sobre todo en la época de lluvias continuadas, habían profundizado el cauce del río formando un barranco de cierta importancia, que dejaba al descubierto la cimentación de la construcción. También se había rehundido parte de la bóveda en diferentes sitios y habían desaparecido los pretiles dando lugar a diversos accidentes. El puente era usado especialmente por los ganados que de continuo transitaban por aquel sitio. Al estar inutilizado debían bajar por estrechas rampas en los escarpes de ambas orillas y vadear el río.
1885. Proyecto del arquitecto provincial Tomás Rico Valarino (Archivo Alcaraz)
Se descartó la posibilidad de hacerlo de hierro, porque resultaba caro y de difícil transporte y la madera sería, también, relativamente costosa y exigiría frecuentes gastos de reparación. Por ello se continuó usando la piedra. Fue una obra que comenzó por los cimientos, se usó mortero, mampostería y piedra de sillería en las bóvedas. El presupuesto ascendió a 4379 pesetas con 44 céntimos.
OTROS PUENTES DE ALCARAZ EN EL SIGLO XVIII
El expediente de obras municipales de 1731, que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, describe tantos puentes de piedra, la mayoría desaparecidos hoy, que nos sorprende no solo la cantidad, sino la abundancia de agua que debió de correr por cauces ya secos. Vamos a enumerarlos: el del arroyo que separa el convento de Santa María Magdalena del convento de San Francisco, y el de la calle del Postigo hacia el mismo convento. El de Santa Quiteria. El de la Potrera. El de San Juan. El de los Batanes, que ponía en comunicación los lugares de la sierra. El del Canto. El del río Piojoso, que era muy necesario porque no pasaban por otro lado los carruajes de galeras, calesas y coches. El puente de la Riñuela, sobre el río de Cortes, muy transitado. El puente de El Horcajo para el paso del río o arroyo que había cerca de las casas. El puente de Moya, que estaba arruinado, y que comunicaba los lugares de la sierra porque era el del camino de Murcia. El puente del paso de Vianos, detrás de los molinos de abajo, este por lo ancho que era el río de la Madre, tendría dos ojos. El puente del vado de Garví debía reedificarse donde estuvo. El puente de Reolid. El del Vado de Gorgojí, por ser bastante caudaloso y ser muchas las vertientes que desembocan en él, debiéndolo fabricar con tres ojos como los que tuvo hasta entonces. Además, era muy necesario para el comercio de la Mancha y Andalucía.
Puente de Cortes, llamado en el siglo XVIII de la Riñuela, con dos ojos. Fotografía de principios de siglo XX por Pedro Román. Desapareció a finales del mismo siglo.


Y, ahora, dejo unas preguntas en el aire. ¿Cuántos puentes de los enumerados todavía permanecen? ¿Se deberían catalogar como bienes de interés cultural?
Fuentes:
- Archivo Municipal de Alcaraz, caja 350
- Archivo Histórico Provincial de Albacet
- Archivo Histórico Nacional
- Fotografías actuales David Garrido Martínez

domingo, 2 de noviembre de 2025

 

«EL INDIANO» EN POVEDILLA

Uno de los nombres de parajes rurales que siempre ha despertado mi curiosidad ha sido el de la «casa del Indiano», en el término de Povedilla, aunque muy cerca del de Alcaraz. La finca es muy conocida en toda la comarca, quizás por su situación, cercana a El Palomar, a un arroyo, a una cañada y por los restos arqueológicos de época romana (1). El nombre del indiano nos evoca a esos emigrantes que a finales del siglo XIX o principios del XX partían a América en busca de fortuna. Algunos lo lograban y regresaban a su tierra cargados de riquezas; como muestra de su prosperidad construían auténticos palacios y apoyaban con sus recursos el desarrollo de sus pueblos. Sin embargo, en el caso del indiano de Povedilla, ni era un emigrante, ni era un vecino del pueblo, es más, creo que nunca llegó a poner un pie en estos lares. Nadie recuerda el nombre del Indiano, quizá porque la finca ha ido cambiando de propietarios a lo largo del tiempo: José Elgueta en 1750, Los Baíllo en el siglo XIX y los Flores desde el XX.

El primer registro que conocemos lo proporciona el catastro de Ensenada. En 1750, aparece como propietario don José Elgueta y Vigil, caballero de la Orden de Santiago, vecino de Madrid. Con este mismo nombre, vivió en aquella época un personaje cuya biografía aporta motivos para que fuera apodado «el indiano», ya que su carrera como destacado militar y su fortuna la hizo en América. José Elgueta había nacido en Atienza (Guadalajara) el 18 de agosto de 1692. En 1710 ingresó en el ejército y con poco más de veinte años ya era capitán de la Guardia. Intervino en un buen número de acciones de guerra que sirvieron para su ascenso profesional y acceder a un cargo de corregidor en alguna de las nuevas ciudades chilenas. Lo obtuvo en 1729, siendo destinado a la ciudad de La Concepción. Su primera misión fue reconstruir la ciudad, pues cuando él llegó esta población acababa de padecer un terremoto y un maremoto. Desempeñó también el cargo de gobernador de la provincia.  Se casó con Josefa de Segarra en la década de 1730 y falleció en la de 1750 (2).


¿Qué conexión tiene José Elgueta Vigil con Povedilla o con Alcaraz?

Se trata de un rico propietario y censualista que había prestado al ayuntamiento 51.700 reales, cantidad próxima a los 50.000 que cedió don José Banfi y Parrilla, secretario del Consejo de Indias de S. M., también de Madrid. Este último disponía de todos los bienes del primero, ambos eran ricos hacendados absentistas que recurrían al arrendamiento para obtener recursos de la tierra (3).

Entre sus bienes figuraban la casa de campo llamada del Indiano, distante de Alcaraz legua y media (unos 10 km.), tenía un cuarto bajo principal encamarado, «tilnada», entrada, corral, horno de cocer pan, pajar, caballeriza y un oratorio en uso. Ese «oratorio en uso» era la capilla sacralizada donde fueron enterrados varios miembros de la familia Baíllo en la segunda mitad del siglo XIX, como doña María Baíllo y Chacón, en 1845, y don Francisco de Paula Baíllo y Justiniano, en 1875, entre otros. Parece que fue en ese siglo cuando la casa llegó a su esplendor.

La casa del Indiano hoy

En la actualidad la única casa de campo que tuvo Povedilla está despoblada y el edificio en la ruina. Tan sólo se aprecian algunos lienzos de pared, restos de un palomar, un gran salón con chimenea y lo que parece que fue un patio central al que caían los huecos de las habitaciones de las dos plantas.








Fuentes documentales y bibliográficas

Archivo Histórico Provincial de Albacete. Catastro de Ensenada, caja 3.167.

(1) Sobre la lápida funeraria del siglo II encontrada en Casa del Indiano, la directora del Museo, Blanca Gamo, nos cuenta lo siguiente:

https://fb.watch/D69Flc-mJJ/

(2) https://tgismeravelasco.blogspot.com/2018/06/atienza-memoria-de-los-hermanos-elgueta_22.html

(3). García González, Francisco (2000): Las estrategias de la diferencia: familias y reproducción social en la sierra (Alcaraz, siglo XVIII). Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

 

 

 

Historia de Povedilla (Siglos XIV-XVIII)

INTRODUCCIÓN. LA IMPORTANCIA DE LA TORRE


El elemento vertebrador de Povedilla fue su torre.  Aun desaparecida, su presencia permanece como fantasma en la misma traza urbana. Sin esa torre no se entendería la situación de la iglesia, ni las calles empinadas alrededor del cerro, ni siquiera la falta de una plaza Mayor tradicional, cuadrada o rectangular con espacio suficiente para el desarrollo de la vida pública y privada. La torre aparece dibujada como orientadora del espacio en documentos gráficos, incluso cuando ya había sido demolida, como es el plano de 1846, otros planos topográficos del Instituto Geográfico Estadístico de finales del siglo XIX, y, por supuesto, en su escudo heráldico que recoge por razones históricas el elemento más simbólico que tuvo Povedilla (García-Saúco, 1991: pp. 237-238).

Sobre el origen de la torre, alguna teoría dice que formó parte de una antigua fortificación y alquería andalusí con una útil posición estratégica entre el Campo de Montiel y el valle del Guadalmena (Navarro: p. 220).  Una alquería era un asentamiento de explotación agropecuaria que se situaba en terrazas en las vegas de los ríos, ocupando a veces antiguos asentamientos romanos, próximos a las vías de comunicación y con enlace visual con las fortificaciones (Gallego, 2014: p. 64). No es la única torre en sus contornos, la más cercana sería la de Gorgojí (Alcaraz), la de doña Mayor (Viveros), la de Pinilla (Alcaraz) y la de Villanueva de Alcaraz (hoy de la Fuente), lo que haría factible esa comunicación para control de vías de comunicación. Según Aurelio Pretel la entidad de la fortaleza (de antigüedad ignorada) y la iglesia anexa hacen suponer que Povedilla estuviera poblada de forma permanente desde el repartimiento de Alcaraz en el siglo XIII (2008: p. 85).

En 1466, el concejo de Alcaraz solicitó al rey don Alfonso autorización para derribar la torre de la Povedilla, más un cortijo y torrecilla en Bogarra porque estaban en “deservicio” del rey. Este pidió información previa, dejando la decisión final al criterio del concejo de Alcaraz siempre y cuando se comprobara que era desafecta con la causa real[1]. Este momento histórico se encuadra en el conocido como “conflicto de Castilla” entre don Alfonso que disputó el trono a su medio hermano Enrique IV, desembocando en la farsa de Ávila (1465) y la posterior guerra civil. Alcaraz se había posicionado a favor de don Alfonso, al tiempo que había aumentado la presión fiscal a algunas aldeas como la de Povedilla, por este motivo sus vecinos se habían alzado en armas, haciéndose fuertes en su castillo. Una vez controlada la rebelión por Alcaraz, el corregidor había solicitado al rey la demolición de su fortaleza (Pretel, 1978, p. 135).

¿Se llegó a destruir la torre? Parece que no, o no enteramente, porque en el año 1782, el cura propio don Vicente Arévalo en las respuestas a la información que solicitaba el arzobispo de Toledo, cardenal Lorenzana, decía: “conserva un baluarte a quien el vulgo llama castillo, pero según su disposición juzgo que solo era una centinela para descubrir las emboscadas que pudieran por la Vega de este pueblo introducirse e incontinente con la luz de hachas dar aviso al castillo de Alcaraz” (Sánchez, 1991: p. 65). Los restos de la torre permanecieron hasta el año 1805, cuando en el libro de fábrica parroquial se contabilizaron 240 reales gastados en demoler la torre porque su ruina amenazaba la iglesia, anexa a ella (Jaén, 2020). Sus sillares se debieron reutilizar en otras construcciones, como suele ser habitual. La calle con el nombre de “Castillo” nos indica su camino.

RESTOS ARQUEOLÓGICOS. TESTIGOS DE CULTURAS PASADAS


Alrededor de Povedilla se han encontrado restos de gran valor arqueológico e incluso tesoros, de los que nos avisan los topónimos. Por ejemplo, encontramos en un plano del Instituto Geográfico y Estadístico del año 1887 la “cañada del Tesoro” (su nombre oficial es vereda de los Serranos o cañada a Sierra Morena), situada junto al “pizorrico” y arroyo del Tollo. Cerca de Povedilla, en la aldea de la Canalejuela, se halló un tesoro numismático de época califal (las monedas se fechan entre los años 942 d. C. y 967 d. C.) que se encuentra en el Museo de Albacete (Gamo, 2012), junto al arroyo homónimo se encontraron cerámicas romanas (común y terra sigilata) y un molino que pudieron pertenecer tanto a una casa como a la parte rústica de una hacienda tipo villa” (Sanz, 2015: p. 66). Otro yacimiento es el de la casa del Indiano, junto a la vereda de los serranos y el río Povedilla, donde se encontró una lápida funeraria (siglo II)[2]. También se han encontrado fragmentos de cerámica que parecen revelar la existencia de una villa rústica, surgida al amparo de Mentesa (Villanueva de la Fuente), de la que dista unos 7 km. (Sanz, 2015: p. 67). Cercano a El Palomar existe otro topónimo que remite a los caminos calzados romanos, se trata de la cuesta empedrada, tras pasar el pizorro enfrente de Boquerón[3]. Por último, mencionar los restos de altares funerarios en la era del cerrillo de Merrigal y en el Aza del Tesoro o Fuente del Arca datados por J. M. Abascal en los siglos II o principios del III.

LA EDAD MEDIA EN POVEDILLA. ALDEA DE GRANDES SEÑORES

La etimología

Documento de 1398. En el recuadro se lee: "del pan
de la Povediella"

La forma de denominar a Povedilla en los documentos más antiguos es precediéndola del artículo ‘la’= “la Povedilla” o “la Povediella”, haciendo alusión a un conjunto, en este caso, de vegetación. La palabra, totalmente castellana, denota que la repoblación partía de cero en esta zona. Povedilla es diminutivo de “poveda”, que proviene del latín populus = ‘chopo’, a través de la forma alternativa castellana pobo = ‘álamo blanco’ (Cerdán).


Los grandes señores

Desde sus orígenes perteneció al extenso alfoz de Alcaraz y formaba parte de lo que se conocía como “adegañas” o “aledañas” por la cercanía a la ciudad. Estas se hallaban a un máximo de tres leguas de distancia y dependían de ella. No tenían concejo propio, sino uno o dos regidores nombrados por el corregidor de Alcaraz que tenían entre sus funciones la administración y gobierno de la aldea bajo la dependencia absoluta de la ciudad. Alcaraz les concedía a los pobladores tierras de labor alrededor del núcleo urbano y una o dos dehesas boyales de disfrute mancomunado (García, 1987, p. 45). En el caso de Povedilla, una dehesa, situada al sur, de cabida quinientas fanegas y una suerte pequeña de tierras a cada uno de los pobladores para sobrevivir. Estos se consideraban vecinos de Alcaraz -aunque nunca les alcanzaban las ventajas de aquellos, sino las cargas- pero moradores en Povedilla.

Fue una aldea con grandes recursos agrarios: cereales y dehesas que desde fechas muy remotas fueron repartidas entre nobles y grandes señores de Alcaraz como botín de guerra o como recompensa por servicios prestados. Alfonso X en el año 1256 concedió facultad a los caballeros de Alcaraz para acotar dehesas (Cambronero, 2025). La nobleza desde la Edad Media mostró una preferencia por las rentas de la tierra, desentendiéndose de otros beneficios como la industria, los negocios o la inversión para mejorar rendimientos. Esto será una constante en Povedilla, aldea explotada como “heredad de pan llevar”, término medieval para referirse a los cultivos de trigo, recurso de primera necesidad, fácilmente convertible en dinero. Pero que también va a determinar la pobreza de los jornaleros, agricultores a rento y pequeños ganaderos y con ello su escaso desarrollo como población.

Es precisamente la propiedad de la nobleza sobre la tierra de Alcaraz la que nos proporciona los primeros datos documentales sobre la existencia de Povedilla desde el siglo XIV. Uno de los agraciados por los servicios prestados a los monarcas fue don Garcí Fernández de Villodre, un notable alcaraceño y hombre de confianza del rey Pedro I (“El Cruel”, para sus adversarios, “El Justiciero”, para sus partidarios), que fue asesinado en Montiel por su medio hermano Enrique II, primer rey de la dinastía Trastámara. Garcí fue hecho prisionero en Montiel, pero perdonado y restituido en sus bienes por Enrique II. Es totalmente plausible que el monarca, con el fin de ganarse aliados, propiciara el matrimonio de este con Inés de Villena, descendiente del hijo ilegítimo del infante don Manuel, don Sancho Manuel, ascendiendo socialmente al emparentar con un linaje real. Estos fueron los padres de Catalina, casada con Luis Méndez de Sotomayor, y de Elvira, casada con el caballero don Enrique Cribel (Ayllón, 2002: pp. 10-12). A través de las cuentas por la herencia de don Garcí, sabemos que, a su hija, doña Elvira, en el año 1398 le rendían beneficios, tanto, una casa en la heredad, como “el pan de la Povediella”, lo que indica que la tierra estaba dedicada al trigo[4]. Esta familia, la de los Villodre, fue poseedora de Pinilla, Pozuelo, la heredad de Povedilla y la dehesa de Cardos (Rodríguez, 1987: p.157).

Otro de los nobles destacados fue don Juan Pacheco, hombre de confianza de Enrique IV, quien fue agraciado en el año 1440 con la donación ciertas aldeas que hasta ese momento habían pertenecido a Alcaraz: El Bonillo, Lezuza, Munera y Villanueva. Es precisamente al establecer el término de Villanueva -que pasaba junto con las otras a ser propiedad de Pacheco- cuando nos encontramos con parajes que hoy en día pertenecen o son próximos a Povedilla lo que demuestra la existencia y explotación de estas tierras desde tiempos remotos. Entre los lugares mencionados tenemos: el puente de la Reina, el Palomar y la Cabeza Rubia, que está en la dehesa de Povedilla[5].

Otro linaje de hidalgos de Alcaraz que tuvieron tierras y casa fue el de los González de Llerena o Llerena, a los que les fue incautada por los Reyes Católicos una heredad en Povedilla en el año 1475 por haberse posicionado en contra de estos y a favor del marqués de Villena en la guerra civil castellana, aunque al año siguiente se les restituyeron sus bienes (Pretel, 2002: p. 24).

Gracias a los mayorazgos, los bienes se mantuvieron en las mismas familias hasta la desaparición de esta institución a mitad del siglo XIX. Mientras tanto, los herederos no podían vender, ni enajenar, ni dividir, sólo acrecentarlos para transmitirlos a sus sucesores con el fin de mantener la integridad del patrimonio familiar. De ahí que los descendientes de Garcí Fernández Villodre, tras emparentar con los Méndez de Sotomayor continuaran disfrutando de sus posesiones en Povedilla y Alcaraz. Al agotarse la línea de sucesión en 1716, las tierras recaerían en el pariente que mejor probó su ascendencia, que fue la duquesa de Alba, motivo por el que estos bienes permanecieron adscritos a los duques de Alba hasta que desaparecieron los mayorazgos y pudieron ser vendidos a grandes propietarios a partir del siglo XIX.

LOS JESUITAS EN POVEDILLA

El clero fue otro de los grandes beneficiados, en concreto la Compañía de Jesús fue propietaria en Povedilla de tres casas, un molino, varias huertas y ochocientas fanegas de tierra de gran calidad, la mayoría de regadío al estar próximas al río y la acequia. Sus posesiones fueron una donación recibida de un hidalgo alcaraceño, don Juan Ruíz de Córdoba, regidor perpetuo, que también fundó en Povedilla un Pósito Pío para ayuda de pobres y labradores, estableció una renta de cuarenta ducados para dotar y casar doncellas huérfanas y dinero para misas[6] (Arnaldos)[7].

¿Quién era don Juan Ruiz de Córdoba? Era un hidalgo de profundas convicciones religiosas y admirador de los logros de los jesuitas en Alcaraz desde que estos habían llevado a cabo su primera misión en 1583. Como por distintos motivos, sólo le sobrevivió un hijo natural al que desheredó, pensó que con sus cuantiosos bienes podría fundar un colegio de la Compañía, llevando a cabo la escritura en el año 1617. A pesar de este documento, la creación no fue inmediata, primero tuvieron los jesuitas que litigar contra el hijo desheredado, llegando a un acuerdo con este en 1622, pero la definitiva constitución del Colegio de la Compañía en Alcaraz no se logró hasta 1649, puesto que la obra inicial del convento o colegio fue demolida al no contar en un primer momento con licencia real (Arnaldos).

No podemos precisar la fecha de fundación del Pósito Pío de Povedilla. Las primeras cuentas que hemos visto arrancan del año 1668 y llegan a 1830. En el año 1861, el alcalde, por orden del gobernador, solicitó a la parroquia que le enviara el original de fundación para justificar el patronato del párroco, el derecho que este tenía de nombrar mayordomo y recibir unos honorarios de veintidós reales anuales, pero el original no está en el expediente[8]. En cualquier caso, el pósito pío se logró antes de que el concejo de la aldea creara el pósito municipal, hecho ocurrido en 1755[9] y llegaron a coexistir los dos, aunque en edificios separados, el pío, al ser su patrón el cura, debía estar en la misma cámara de la casa del curato porque es la única casa propiedad de la iglesia, esta según el Catastro de Ensenada de 1753, lindaba con la iglesia parroquial.


La Compañía de Jesús fue disuelta en 1767, sus miembros expulsados y sus bienes confiscados por el Estado. Parte de esas propiedades se vendieron en remates públicos a bajos precios, pero no contamos con documentos de “venta de Temporalidades”, tan solo sabemos que pasaron a manos privadas. Casi un siglo después, en un plano topográfico de 1876 aparece el molino con el nombre de su dueño: don Francisco de Paula Baíllo, el mayor acaparador de terrenos en Povedilla durante la Desamortización.


El molino que fue de los jesuitas en la actualidad, propiedad de Juan Hilario. Conserva el caz, la acequia y parte de la estructura original

EL PÓSITO MUNICIPAL. FRAUDES Y CORRUPTELAS

La palabra ‘pósito’ viene de ‘depósito’ porque entre sus paredes se recogía el cereal, principalmente trigo, para prestarlo con unas condiciones razonables a agricultores, en caso de malas cosechas o carestía, con el objeto de abastecer a la población. No era una institución benéfica sino de crédito, ya que el trigo entregado se debía devolver con unos intereses. También servía para regular los precios del grano y estaban controlados por los ayuntamientos. Los pósitos fueron creados en la Baja Edad Media y perduraron hasta finales del siglo XX. En concreto, fue ley 49/1998, la que supuso su fin al derogar el reglamento de 1955 que los regía. Pocas instituciones han tenido una vida tan larga lo que indica la utilidad social que logró.

De origen medieval, fueron regulados en tiempos de Felipe II mediante una pragmática de 15 de mayo de 1584, disponiendo que su dinero se guardase en un arca con tres llaves y el trigo en un depósito con dos llaves. A partir de 1792 también el depósito del grano debía contar con tres llaves.

En el año 1722 el concejo de Povedilla solicitó licencia al Estado para destinar algunos arbitrios a la fundación del pósito municipal[10], pero no debió obtenerla porque la fecha de fundación oficial fue la de 1755 según consta en el archivo municipal de Alcaraz, donde se conservan también varios expedientes judiciales por fraude cometido por los encargados del pósito. Estas anomalías, a veces denuncias, eran frecuentes, también las sufrió el pósito pío.

El primero de estos juicios es del mes de septiembre 1789; ese año, el concejo había terminado la obra de pósito municipal. Hasta ese momento el trigo se almacenaba en las casas particulares de los depositarios. Al trasladar el cereal desde la casa donde se custodiaba, propiedad de José Martínez Hinarejos, al nuevo edificio, los encargados se percataron de que el montón de trigo de la cámara formaba en el centro una tolva, tras retirarlo, vieron un “bujero”, por lo que procedieron a examinar el piso inferior, donde estaba la cocina, comprobando que en el techo había un boquete, camuflado, por donde caía el trigo cuando hacía los repartos a los labradores. Fue condenado a pagar una multa, restituir las quince fanegas robadas, más otras seis por razón de las creces, es decir, los intereses con los que se devolvía el trigo al pósito[11].

En 1792 se inició otro pleito contra el depositario del pósito saliente, Alejandro Martínez, y el entrante, Juan Blázquez, ya que al tomar posesión del cargo este último, sólo recibió dos de las tres llaves, la tercera dijo el anterior depositario que estaba descompuesta. El intercambio de cargos también conllevaba la entrega de libros de cuentas y peso del cereal. Y, aquí, es cuando se comprobó que faltaban más de veinte fanegas. En el juicio se demostró que las tres llaves funcionaban, que las intercambiaban entre ellos y no se respetaba la presencia de los tres claveros para abrir la puerta. Con respecto al arca donde se guardaban los libros de cuentas, no se utilizaban, pues algunos de los depositarios eran analfabetos y llevaban el control mediante rayas en la pared, que utilizaban el edificio para otros menesteres, como encerrar a algún detenido, y que no permitían que el fiel de fechos (escribano) interviniera en la apertura del pósito, es más, si este acudía, lo despedían diciéndole que “no tenía nada que hacer allí”. El fallo fue una condena general. Dice el auto que: “Todos son culpables por ciegos, mudos, sordos, confiados cada uno en los defectos de los compañeros y todos tienen por qué callar”. La condena recayó sobre los responsables: Alejandro Martínez, Sebastián García Prior, Gabriel Romero y Pedro Pérez, depositario, juez, diputado y fiel de fechos, interventores del pósito de Povedilla. Pagaron cinco ducados cada uno más la restitución del trigo con sus intereses.

Por estos documentos sabemos que el pósito de Povedilla contenía 333 fanegas (14.319 kilos) en 1792, mientras que el pósito de Alcaraz, cuando se creó en 1523 estaba destinado a alojar más de 10.000 fanegas (430.000 kilos)[12].  

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN


Vecindario de Alcaraz y sus aldeas en 1590. En el recuadro rojo figura
Povedilla con 38 vecinos o cabezas de familia, unos 160 habitantes

Hasta el siglo XVIII el recuento de habitantes no se hacía por personas sino por vecino, es decir, el cabeza de familia, por eso para saber su correspondencia con habitantes los historiadores multiplican por 4 o 4,5.  En el censo de Castilla (elaborado entre 1528-1536) se cifran en 34 los vecinos que residían en Povedilla[13]. En 1590, en una relación de vecinos de Alcaraz, las villas y lugares de su partido, Povedilla aparece con 38 vecinos[14]. En 1599 un padrón de la Chancillería de Granada relaciona 43,  39 pecheros, más 4 hidalgos exentos de pagar impuestos: Domingo de Cavala, hidalgo de ejecutoria, Juan Muñoz Godínez, Tomás Noguerol y la viuda María Noguerol.

En el libro vecindario del catastro de la Ensenada aparecen 36 vecinos que declaran los miembros familiares que tienen a su cargo, en total son 118 personas.

En 1762, aparecen 59 vecinos en 53 casas[15]. El cura en 1785 contabiliza 72 vecinos, lo que demuestra un crecimiento demográfico muy alto, añade que anualmente nacían 15 personas y fallecían 4 o 5 (Sánchez, 1991: p. 65). En el año 1830 el cura, don Antonio Callejas, basándose en el libro pascual, donde anotaba nominalmente a todos los vecinos con indicación o no de haber cumplido con los preceptos pascuales de confesión y comunión dice que la población se componía de 122 casas con 427 habitantes incluidos los menores (Jaén, 2020).

LA TRASHUMANCIA

Por el término de Povedilla discurren varias vías pecuarias de gran antigüedad e importancia en otros tiempos, nos referimos a la cañada real de Andalucía, vereda de los serranos o cañada de Sierra Morena y la cañada real de los Serranos o de Extremadura a Cuenca (Ñacle, Velasco, 2001: pp. 33-51). El topónimo “la Loma del Contadero” significa la presencia de la Mesta, porque un contadero era un lugar donde se anotaban las cabezas de ganado para cobrar los impuestos. El ganado trashumante que procedía de lugares lejanos necesitaba pasto en las dehesas y agua en ríos, arroyos, navas, calderones, fuentes e incluso ramblas, de todo estaba bien surtida Povedilla.

1887. Plano del término de Povedilla. En el círculo verde figura la cañada del Tesoro.

POVEDILLA EN EL SIGLO XVIII SEGÚN EL CATASTRO DE ENSENADA

Para conocer la realidad de Povedilla en el siglo XVIII tenemos dos documentos de gran interés, el primero, el catastro de Ensenada, el segundo las Relaciones del cardenal Lorenzana (1782). Comenzaremos por el primero. El catastro de Ensenada es la denominación que se da a la averiguación llevada a cabo en los quince mil lugares que componían la Corona de Castilla con el fin de imponer un nuevo sistema retributivo, una única contribución que fuera más equitativa, racional y justa en la que cada un contribuyera según su riqueza y no estuvieran exentos el clero y la nobleza, un plan demasiado ambicioso que fracasó, a cambio nos quedó la mejor estadística de todos los lugares de Castilla. El nombre de “Ensenada” obedece a que se llevó a cabo bajo el impulso político y dirección de don Zenón de Somodevilla, I Marqués de la Ensenada, Ministro de Hacienda, Guerra-Marina e Indias. La palabra “catastro” significa averiguación o pesquisa.  También se aplica a la forma de llevarla a cabo, porque se realizó desplazándose a los lugares catastrados un grupo de funcionarios que la dirigían. En el sistema de averiguación que se adopta se concede gran importancia al pueblo y su término en cuanto unidad jurisdiccional, cuya riqueza se calcula como la suma de las riquezas individuales de los vecinos, moradores y forasteros con riquezas en él.


En Povedilla se llevó a cabo el 16 de junio de 1753[16]. Los regidores del concejo, Juan García Muñoz y Pedro Martínez Argüello, declaran que los bienes del municipio se componen de un horno de poya, es decir un horno comunal, utilizado por todos los vecinos del pueblo, que se componía de una habitación baja de unos 35 m², que hacía esquina con la casa de Ignacio Parada y la calle del Castillo. Se arrendaba por lo que anualmente percibía el concejo 242 reales. El arrendador cobraba una tarifa a los usuarios, que consistía en cierta cantidad de dinero o de especie, unos panes o parte de la masa que quedaban sobre los poyos; de ahí el nombre de “horno de poya”.

El segundo y más preciado bien era la dehesa que rodeaba la población con quinientas fanegas de apeo, 239 dedicadas a la agricultura entre los vecinos y el resto para pastos, poblada de monte rubio bajo para forraje de ganados, ambos de primera calidad. Se encontraba a dos leguas de Alcaraz y lindaba a levante con el barranco que llaman Sancho, a poniente, con el término de Villanueva de la Fuente, al sur con la dehesa de Matallana y al Norte con el camino que desde dicho lugar va a Villanueva y con el cuarto nuevo. Se arrendaba para invernadero, veranadero y agostadero en pública subasta y percibía el concejo de renta anual 2.200 reales.

Los gastos que tenía el concejo eran los de festividades, servicio ordinario, almotacén, alcabala de hierbas, nombramiento de regidores, predicador de Cuaresma, Santos Lugares, censos a las monjas franciscanas de Alcaraz, situado al fiel de fechos, salario de regidores, salario de mayordomo, bula, veredas que se despachan y otros gastillos menudos que ascendía a 2.200 reales.

El cura del lugar, don Vicente Arévalo, en las respuestas al cardenal Lorenzana enviadas en 1782, añadía que la agricultura de trigo, cebada y otras semillas ascendía a seis mil fanegas poco más o menos, que el pueblo se componía de labradores, no había ni manufacturas, ni fábrica alguna, no ferias, ni mercados, estudios generales o particulares, seminario, colegio ni casa alguna de recolección y piedad (Sánchez, 1991: pp. 64-65).

EL ESPACIO URBANO: EDIFICIOS Y ELEMENTOS ARTÍSTICOS

Con respecto al patrimonio artístico, cuando Amador de los Ríos realizó el catálogo de bienes de la provincia de Albacete en 1911, destacó muy pocos elementos, uno fue la iglesia de Santa Catalina, compuesta de una sola nave, con coro, pilares cuadrados, un artesonado mudéjar del siglo XVI y una pequeña torre cuadrada. Y, el segundo, los restos de la muralla o torre.

No mencionó el gran escudo renacentista, también del siglo XVI, que se encuentra en una casa situada en la calle Altonzano, n.º 11, cuya fachada surge sobre piedra toba, construida con mampostería y sillería en las esquinas. Este olvido nos hace pensar que el escudo no existía en aquel momento y que bien pudo ser colocado después del año 1911. Además, tras estudiar las casas que se describen en el catastro de Ensenada hemos comprobado que las viviendas de Povedilla eran nombradas por sus dueños como “casas de morada”. No hay “casas principales”, como sí que encontramos en Alcaraz. Las casas de morada son modestas y sencillas, acordes con la ocupación de los moradores, que son en su mayoría agricultores. Por eso las casas de Povedilla se componen de cuarto bajo y cámara en el piso superior, donde se guardaban los comestibles para el invierno. Con respecto al interior suelen tener un único cuarto, quizá dos, donde convivía toda a familia. Cuentan, además, con corral, caballerizas, pajar, tinadas y granero. Se declaran solamente en 1752 dieciocho casas, por lo que muchas eran compartidas y se ubican en las calles del Cerro, camino real o calle real, plaza, la que va a la iglesia, calle del castillo, muchas están rodeadas de huertos, ejidos, yecos…lo que demuestra un urbanismo desordenado, pero también nos indican que el pueblo se originó alrededor de la torre y de la iglesia y que, desde allí, conforme aumentaba la población fueron abriéndose nuevos barrios alrededor de ese camino real donde surgió de forma espontánea, en un ensanche, la plaza Mayor.  La población fue bajando desde el cerro hacia el camino mejor comunicado, como ocurrió también en Alcaraz.

EL ESCUDO RENACENTISTA

Otro motivo que nos induce a creer que el escudo se desancló en algún momento son las dos grietas entre el escudo y los guerreros que lo sostienen, además estos están mancos, los brazos están cortados, desperfecto que tiene su justificación por el desmontaje. Otra anomalía son las cornisas incompletas que lo limitan en la base y en altura. Con respecto al significado del escudo, la serie de TV “Albacete pueblo a pueblo”, lo describió como perteneciente a la orden de Calatrava, pero no es cierto, porque el símbolo de la citada Orden de caballería es la cruz de Calatrava, que consiste en una cruz griega con los cuatro brazos iguales, de gules y flordelisada y que en el escudo no aparece por ningún lado.

Cruz de Calatrava, que no aparece 
en el escudo de Povedilla. Un falso
mito.

El escudo perteneció no a una orden, sino a una persona, a un hidalgo antiguo como lo justifica el yelmo con cinco rejillas y penacho con el que se timbra. Se trata de un escudo cuartelado. En el primer cuartel vemos una espada con la punta hacia arriba, en los cantones lleva dos veneras en los flancos opuestos y dos ramas de olivo en los otros cantones. La espada y la rama son símbolos de la Inquisición, los podía utilizar cualquier persona que tuviera un cargo en la citada institución. Con respecto a la venera es el símbolo por excelencia de la orden de Santiago -aunque se representa no como la vemos aquí, sino girada 180°- por lo que descartamos su pertenencia a esta orden, si tenemos en cuenta, además, que la de Santiago se representa con la punta hacia abajo y esta está alzada.


También es cierto que los Llerena de Alcaraz, descendientes de los Guedeja, tenían este símbolo como propio, pero su escudo consistía en una única venera, por lo que también lo descartamos. El segundo cuartel se compone de trece roeles puestos en palo de cuatro y uno en punta. Al no ver el color no podemos afirmar sería de los Bustamante, un linaje de Alcaraz que usó este distintivo. El tercero, una banda surmontada de un león y el cuarto, nueve flores de lis (algunas tapadas por el león) utilizadas por los Coca de Alcaraz. Con los datos que tenemos no podemos determinar a quien perteneció el escudo, pensamos que debió ser traído de otro lugar. Es una pieza magnífica, lamentablemente mal cuidada por las capas de cal que dificultan su vista, y que recuerda los escudos de los palacios ubetenses de Andrés de Vandelvira, sostenidos también por guerreros vestidos a la romana.

GALERÍA DE IMÁGENES
Interior de la iglesia en 1925 (revista Centauro)

Exterior de la iglesia en los años 70




Mapa de 1765 del Campo de Montiel donde aparece Povedilla en su límite


Boletín Oficial de la Provincia del 12 de mayo de 1848 donde se publica esta circular en la que la reina Isabel II acepta la solicitud de Povedilla para segregarse de Alcaraz y establecer ayuntamiento propio.






BIBLIOGRAFÍA

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SÁNCHEZ GONZÁLEZ, R. (1991): El partido de Alcaraz a través de las relaciones del cardenal Lorenzana. En Albasit, n.º 28, pp. 15-75).



[1] AMUAlcaraz. Legajo 106/52.

[2] La directora del Museo de Albacete, Blanca Gamo, explica la importancia del hallazgo en: https://www.facebook.com/watch/?v=655263877187684

[3] Acta del deslinde del término de Alcaraz en su parte con el de Povedilla. 8 de agosto de 1874. En https://centrodedescargas.cnig.es/CentroDescargas/actas-cuadernos-resenas-graficos-lineas-limite. Hoy ese paraje, según mis informantes, se conoce con el nombre de «Diamante».

[4] AHPAB. Planero 1. Carpeta 6. Expediente 29.

[5] AHN, Nobleza, Frías, 51-79.

[6] Las posesiones de don Juan Ruíz de Córdoba eran las siguientes: en Alcaraz, Las casas principales en las que vivía, con otros dos pares contiguas y otros dos pares más, todas en la puerta de Granada, dos tiendas en la lonja, una huerta en el piélago, un herreñal en la Reguera, otra heredad en la Hoz de 100 fanegas con huertas y nogueras y otros bienes raíces, lo demás en censos. Además, otra huerta lindante con el río de la Madre y con la Veintena, un huerto en el puente de Vianos, otra huerta en dicha rivera, otra heredad llamada de Hamete con parte de la dehesa de 400 fanegas de sembradura.

[7] La publicación de Arnaldos la conozco gracias a unas fotocopias que me ha proporcionado David Garrido.

[8] AHDAB, POV24.

[9] AMUAlcaraz, legajo 16, 6.

[10] AHN. CONSEJOS, 35177, Exp.2.

[11] AMUAlcaraz, legajo 23, 9.

[12] AMUAlcaraz, legajo24, 5. Y AHPAB, signatura 4589, 2.

[13] Censo de Castilla, estudiado por Miguel Rodríguez Llopis e Isabel García Díaz.

[14] Archivo General de Simancas. Ver anexo.

[15] AMUAlcaraz, legajo 380, 1. Padrón de vecinos de Alcaraz y sus aldeas 1762-1768.

[16] Este documento se halla en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, pero digitalizado y accesible en: https://www.familysearch.org/es/search/catalog/558567