LA CAPILLA «DE PASAR» DE LA VIRGEN DE LA ENCARNACIÓN (EL BALLESTERO): UN MICRO MUSEO ETNOGRÁFICO
Recientemente se ha incorporado a la iglesia esta capilla domiciliaria que se encontraba en la ermita de Villalgordo, término de El Robledo, pero perteneciente a El Ballestero. La pieza se puede encuadrar en un tipo de imaginería devocional en barro cocido o terracota popular de carácter doméstico muy común en la España tradicional, pero totalmente en desuso en esta época, motivo por el que han desaparecido la gran parte de ellas. Que se haya conservado en su urna original de madera rústica la convierte en un valiosísimo testimonio vivo de la religiosidad popular.
| Capilla «de pasar» de la Virgen de la Encarnación en su urna original de madera con candado |
CLAVES PARA ESTIMAR SU ANTIGÜEDAD
En ausencia de testimonios documentados, son las propias piezas las que revelan su historia. El estudio comparativo de las tallas y la tipología de los exvotos custodiados en la urna nos proporcionan las pistas esenciales para determinar su periodo de factura. Por ello nos vamos a basar en:
- La forma. Estas pequeñas urnas o capillas acristaladas eran piezas itinerantes que pasaban de casa en casa entre los vecinos de un pueblo para recaudar limosnas y/o invocar protección. La caja de madera oscura, rústica pero formal, con la cruz en la base, es la estructura típica que se utilizaba para estos traslados durante los siglos XVIII al XX.
- El diseño general de la Virgen (con un manto rígido de silueta acampanada y una peana bulbosa decorada con volutas) copia a gran escala las grandes tallas del barroco español. Al ser una pieza popular fabricada en barro, las formas se simplifican de forma ingenua y tierna, algo característico de los talleres locales decimonónicos. Al ser de barro se usaban dos moldes, uno para la parte posterior y otro para la delantera que después de formadas se unían para integrarlas. Su pose y tamaño rígido denotan una factura artesanal e histórica.
| Estado de conservación: acumulación de suciedad superficial, repintes en ojos y cejas, hollín de velas y pátina de uso por manipulación. |
- El Niño Jesús. Aunque por dogma la Encarnación no debía llevar niño, las imágenes de pasar domésticas solían representar advocaciones gloriosas que sí portan al Niño, como la Virgen del Rosario, de Cortes, del Carmen... La inclusión del Niño la convierte en una Virgen protectora y patrona, fundiendo la advocación original con la tipología de una Virgen gloriosa con el Niño Jesús en brazos para enfatizar su papel de madre y abogada del pueblo contra enfermedades, plagas y sequías.
- Estado del barro y policromía: La pérdida parcial de la pintura original, los desgastes en las zonas expuestas del manto y la acumulación de suciedad, humo y cera en la peana reafirman que ha tenido un uso devocional continuo durante generaciones. El barro cocido popular de este tipo no solía sobrevivir tantos años si no era precisamente por estar protegido dentro de una hornacina o cristalera.
Recreación hipotética (generada por IA) del estado de la pieza tras una posible restauración de la policromía. Nota: se mantienen las coronas originales de la Virgen y el Niño. |
Las imágenes de pasar eran gestionadas por las hermandades o cofradías de los pueblos, recorrían las casas no solo de Villalgordo, sino también de El Ballestero, como todavía recuerdan algunas personas. Los vecinos introducían medallas, estampas o colgaban pequeños exvotos en la capilla como agradecimiento por favores concedidos o como demanda de protección. La de la de Nuestra Señora de Villalgordo era muy antigua, puesto que un testamento de 1614 ya la cita en las mandas.
MICROMUSEO ETNOGRÁFICO: LOS EXVOTOS Y ELEMENTOS DE LA URNA
Estos pequeños elementos son esenciales para datar la imagen: constituyen la base «arqueológica» que compensa la falta de recuerdos y documentación sobre su antigüedad. Comencemos por las piezas desprendidas de la imagen, halladas dentro de la urna y trasladadas a una caja de conservación permanente.
| Caja de conservación permanente y fundas de polipropileno libre de acido |
Piezas desprendidas:
- Las coronas de la Virgen y del Niño, y el creciente mariano, una media luna situada originalmente sobre la nube, donde aún se conserva el hueco que dejó.
- La corona de la Virgen: está realizada en hojalata troquelada, decorada con purpurina dorada y rellena de cera de abejas para darle solidez al metal blando, de esta forma se fijaba al pincho que sobresale de la cabeza.
| Las coronas de la Virgen y la del Niño, la primera es de hojalata, la segunda de latón. Aunque se trata de metales modestos, cumplían adecuadamente su función ornamental. |
LAS ESTAMPAS
Aparte del valor etnológico, algunas de ellas están fechadas lo que nos permite acercarnos a su datación y a constatar un dato muy importante: la supervivencia de la imagen durante la Guerra Civil. Ya sabemos que muchísima imaginería religiosa desapareció o fue destruida durante la Guerra Civil, caso de la misma imagen de la Virgen de la Encarnación. Que esta pieza conserve recuerdos de 1921 y siga intacta significa que una familia la escondió y la protegió con éxito en su casa durante el conflicto.
La primera estampa fechada es de 1921, eso no quiere decir que sea la más antigua porque la mayoría no contiene ningún dato. La más reciente es un calendario de 1970, lo que indica que esta devoción popular se mantuvo hasta fechas relativamente recientes. Pero por la tipografía manuscrita y por la iconografía de las estampas, las más antiguas pueden ser de finales del siglo XIX.
La postal manuscrita que lleva por dedicatoria «Carlota Moratalla / premio de la Maestra», con caligrafía inglesa, pluma, tinta marrón-sepia y con escritura muy formal muestra el orgullo de la muchacha por haber recibido ese premio de manos de la maestra. Su datación puede situarse en la década de 1910 porque, en la siguiente, los premios de la maestra en El Ballestero ascendieron al propio libro de «Carmencita». En el reverso, presenta una imagen de la Imaculada rodeada por completo de azucenas y lirios blancos, que en la pedagogía católica de principios del siglo XX simbolizaban la pureza, la obediencia y la virtud que las maestras rurales debían inculcar a las niñas en las escuelas femeninas. ¡Esta estampa es un pedazo de la historia de la educación de las mujeres y de nuestro pueblo que merece la pena recordar!
La estampa de San Lorenzo es una litografía con relieve y calados, quizás una de las más antiguas. Los pequeños cromos, que parecen sellos, corresponden a un pliego de aleluyas o devocionario infantil de principios del siglo XX.
LAS MEDALLAS Y EL ANILLO
La mayoría de las medallas son de aluminio, un material barato y ligero, proceso industrializado propio del cambio del siglo XIX al XX. Destacan las de la Virgen de Cortes, de la Encarnación, una de Jumilla y otra de la Santísima Trinidad, en bronce. También encontramos un anillo de latón con piedra azul de pasta de cristal, abalorios y flores de plástico. Estos elementos debieron estar colgados en los clavos del interior de la urna. La más antigua, según un testimonio particular, podría datarse en 1890, fecha de una pieza idéntica de su propiedad.
Las insignias militares alfonsinas en forma de cruz son de latón (c. 1911 - 1927), se adornan con corona real y el escudo de Alfonso XIII. Coinciden con la época del reclutamiento de quintos para las campañas de Marruecos.
| Medallas, cruces militares de la época de Alfonso XIII, anillo de latón y cruz de latón. La mayoría son de la Virgen de Cortes, otra de la Encarnación, otra de la Santísima Trinidad... |
EL AJUAR TEXTIL
La urna contenía dos pares de trajes compuestos de vestido y capa. Uno blanco, el otro carmesí con brocados, lentejuelas y encajes. Junto a la ropa encontramos unos alfileres que debían servir para ajustarla a la imagen.
CONTEXTO HISTÓRICO
La Ermita de Villalgordo es un enclave medieval de la comarca de Alcaraz. El reducido tamaño de caserío —solo cuatro habitantes según el Nomenclátor de 1857— conllevaba que la capilla recorriera otros núcleos de población como El Ballestero. No se conserva libreta ni documentación donde se debía recoger la ruta y personas que la custodiaban de casa en casa.
CONCLUSIÓN
Aunque lejos de las grandes obras de arte y de las joyas de metales nobles, el verdadero tesoro de esta capilla es su incalculable valor etnográfico: el reflejo vivo de la mentalidad, las formas de vida y una devoción popular profundamente en El Ballestero que, gracias a su conjunto de exvotos y documentos, podemos datar con certeza entre finales del siglo XIX y principios del XX.
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