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miércoles, 19 de marzo de 2025

LA IDENTIFICACIÓN DE CUARTELES, CALLES Y CASAS EN ALBACETE

 

LA IDENTIFICACIÓN DE CUARTELES, CALLES Y CASAS EN ALBACETE

El primer padrón en el que aparecen los nombres de calles es del año 1571, se trata de un padrón “a calle hita”, casa a casa, motivo por el que aparecen los nombres de las calles, hasta ese momento los padrones fiscales constituían un listado alfabético de contribuyentes[1]. La división en cuarteles de Albacete, como forma de distribuir la villa con funciones de control, se realizó por primera vez en 1573 tras la llegada de los moriscos. En numerosas villas y ciudades de España estas divisiones venían determinadas por las parroquias, pero en esta villa, como sólo existía la de san Juan, se recurrió a estructurar la población por medio de los trayectos viarios más significativos, que son los que la cruzan en los cuatro puntos cardinales. En 1575 se repitió la fórmula, pero esta vez para realizar un registro de personas que disponían de armas.

Plano de Albacete con la división en cuarteles, usando como ejes los caminos principales, para control de los moriscos, en 1573


Oficialmente la legislación que abordó la división en cuarteles para mantener el orden se atribuye a Felipe III en 1604 o a Carlos III en 1768, que instituyó las figuras de alcalde de cuartel y alcalde de barrio en Madrid con la intención de reforzar la justicia local y tener un mayor control sobre la población. Desde fechas muy tempranas, en concreto en 1745, encontramos en Albacete la figura de los alcaldes de rondas, nombrados por el propio ayuntamiento con la función de mantener el orden y vigilar la población en los cuarteles o distritos en los que se dividía el casco urbano[2].

En 1769, por real cédula de 13 de agosto, la medida se aumentó a las ciudades donde existía Chancillería y Real Audiencia. También dictaba la necesidad de colocar azulejos de numeración: «todas las casas de las referidas Ciudades, inclusas Parroquias, Conventos, Iglesias y lugares píos se numerarán con azulejos, como también las casas de Ayuntamiento, y las de las Chancillerías y Audiencias, sin exceptuar alguna por privilegiada que sea; distinguiéndolas en manzanas, como se ha hecho en Madrid, y a costa de sus dueños»[3]. Esta medida no afectó a Albacete, puesto que la Audiencia se creó en el año 1834. La división en nueve cuarteles la tenemos en 1816, en cada uno de ellos se nombraban dos personas como alcaldes de barrio (primero y segundo) que tenían como misión cuidar el buen orden, policía y buen gobierno de sus vecinos[4]. Estas demarcaciones resultaban de gran utilidad para cobro de los impuestos, por ejemplo, en 1834, existían tres cuarteles: del Carmen, San José y San Agustín[5]. En la sesión municipal de 8 de octubre de 1835 se crea la división de cuarteles y diputaciones del campo según el artículo 44 del Real Decreto, de 23 de julio último, que distribuía la población en los dos barrios conocidos como el de la Cuesta, desde el río Piojo hasta arriba y desde el Río piojo para abajo con sus respectivos arrabales y anejos[6].

La poca eficiencia de esos dos cuarteles por la extensión del casco urbano y extramuros provocó que el día 16 de octubre del mismo año estos aumentaran a seis (que llevarían el nombre de espacios religiosos): San Francisco, San Juan, San Agustín, la Cruz de Agraz, San José y Santa Quiteria[7]. El 19 de octubre del mismo año se da cuenta de la inoperancia de la distribución de los cuarteles o barrios por no haberse encontrado la documentación en que se halla fundada y por la confusión que produce la inexactitud, por ello, se encuentra paralizado el nuevo alistamiento general. Para solucionar el problema administrativo y gubernativo, se acordó que esta capital se dividiera en cuatro cuarteles o barrios, impuestos por la propia naturaleza de los caminos principales, que, como un eje de coordenadas, desde su fundación, cruzaba Albacete en dirección este-oeste y norte sur.

Estos cuarteles permanecerán en el tiempo con los nombres de San Francisco, que comprenderá toda la población y vecindario de la derecha, entrando desde el portazgo por la calle de San Francisco, siguiendo la calle de Zapateros, plaza y calle Mayor hasta el río Piojo y callejón de los toros con sus huertas y anejos. El de San Juan que comprende toda la población y vecindario a la izquierda principiando por la segunda calle de San Francisco hasta la esquina de la casa de don Juan José Agraz en la calle Mayor y siguiendo el río Piojo hasta la huerta llamada de Julián, con sus huertos y anejos respectivos. El de san Agustín, que principiará desde la esquina a la casa de Juárez, que hoy habita don Manuel Nievas y seguirá por la calle Mayor, continua la plazuela de don Pablo, y calle del Cid hasta la huerta de Marzo, y por la parte de abajo el río Piojo hasta la huerta de Julián, con los huertos y anejos correspondientes y el de san José que principiará desde la casa que habitan los hijos de Juárez en la calle Mayor, siguiendo esta por la «Cuestecica», plazuela de las Carretas y calle del Cid con todo lo de la derecha y por la parte de abajo el río Piojo y callejón de los toros con las huertas y anejos de la izquierda de dicho callejón. Al frente de cada cuartel se nombró un teniente, que se debía dedicar especialmente a la formación del alistamiento general y en especial a rondar de noche y para mantener el orden y la tranquilidad pública auxiliándose de los habitantes honrados y pacíficos de sus respectivos barrios, y, vigilando la conducta de los sospechosos y desafectos a la reina[8]. En la misma sesión se les encomienda averiguar los forasteros que había en Albacete desde 1823, sus conductas y oficios. Como vemos esta división en cuarteles de Albacete se centra en funciones de policía y control de la población, pero serán de gran utilidad a la hora de elaborar padrones municipales y su exportación para el censo general de España que desde el de Godoy en 1797 no se había actualizado.

LA ESTADÍSTICA GENERAL DEL REINO

La rotulación de calles en Albacete debió ser muy antigua porque en un acuerdo plenario de 25 de enero de 1854 el oficial boletero o aposentador de soldados manifestó que por lo antiguo del padrón de turnos para dicho servicio, la frecuencia con que mudan de casa algunos vecinos, el haber fallecido otros, haberlos también nuevos y estar borrada en gran parte la numeración de las casas se dificulta extraordinariamente la distribución de alojamientos, poniendo en conocimiento de la corporación este hecho para formar un nuevo padrón y lo demás que considere[9]. Para solucionar en parte este problema, se cambiaron los nombres de algunas calles y se renovó (todo con azulejos) la nomenclatura de estas, la numeración de edificios y la división en cuarteles; operación que parece no fue suficiente, aunque se compraron azulejos a la fábrica de Mariano Royo y Aznar de Valencia[10].

Estos trabajos se retomaron en 1859 para dar cumplimiento a la circular de 10 de enero de 1859, por la que la Comisión de Estadística ordenaba “dividir por cuarteles el territorio municipal de esta capital y colocar los azulejos correspondientes”, incluyendo también El Salobral y Pozo Cañada. Esta operación será extensiva desde 1860 a todas las aldeas del término. El campo no se dividirá en cuarteles, sino en diez demarcaciones[11]. Todas estas operaciones estaban en relación con el Nomenclátor, realizado desde 1858, que es una operación que contiene la relación detallada de las entidades y núcleos de población existentes a 1 de enero en cada municipio, ordenando a los alcaldes que en el plazo de dos meses procedieran a completar los nombres de las calles, allí donde no tengan, a fijar los números de las casas donde no los hubiera y a verificar o rectificar los existentes, según el sistema de impares a la izquierda y pares a la derecha «partiendo del centro de la población a su circunferencia». Estas medidas tenían como fin paliar las dificultades que se habían detectado al realizar en 1857 el censo general[12].

1859. La comisión de Estadística instruye al ayuntamiento de Albacete para formar un presupuesto adicional para la compra de azulejos de calles y números de casas. AHPAB, signatura 299, 2. 



Una Real Orden de 24 de febrero de 1860 estableció reglas muy concretas para realizar estas tareas de forma homogénea en todo el país: el rótulo de nombres de calles y de números de casas, se realizarán en azulejos blancos con letras o números en azul cobalto[13]. En la entrada a las poblaciones era obligatorio colocar un cartel en el que se especificara el nombre de la localidad, si era capital de provincia, el nombre de esta; si era cabeza de partido, el nombre de la provincia, y si es población menor, el nombre del partido y de la provincia. Las «lápidas» de las calles y las de los números de las casas, edificios o viviendas serán de azulejos, cuando no pueda emplearse otra materia más duradera. Estas serían costeadas por los ayuntamientos, y los números de las casas por los vecinos. También se obligaba a rotular los edificios oficiales o de uso público y remitir a los gobernadores un resumen con el nombre de calles y plazas, números de edificios y de habitantes cada cinco años coincidiendo con la renovación del censo de población[14].


1859. Presupuesto de los precios de azulejos ofrecidos por la fábrica valenciana de R. González Valls. AHPAB, signatura 299, 2.

Albacete comenzó diligentemente en 1859 a rectificar y completar el Nomenclátor, a instalar la rotulación de calles y numeración de edificios públicos de la capital y de los diez distritos rurales del término, aunque por lo extenso de este se dilató hasta 1866 cuando se encargaron los azulejos de cerámica a la empresa valenciana de R. González Valls; gracias al presupuesto sabemos cómo fueron esas piezas de las que tan sólo queda una de ellas, la de la manzana nº. 21, del distrito de San Francisco, que se conserva en el Museo Provincial y que proviene del derribo de una casa al principio de la calle Zapateros. Los azulejos de calles y números en el centro urbano serían de color negro sobre fondo blanco, y los de las aldeas del término municipal, blanco con letras en azul cobalto. Cada lápida (así la llaman ellos) de entrada a la ciudad contaría con tres rótulos con el nombre de la provincia, el del partido judicial y el de la población, de 15 ½ pulgadas de largo por 12 de altura y seis libras de peso, costarían 15 reales. Cada lápida para calles de igual magnitud y peso con el rótulo del nombre de ellas, 14 reales. Cada plancheta con número que diga (v. g.) primer cuartel, 1ª manzana, debiendo ser de estas cuatro para cada manzana por tener cuatro fachadas, de 11 pulgadas de largo por 8 de altura y de tres libras de peso a 5 reales, 50. Cada plancheta de igual magnitud y peso para aldeas y establecimientos públicos, a 5 reales, 25; y así sigue con los números, con respecto a los materiales sólo especifica barniz fino de primera clase, relaciona el gasto de los portes desde Valencia, la forma de embalaje, etc.

Azulejo del cuartel de San Francisco, manzana nº 21, tal y como estipulaba la orden de 1860: fondo blanco y letras en negro con medidas de 11 pulgadas de largo por 8 de ancho y tres libras de peso. Año 1865. Comprado a la fábrica valenciana de R. González Valls. Museo de Albacete


En el círculo rojo se observa el lugar donde estaba colocado el azulejo

En 1864 desde la Junta General de Estadística se urgió al ayuntamiento de Albacete a terminar los trabajos de numeración y rotulación por encontrase la capital bastante atrasada. Se adjuntaba un cuestionario con nueve preguntas para determinar el grado de cumplimiento de la real orden de 24 de febrero de 1860 y lo prescrito en varias circulares de 1861, pero el documento cumplimentado se debió enviar a la junta de Estadística, quedando en el archivo tan solo el formulario.

 



[1] AHPAB 4.546, 1. Padrón de los quinientos ducados de censo que se pagaban a Manuel de la Mota, vecino de Chinchilla.

[2] AHPAB 4.526, 1.

[3] Franco Polo, N. (2015): Los azulejos de nombres de calles y numeraciones de casas de Cáceres fabricados en el siglo XVIII. NORBA. Revista de Artes, vol XXXV, p. 93.

[4] AHPAB. Signatura 410, expediente 22. Bando de la alcaldía.

[5] AHPAB, signatura 204. Se conserva un padrón general de 1838 de los moradores en el barrio de San Juan.

[6] AHPAB, signatura 97. Esta es la división que se hizo en 1767 para la apertura de la iglesia de la Concepción, clausurada por la expulsión de la Compañía.

[7] AHPAB, signatura 97.

[8] AHPAB, signatura 97.

[9] AHPAB, signatura 99.

[10] AHPAB, signatura 357, expediente 27.

[11] AHPAB, signatura 299, expediente 2.

[13] AHPAB. Signatura 357, expediente 27.

[14] IZU BELLOS, M. J. ( ): La toponimia urbana en el Derecho Español. En

https://dialnet.unirioja.es [consulta 29/01/2025]. Sin embargo, por Real Decreto de 30 de noviembre de 1864, ante la imposibilidad de realizar el de 1865, se dispuso que se hiciera cada diez años a partir de 1870. La inestabilidad política no permitió abordar el nuevo censo hasta 1877.


LOS PREDICADORES DE CUARESMA DE CHINCHILLA (SIGLOS XVI-XVIII)

 

LOS PREDICADORES DE CUARESMA EN CHINCHILLA (SIGLOS XVI-XVIII)

 El miércoles de ceniza limita y separa dos fiestas contrapuestas, atrás queda don Carnal; en los siguientes cuarenta días se vive el triunfo de doña Cuaresma, de esta forma alegórica retrataba el Arcipreste de Hita allá por 1330 la lucha entre fuerzas antagónicas, de una parte los placeres terrenales, basados en la tradición pagana greco-romana, y, en el otro extremo, el recogimiento, la reflexión, el ayuno y el arrepentimiento de los pecados  basado en la tradición cristiana.

Ese miércoles, movible en el calendario, comenzaba desde la Edad Media en todos los lugares de España la predicación de Cuaresma. Era y es tiempo de arrepentimiento de los pecados ante la inminencia de la muerte, expresada claramente en el Viernes Santo, y de preparación para la gran fiesta de Pascua. El gozo de la Resurrección sólo sería posible con el arrepentimiento de los pecados.

La preparación espiritual del pueblo en fecha tan señalada corría por cuenta de personas instruidas en teología como frailes, sacerdotes e incluso maestros y preceptores de gramática, caso de Albacete. Muchos de los predicadores acudían a las ciudades y villas para reforzar la práctica de la penitencia y purificación de las faltas cometidas. Por medio de conmovedores sermones los oradores sacudían  las conciencias, fustigaban vicios y mantenían el fervor religioso al tiempo que conseguían que el pueblo cumpliera con el precepto de la confesión, por lo menos una vez al año.


San Bernardino de Siena predicando. F. de Goya

Chinchilla no necesitaba la contratación de orador ya que la Orden de los predicadores, o de Santo Domingo, residía en la ciudad desde tiempos muy remotos. La tradición arrancaba de los primeros años del siglo XV, cuando fray Vicente Ferrer, entre 1410 y 1411, había realizado el itinerario por los territorios de la Corona de Aragón y el reino de Castilla, esta misión lo llevó a Chinchilla, allí apareció el 25 de abril, día de San Marcos, donde permaneció hasta el 9 de mayo, acogido en el convento de San Juan (1). En los siglos siguientes continuará esta orden impartiendo doctrina en Cuaresma. En 1714 se encomendó la responsabilidad de su cumplimiento al prior de Santo Domingo, con la precaución de que en caso de imposibilidad, tuviera poder el regidor perpetuo, don Feliciano Moreno Benítez, para buscar predicador de su satisfacción con la limosna acostumbrada.

Convento de Santo Domingo de Chinchilla

Las predicaciones de Cuaresma tomaron relieve tras el Concilio de Trento (1545-1563) donde  cobra especial valor la palabra. El sermón se convierte en el medio para canalizar el proyecto de reforma moral, que comprendía la instrucción correcta del bajo clero y una vigilancia más estricta de las costumbres y comportamientos de los fieles. La predicación se hace necesaria con más frecuencia, al menos todos los domingos y los días de fiestas solemnes, sin desatender los tiempos santos como la Cuaresma, momento en que la predicación se volvía más necesaria (2).

Por ello desde el siglo XVI vamos a encontrar documentos que nos muestran como los concejos asumen los gastos espirituales de los vecinos en épocas especiales del año litúrgico, como la Cuaresma, de ahí que sufraguen los salarios de los predicadores. En el libro de Cuentas de Chinchilla del año 1574 se recoge el pago de 12.000 maravedís a Fray Diego de Mendoza, presentador y prior del convento de Santo Domingo, por los sermones que predicó la Cuaresma del año 1573.

Los sermones de cuaresma eran muy apreciados por las autoridades tanto religiosas como civiles, no es extraño que ante un gran predicador los ayuntamientos, a iniciativa propia, remunerasen extraordinariamente al orador. Especial mención merece la predicación del padre Cristóbal Sanz conventual del convento de San Juan Bautista de esta ciudad, de la orden de Santo Domingo, cuya doctrina de Cuaresma había llevado al concejo el 26 de marzo de 1637 a solicitar al “padre provincial tenga por bien de conservarlo en esta ciudad para el dicho efecto”. La misma satisfacción se produce al año siguiente, en 1638, pues también se solicita que el padre fray Cristóbal Sanz permanezca en el convento chinchillano. Igual consideración obtuvo en Albacete el maestro y predicador en 1575 a quien el concejo remuneró con diez ducados por su buena doctrina, no llegó a los doce, que tenía acostumbrados de salario, porque el concejo calculó que las limosnas y regalos de particulares habían sido tan generosos que se podía equilibrar el balance disminuyendo el estipendio municipal.

Es cierto que la religiosidad popular en Chinchilla siempre gozó de gran fervor, por ello corrían por cuenta del concejo no sólo las predicaciones de Cuaresma sino las limosnas en festividades como Nuestra Señora del Rosario, la Candelaria, el día de la Cruz de Mayo, San Juan de Mayo, y, como no, la fiesta por excelencia, la del Santísimo Sacramento, en cuya celebración los chinchillanos derrochaban ingenio. En 1573, por ejemplo, además de procesiones y misas acostumbradas se pagaron las representaciones teatralizadas y musicales que compuso el maestro de capilla. Hubo también danzas y música de trompetas, dulzainas y tamborino que dirigió el morisco Juan Carrasco, además de cohetes y fuegos artificiales.

BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN

 

(1). Ayllón, Carlos: La Orden de Predicadores en el Sureste de Castilla, 2002

(2). García Garrido, Águeda: “Predicación de cuaresma y espiritualidad en la España Moderna (siglo XVII)”, 2014

Archivo Histórico Provincial, signaturas 4.484, 2; 16; 4.487, 1; 4508; 4484, 2