Investigaciones históricas basadas en documentación original sobre el patrimonio, la heráldica y la historia de Albacete y su provincia.
Buscar este blog
martes, 8 de septiembre de 2026
lunes, 25 de agosto de 2025
EL VÍNCULO DE LA CASA DE LOS FERNÁNDEZ CANTOS (1725-2025). 300 AÑOS DE HISTORIA
El VÍNCULO DE LA
CASA DE LOS FERNÁNDEZ CANTOS (1725-2025). 300 AÑOS DE HISTORIA
El escaso patrimonio urbano conservado en Albacete justifica más que sobradamente que hoy hablemos de una de las dos casas anteriores al siglo XVIII que se han conservado. Nos referimos a la conocida como «Casa Perona» o «Casa Carcelén», por los apellidos de sus últimos dueños.
Se cumplen,
además, trescientos años desde la fundación de un vínculo y mayorazgo que
incluía este inmueble, lo que nos ha permitido rastrear su historia y
determinar que el nombre exacto que le corresponde es el de casa de los
Fernández Cantos.
No es extraño
que se sitúe en la calle de la Feria ya que siempre fue una de las más transitadas.
La razón es que el camino real al pasar por Albacete tenía varios accesos, uno
de ellos lo hacía a través de su itinerario.
Por ese motivo las
visitas reales tales como la de Carlos III en 1731, o la de su hija, la infanta
María Luisa, en 1765, hicieron su entrada por esta calle que se engalanaba, se
empedraba e iluminaba para agasajar a la Corte.
En esta calle vivían los personajes más ilustres, ricos e influyentes, por ello en los alistamientos de viviendas para acomodar a los reyes cuando transitaban por Albacete, la calle con más casas de primera categoría era la de la Feria. La de don Juan Fernández Cantos, que es la que nos ocupa, en 1765, tenía disponibles tres habitaciones con tres camas, diez pesebres y un parador de carros, por lo que parte del séquito de la infanta María Luisa se alojó en ella. No sería la única ocasión, según Alberto Mateos, el 22 de agosto de 1812 se alojó en ella el rey intruso José Bonaparte, huyendo de Madrid a Valencia. También la visitó Isabel II, quien sólo paró para almorzar y no pernoctar como se dice, el 10 de septiembre de 1860, camino de Alicante.
![]() |
| Oficio comunicando que Isabel II se detendría en la casa de don Miguel Fernández Cantos para almorzar el 10 de septiembre de 1860 |
Pero no sólo
acogió a personalidades, sino también a instituciones, como fue el caso de la
Audiencia Territorial. Según Roa Erostarbe, en 1834, sirvió de sede para
instalar provisionalmente el Alto Tribunal, mientras se formaban los planos del
proyecto. Su dueño, don Miguel Fernández Cantos Carcelén, la desocupó con este
objeto y la cedió gustoso a este fin.
El inmueble formaba parte de un vínculo creado en el testamento de don Juan Fernández Cortés Cantos el 30 de diciembre de 1725. El motivo para testar no fue la cercanía de la muerte -pues él fallecería en 1734- sino asegurar unos bienes, que, en caso de que él falleciera, permitieran finalizar los estudios eclesiásticos a su hijo don Antonio, que aspiraba a ordenarse sacerdote, una carrera de la que su padre, que era familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Murcia, se sentía muy orgulloso pues suponía prestigio para el linaje y apoyo espiritual para la familia.
![]() |
1. Testamento
y fundación del vínculo sobre la casa de la calle de la Feria de don Juan
Fernández Cortés Cantos el día 30 de diciembre de 1725
1. Sótano
con bóveda de cañón rebajado y ventanas con lunetos en el sótano dónde se
guardaban 24 tinajas.
Don Juan era un personaje de alta alcurnia, hijo de Juan Fernández Felipe Cortés y de doña Mariana de Anguix y Argüello, y nieto de Juan Fernández Cantos, hidalgos, ricos propietarios de tierras, ganados, y habitualmente regidores y otros cargos del concejo. Su esposa, doña María de Cantos Barnuevo, no se quedaba atrás pues pertenecía al linaje de los Cantos, el más importante de Albacete. ¡Y qué decir de los Barnuevo, emparentados con la más rancia hidalguía de Chinchilla!
![]() |
| Calle de la Feria en un desfile en los años 50 pasando por delante de la casa |
1. Certificación
de la contribución urbana del año 1881 sobre la casa de don Juan, que ya había
sido heredada por Anunciación Fernández Cortés, esposa de don Joaquín Velasco,
quien figura como propietario.
Es a raíz de esta fecha cuando el edificio sufrió sus últimas reformas, se alquiló y, parte de él, se explotó como churrería, según nos muestran las fotografías antiguas. A finales del siglo XX la casa se encontraba en un lamentable estado de abandono, por lo que fue adquirida por las Cortes de Castilla La-Mancha para albergar la institución del Defensor del Pueblo, creada en mayo de 2002. El 19 de octubre de 2005 se inauguró, siendo presidente de Castilla La-Mancha don José María Barreda Fontes. El edificio fue adaptado a su destino como oficinas de la administración pública, hoy, Delegación de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha.
Fotografía
de los años 70 en la que se observa la casa y la churrería de la esquina |
LA CASA Y LOS ESCUDOS
¿Cuáles son los
elementos más antiguos que conserva esta casa?
Como ya hemos
mencionado, los escudos se colocaron alrededor de 1709, por lo que la portada
es el elemento más remoto, aunque la casa existía desde tiempo atrás. Según la
descripción que hace su dueño en 1725, hasta nosotros ha llegado el sótano y
cueva donde se alojaban 24 tinajas con capacidad para 1.000 arrobas (de vino).
La casa ha reducido su planta considerablemente, puesto que tenía salida a la
calle Albarderos. En la certificación de la contribución urbana de 1881 consta
que tenía dos plantas, sótano, cuadras, cochera, jardín, cocedor, granero, noria
y descubiertos. El edificio tenía 1.424 m. y el jardín 620 m.
Caja
de la escalera y cúpula con linterna que da luz a todas las plantas. Finales
del siglo XVIII. |
Del último
cuarto del siglo XVIII, fecha en que data su construcción Luis Guillermo
García-Saúco, se conserva la escalera alojada en la caja rectangular, sobre la
que culmina el tambor con trompas aveneradas que dan paso a la cúpula con
linterna con luz para todas las plantas. En exterior la cúpula está revestida
de tejas vidriadas en azul y costillas en blanco de inspiración levantina y
permitiría su identificación desde la lejanía cuando las casas eran de escasa
altura.
![]() |
1. Fotografía
de la calle de la Feria en la que se observa al final la cúpula de la casa de
los Fernández Cantos al no existir viviendas de gran altura. Principios del
siglo XX |
De la segunda
mitad del siglo XIX se conserva el zaguán con puerta que lo une al resto de la casa,
en cuyo altillo figuran las iniciales FMC, acrónimo de Miguel Fernández Cantos.
La M está colocada en el centro por estética.
1. Altillo
de la puerta del zaguán con las iniciales FMC, que corresponden a Miguel
Fernández Cantos (aparecen desordenadas por estética). Segunda mitad del siglo
XIX |
Por último, las
yeserías en los techos y puertas de la planta noble, de estilo neo renacentista,
corresponden a los años 20-30.

Habitaciones de la planta primera adaptadas para oficinas con yeserías en techo y umbrales de los años 20-30 del pasado siglo.
ANÁLISIS DE LOS
ESCUDOS
Los escudos pertenecieron
al matrimonio de los titulares, Don Juan Fernández Cantos (o Cortés Cantos, de
ambas formas se denomina) y doña María de Cantos Barnuevo, por eso los yelmos
se miran entre sí, como suele suceder en los escudos acolados de las parejas,
aunque la colocación siniestrada del de la izquierda esté en contradicción con
los principios heráldicos, que indicaría, en otro caso, bastardía.
1. Portada
principal con los escudos de la hidalguía reconocida a don Juan en 1709. |
1. Escudo
cuartelado con los apellidos de los antepasados más ilustres de don Juan:
Fernández, Felipe, Benítez y Cortés (tomados del diccionario de heráldica de
Mogrobejo) |
1. Escudo
fusionado de Barnuevo o Barrionuevo y Cantos (proceden de ejecutorias de
hidalguía) |
En conclusión,
la importancia del inmueble merece que se respete su historia y se denomine de
aquí en adelante casa de los Fernández Cantos.
![]() |
Cúpula
levantina con tejas vidriadas en azul y costillas blancas |
martes, 8 de julio de 2025
LA TOMA DE POSESIÓN DE LA VILLA DE ALBACETE POR PARTE DE LA EMPERATRIZ ISABEL
![]() |
| Retrato de Isabel de Portugal por Tiziano. Museo del Prado |
El día 15 de abril de 1526 el emperador Carlos V comunicó que la villa le había sido otorgada como dote a su esposa con todos los derechos inherentes a tal señorío. El acta de toma de posesión, por medio de un representante, tuvo lugar el día 7 de junio de ese año, cuando Isabel todavía se encontraba en Granada disfrutando de su luna de miel junto al emperador (1). El acto ceremonial y protocolario está cargado de simbolismo (2), de signos visibles del poder regio como vehículos de propaganda ideológica que merecen la pena comentar porque ponen de manifiesto el cambio político en la villa de Albacete, que pasará de pertenecer a la Gobernación del Marquesado de Villena, una villa de realengo, a ser villa de señorío, no de cualquier noble, sino de la mismísima emperatriz Isabel de Portugal (3).
![]() |
| Acta de toma de posesión de la villa de Albacete en nombre de la emperatriz. 7 de junio de 1526. |
La boda entre Carlos V e Isabel se había celebrado pasada la media noche del día 10 de marzo en Sevilla. En concepto de arras, el emperador la dotó con 300.000 doblas, aseguradas sobre las rentas de Úbeda, Baeza y Andújar, más otras 40.000 respaldadas por las rentas de varias ciudades y villas (Soria y Alcaraz, y las villas de Molina, Aranda, Sepúlveda, Carrión, San Clemente, Albacete y Villanueva de la Jara) para sustentación de su casa. En dichos lugares ella dispondría de los derechos inherentes a tal señorío: jurisdicción civil y criminal, alcabalas, tercias y otras rentas, las alcaldías, alguacilazgo, escribanías públicas y de rentas y otros oficios públicos.
![]() |
| Mapa de ciudades y villas adjudicadas a Isabel de Portugal como dote de bodas |
El 30 de abril se comunicó al concejo de Albacete que el doctor Garcés tomaría posesión de la villa para separarla de la jurisdicción del marquesado de Villena y adscribirla a la emperatriz, a su Consejo y a las personas que la administrarían, con nombramiento de los oficios de justicia (4).
![]() |
| Provisión de 18 de abril de 1526 comunicando a la villa de Albacete que esta junto con sus rentas y jurisdicción había sido entregada a la emperatriz |
La toma de posesión o entrega de la villa a la emperatriz es un acto ceremonial en el que participan, reunidos en concejo general o abierto, los integrantes del concejo, del marquesado de Villena y los vecinos del pueblo. Por parte de la emperatriz asisten el comendador de Lopera, Rodrigo Enríquez, gentilhombre de la casa real, y el doctor Lorenzo Garcés, caballero de la Orden de Cristo, del Consejo de la emperatriz. Rodrigo Enríquez, por parte de la emperatriz, y Miguel Garijo, escribano del concejo albacetense leyeron las dos cartas misivas y la provisión firmadas y selladas sobre toma de posesión del señorío.
![]() |
| Firma autógrafa de la reina |
El ritual se componía de tres partes: presentación de los documentos, lectura pública y acatamiento. La lectura pública tenía el mismo valor que el pregón porque una vez leídos y escuchados esos documentos por el numeroso público congregado en el ayuntamiento, comenzó a surtir efectos el contenido. Tras la lectura llegó el acto de acatamiento y obediencia quitándose los componentes del concejo los bonetes y gorros, besando las cartas reales y poniéndolas sobre sus cabezas; por último, expresando que las obedecían con la mayor reverencia y acatamiento que podían.
Quitarse el sombrero se explica como acción política y urbana de hacer cortesía a otro. También el gesto de destocar la cabeza ante una real carta es señal de vasallaje y obediencia. El beso al documento real, con su sello, simboliza el beso a las manos de la reina como si estuviera presente. En tiempos de la conquista y colonización de las Indias la mano fue considerada como la garante y ministra de la razón y la sabiduría. El otro rito de la lectura, el de poner sobre la cabeza la carta real tenía el significado de obedecer porque humillaba el órgano por antonomasia del hombre, guarda y contenedor de los más nobles atributos que son la memoria, la inteligencia y la libertad (5).
Los representantes del gobernador del marquesado de Villena entregaron sus varas, que significaba que la villa era apartada de su jurisdicción y cedida a la emperatriz. El resto de los cargos del concejo, alcalde mayor, alguacil mayor, alcaldes ordinarios, alguaciles, alcaldes de la santa hermandad, regidores y jurados, todos entregaron las varas de justicia, que eran ocho.
Siguió la ceremonia con la entrega de las tres llaves del arca que guardaban los privilegios, leyeron el de villazgo y algo del libro de privilegios. Una vez cerrada, se quedó el doctor Garcés con las tres llaves en señal de posesión.
A continuación, el escribano entregó la llave de la sala y ordenó salir a todos los reunidos, cerrando y abriéndola después en nombre de doña Isabel. Abrió dos ventanas desde las que se veía parte de la villa y su término, dando a entender que toda la extensión que se abría a sus ojos pertenecía a la señora.
Se recabaron también las llaves de las puertas de la villa, contestándole que en aquel momento las puertas estaban quitadas y que sólo eran cuatro que se ponían y quitaban cuando era necesario. Abrió el arca y tomó las cuatro llaves, luego las dejó y se llevó la llave del arca. Si algún elemento urbano destacaba en el protocolo de recibimiento de las personas reales, lo constituía el paso por la puerta de entrada a la villa, cargada de simbolismo, pues en el Estado absolutista de los Austrias las entradas tenían el sentido de una toma de posesión simbólica por parte del monarca de la ciudad.
El siguiente acto del doctor Garcés fue bajar a la cárcel pública con la vara de justicia en la mano pidiéndole al alguacil las llaves y soltando al preso, Juan Rodríguez Montañés. Acto seguido le devolvió las llaves en nombre de la reina.
Después recabó información sobre las rentas de la villa; se le informó de que las alcabalas estaban encabezadas y ordenó a los recaudadores la entrega del dinero. Otro tanto hicieron en la casa de la Tercia, tomando lana y cebada que eran los productos que había en aquel momento.
Dos días después, el doctor Garcés devolvió las varas a los alcaldes ordinarios, alguacil, tenientes de este y alcaldes de la Hermandad, dejando claro que desde ese momento llevarían a cabo su cometido en nombre de la emperatriz. En este punto termina el acta, que está incompleta pues faltan las firmas, pero sin duda que todos los pasos descritos tienen como fin -y lo logran- despertar en los súbditos el sentimiento de obediencia y sumisión ante una persona que, aunque ausente, se percibe presente.
NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA
(1) AHPAB, signatura 4.653, 31.
(2) Símbolo es una palabra griega que proviene del verbo “symbalein” que hay que traducir en latín por religare o religar a alguien o algo. En este caso al vasallo con su Rey. El documento es un foro o espacio desde donde se provoca ese religar a través de la oralidad (énfasis en la lectura de determinadas palabras con pausas bien señaladas en el escrito, reiteraciones, verbos de mandato en enclisis), de la textualidad o contenido del texto, de la visión de márgenes, membretes, hipérboles escriturarias o letras aumentadas…) y hasta del tacto de los soportes (satinado, carteo...). En “Retórica y comunicación en la recepción y lectura de los documentos del Rey (siglos XV a XX)”. Manuel Romero Tallafigo.
(3) El acta también fue estudiada por Ramón Carrilero Martínez en Albasit, nº 56, año 2011.Título: Nuevas aportaciones documentales del señorío de Isabel de Portugal, señora de Albacete.
(4) AHPAB, signatura 551, 73.
(5) Romero Tallafigo, Manuel, op. Cit., pp. 135-136
miércoles, 2 de abril de 2025
EL ESCUDO DE LA CASA DE LA MARQUESA EN ALBACETE
El escudo de la casa de la marquesa
en Albacete
Cuando se menciona «la casa de la marquesa» en Albacete,
todo el mundo la identifica con Margarita Ruiz de Lihory, célebre por el
macabro caso de la mano cortada. Ella fue la última propietaria de un enorme
caserón (que conocemos por la fotografía de A. Mateos en su obra Del
Albacete Antiguo), desaparecido hacia 1968. La personalidad excéntrica de
la marquesa ha provocado que, pese a ser uno de los personajes más famosos de
Albacete, pocas personas sepan cual es su conexión con nuestra ciudad. Y, sin
embargo, el escudo de la casona que se encuentra en el Museo de Albacete, nos muestra
-mediante el lenguaje de la heráldica- quienes fueron sus propietarios. Por si
quedara alguna duda, la documentación del Archivo Histórico nos asegura con
rotundidad que perteneció en origen a don Juan Salvador de la Bastida Zorrilla,
abogado de los Reales Consejos, regidor y familiar del Santo Oficio, natural de
San Clemente, pero avecindado en Albacete, quien, en el año 1780, presentó en
el ayuntamiento una certificación sobre su hidalguía (obtenida en 1778) para
eximirse de pagar impuestos y gozar de los privilegios que correspondían a su
estado noble. Esta certificación elaborada por el cronista y rey de armas
incluía una descripción detallada del escudo, junto a unas pruebas genealógicas
que retraían la ascendencia al siglo XVI.
![]() |
| Izquierda, fotografía anterior a 1968 antes de la demolición de la casa de la marquesa, sobre la puerta descansa el escudo. A la derecha, el edificio actual en la calle Mayor. |
¿Quién era la marquesa?
Margarita Ruíz de Lihory y Resino (1889-1968) nunca exhibió
este escudo albacetense, al fin y al cabo, la hidalguía de los de La Bastida representaba
el escalón más bajo de la nobleza y ella podía regocijarse -y lo hacía- de
pertenecer a la aristocracia titulada puesto que en su familia recaían un
marquesado, Villasante, un condado, del Val del Águila, y una baronía, la de
Alcalalí, distinciones que heredó su hermana mayor, aunque ella,
ilegítimamente, usara los títulos de marquesa y baronesa.
La familia que la conectaba con Albacete era su propia
madre, Soledad Resino Labastida, casada con José María Ruiz de Lihory y
Pardines, barón de Alcalalí, y su abuela, Micaela La Bastida y Teijeiro, hija
esta última de José de la Bastida y Bustamante, que casó en 1838 con Josefa
Teijeiro y Tapia, hija del II marqués de Villasante y de la V condesa de Val
del Águila, Juan de Tapia y Meléndez, que fue quien pasó los títulos a Soledad,
madre de la marquesa. A su vez, José de la Bastida Bustamante era hijo de Juan
y Josefa, y este de Juan Salvador de la Bastida Zorrilla, natural de San
Clemente, el que se asentó en Albacete y presentó la ejecutoria de hidalguía en
el Ayuntamiento en 1780. El expediente que se encuentra en el libro de actas de
1780 (signatura 93/4) se remonta hasta el sexto abuelo quien también había
obtenido ejecutoria en 1572.
La personalidad arrolladora de la marquesa, que se presenta
como abogada, periodista, espía, pintora, feminista, etc., y su pertenencia a
la nobleza provocó estupor en la sociedad de la época. El caso de la mutilación
del cadáver de su hija por sus propias manos, la denuncia de su hijo, su
arresto, ingreso en un psiquiátrico y posterior juicio, copó las páginas de
sucesos de toda la prensa del país, más habituadas a personajes de baja
extracción que a carismáticos aristócratas. El caso de “la mano cortada” fue
seguido por la prensa sensacionalista de los años cincuenta del pasado siglo en
todo el país; incluso, un periódico local, Crónica, lo reabrió en 1995 con notable
éxito editorial.
La casa y el escudo
La casa familiar de la calle Mayor, n.º 58, fue demolida
hacia 1968, era un edificio que ocupaba parte de la manzana (medía más de mil
metros cuadrados), tenía su entrada principal por la calle Mayor, y otra
secundaria, con jardín, por el callejón de San José. Fue construida en el
último cuarto del siglo XVIII y podemos decir que no presentaba nada de interés
artístico, salvo el escudo familiar que fue rescatado de la demolición y se
encuentra en el Museo de Albacete. Podemos describirlo como un escudo barroco,
correspondiente al último tercio del siglo XVIII, que mide 133 x 83 cm. Consta
de seis particiones y se aprecian restos de policromía. Se timbra con yelmo de
hidalgo con penacho de plumas. A su alrededor se decora con rocalla y roleos.
![]() |
| Escudo del linaje de La Bastida procedente de la casa de la marquesa conservado en el Museo de Albacete |
Según el certificado del rey de armas de 1780, el primer
cuartel pertenece a La Bastida y lo describe así: «sobre verde, una banda de
plata en bocas de dragantes, segundo, partido sobre campo de plata un león
Pardo. Orlado todo de azul con cinco flores de lis de oro. Es igualmente
proveniente nuestra parte interesada de la familia de Zorrilla cuya antigüedad
es inmemorial y se compone de un escudo de oro con roble verde al que están
empinadas dos zorras negras. Por Alarcón, un escudo rojo con cruz hueca
floreteada de oro de hechura de la de Calatrava, con orla azul con ochos sautores
de oro, y, por Martínez, partido en faja, primero, sobre campo rojo una torre
de plata con dos leones rampantes colocada dicha torre sobre unas rocas, estas
puestas sobre aguas azules y blancas y en lo bajo sobre oro una banda roja».
Tan solo hemos de explicar que el cuartel que corresponde a
La Bastida ocupa varios campos, al primer cuartel donde vemos la banda engolada
de dragantes, sigue el león y este arrastra la bastida representada por el
castillo del que sale un brazo armado. El de Zorrilla responde a lo que se
denomina escudo parlante, el de Alarcón es muy conocido y el de Martínez,
cortado, ocupa los dos últimos cuarteles.
Bibliografía y fuentes:
- Cándido Polo: Sangre azul. Vida y delirio de Margarita
Ruiz de Lihory. Universidad de Valencia, 2010.
- Mateos, Alberto: Del Albacete antiguo. Diputación, 1981
- Documentación del Archivo Histórico Provincial de Albacete
miércoles, 19 de marzo de 2025
LA IDENTIFICACIÓN DE CUARTELES, CALLES Y CASAS EN ALBACETE
LA IDENTIFICACIÓN DE CUARTELES, CALLES
Y CASAS EN ALBACETE
El primer padrón en el que aparecen
los nombres de calles es del año 1571, se trata de un padrón “a calle hita”,
casa a casa, motivo por el que aparecen los nombres de las calles, hasta ese momento
los padrones fiscales constituían un listado alfabético de contribuyentes[1]. La división en cuarteles de
Albacete, como forma de distribuir la villa con funciones de control, se
realizó por primera vez en 1573 tras la llegada de los moriscos. En numerosas
villas y ciudades de España estas divisiones venían determinadas por las
parroquias, pero en esta villa, como sólo existía la de san Juan, se recurrió a
estructurar la población por medio de los trayectos viarios más significativos,
que son los que la cruzan en los cuatro puntos cardinales. En 1575 se repitió
la fórmula, pero esta vez para realizar un registro de personas que disponían
de armas.
![]() |
| Plano de Albacete con la división en cuarteles, usando como ejes los caminos principales, para control de los moriscos, en 1573 |
Oficialmente la
legislación que abordó la división en cuarteles para mantener el orden se
atribuye a Felipe III en 1604 o a Carlos III en 1768, que instituyó las figuras
de alcalde de cuartel y alcalde de barrio en Madrid con la intención de
reforzar la justicia local y tener un mayor control sobre la población. Desde
fechas muy tempranas, en concreto en 1745, encontramos en Albacete la figura de
los alcaldes de rondas, nombrados por el propio ayuntamiento con la función de
mantener el orden y vigilar la población en los cuarteles o distritos en los
que se dividía el casco urbano[2].
En 1769, por
real cédula de 13 de agosto, la medida se aumentó a las ciudades donde existía
Chancillería y Real Audiencia. También dictaba la necesidad de colocar azulejos
de numeración: «todas las casas de las referidas Ciudades, inclusas Parroquias,
Conventos, Iglesias y lugares píos se numerarán con azulejos, como también las
casas de Ayuntamiento, y las de las Chancillerías y Audiencias, sin exceptuar
alguna por privilegiada que sea; distinguiéndolas en manzanas, como se ha hecho
en Madrid, y a costa de sus dueños»[3]. Esta medida no afectó a
Albacete, puesto que la Audiencia se creó en el año 1834. La división en nueve
cuarteles la tenemos en 1816, en cada uno de ellos se nombraban dos personas
como alcaldes de barrio (primero y segundo) que tenían como misión cuidar el
buen orden, policía y buen gobierno de sus vecinos[4]. Estas demarcaciones resultaban
de gran utilidad para cobro de los impuestos, por ejemplo, en 1834, existían tres
cuarteles: del Carmen, San José y San Agustín[5]. En la sesión municipal de
8 de octubre de 1835 se crea la división de cuarteles y diputaciones del campo según
el artículo 44 del Real Decreto, de 23 de julio último, que distribuía la
población en los dos barrios conocidos como el de la Cuesta, desde el río Piojo
hasta arriba y desde el Río piojo para abajo con sus respectivos arrabales y anejos[6].
La poca eficiencia
de esos dos cuarteles por la extensión del casco urbano y extramuros provocó
que el día 16 de octubre del mismo año estos aumentaran a seis (que llevarían
el nombre de espacios religiosos): San Francisco, San Juan, San Agustín, la
Cruz de Agraz, San José y Santa Quiteria[7]. El 19 de octubre del
mismo año se da cuenta de la inoperancia de la distribución de los cuarteles o
barrios por no haberse encontrado la documentación en que se halla fundada y
por la confusión que produce la inexactitud, por ello, se encuentra paralizado
el nuevo alistamiento general. Para solucionar el problema administrativo y
gubernativo, se acordó que esta capital se dividiera en cuatro cuarteles o
barrios, impuestos por la propia naturaleza de los caminos principales, que,
como un eje de coordenadas, desde su fundación, cruzaba Albacete en dirección
este-oeste y norte sur.
Estos cuarteles permanecerán
en el tiempo con los nombres de San Francisco, que comprenderá toda la
población y vecindario de la derecha, entrando desde el portazgo por la calle
de San Francisco, siguiendo la calle de Zapateros, plaza y calle Mayor hasta el
río Piojo y callejón de los toros con sus huertas y anejos. El de San Juan que
comprende toda la población y vecindario a la izquierda principiando por la segunda
calle de San Francisco hasta la esquina de la casa de don Juan José Agraz en la
calle Mayor y siguiendo el río Piojo hasta la huerta llamada de Julián, con sus
huertos y anejos respectivos. El de san Agustín, que principiará desde la
esquina a la casa de Juárez, que hoy habita don Manuel Nievas y seguirá por la
calle Mayor, continua la plazuela de don Pablo, y calle del Cid hasta la huerta
de Marzo, y por la parte de abajo el río Piojo hasta la huerta de Julián, con
los huertos y anejos correspondientes y el de san José que principiará desde la
casa que habitan los hijos de Juárez en la calle Mayor, siguiendo esta por la «Cuestecica»,
plazuela de las Carretas y calle del Cid con todo lo de la derecha y por la
parte de abajo el río Piojo y callejón de los toros con las huertas y anejos de
la izquierda de dicho callejón. Al frente de cada cuartel se nombró un teniente,
que se debía dedicar especialmente a la formación del alistamiento general y en
especial a rondar de noche y para mantener el orden y la tranquilidad pública auxiliándose
de los habitantes honrados y pacíficos de sus respectivos barrios, y, vigilando
la conducta de los sospechosos y desafectos a la reina[8]. En la misma sesión se les
encomienda averiguar los forasteros que había en Albacete desde 1823, sus
conductas y oficios. Como vemos esta división en cuarteles de Albacete se
centra en funciones de policía y control de la población, pero serán de gran
utilidad a la hora de elaborar padrones municipales y su exportación para el
censo general de España que desde el de Godoy en 1797 no se había actualizado.
LA ESTADÍSTICA
GENERAL DEL REINO
La rotulación de
calles en Albacete debió ser muy antigua porque en un acuerdo plenario de 25 de
enero de 1854 el oficial boletero o aposentador de soldados manifestó que por
lo antiguo del padrón de turnos para dicho servicio, la frecuencia con que
mudan de casa algunos vecinos, el haber fallecido otros, haberlos también
nuevos y estar borrada en gran parte la numeración de las casas se dificulta
extraordinariamente la distribución de alojamientos, poniendo en conocimiento
de la corporación este hecho para formar un nuevo padrón y lo demás que
considere[9]. Para solucionar en parte
este problema, se cambiaron los nombres de algunas calles y se renovó (todo con
azulejos) la nomenclatura de estas, la numeración de edificios y la división en
cuarteles; operación que parece no fue suficiente, aunque se compraron azulejos
a la fábrica de Mariano Royo y Aznar de Valencia[10].
Estos trabajos se
retomaron en 1859 para dar cumplimiento a la circular de 10 de enero de 1859, por
la que la Comisión de Estadística ordenaba “dividir por cuarteles el territorio
municipal de esta capital y colocar los azulejos correspondientes”, incluyendo
también El Salobral y Pozo Cañada. Esta operación será extensiva desde 1860 a
todas las aldeas del término. El campo no se dividirá en cuarteles, sino en
diez demarcaciones[11]. Todas estas operaciones
estaban en relación con el Nomenclátor, realizado desde 1858, que es una operación
que contiene la relación detallada de las entidades y núcleos de población
existentes a 1 de enero en cada municipio, ordenando a los alcaldes que en el
plazo de dos meses procedieran a completar los nombres de las calles, allí
donde no tengan, a fijar los números de las casas donde no los hubiera y a
verificar o rectificar los existentes, según el sistema de impares a la
izquierda y pares a la derecha «partiendo del centro de la población a su
circunferencia». Estas medidas tenían como fin paliar las dificultades que se
habían detectado al realizar en 1857 el censo general[12].
![]() | ||
|
Una Real Orden de 24 de febrero de 1860 estableció reglas muy concretas para realizar estas tareas de forma homogénea en todo el país: el rótulo de nombres de calles y de números de casas, se realizarán en azulejos blancos con letras o números en azul cobalto[13]. En la entrada a las poblaciones era obligatorio colocar un cartel en el que se especificara el nombre de la localidad, si era capital de provincia, el nombre de esta; si era cabeza de partido, el nombre de la provincia, y si es población menor, el nombre del partido y de la provincia. Las «lápidas» de las calles y las de los números de las casas, edificios o viviendas serán de azulejos, cuando no pueda emplearse otra materia más duradera. Estas serían costeadas por los ayuntamientos, y los números de las casas por los vecinos. También se obligaba a rotular los edificios oficiales o de uso público y remitir a los gobernadores un resumen con el nombre de calles y plazas, números de edificios y de habitantes cada cinco años coincidiendo con la renovación del censo de población[14].
| 1859. Presupuesto de los precios de azulejos ofrecidos por la fábrica valenciana de R. González Valls. AHPAB, signatura 299, 2. |
Albacete comenzó diligentemente en 1859 a rectificar y completar el Nomenclátor, a instalar la rotulación de calles y numeración de edificios públicos de la capital y de los diez distritos rurales del término, aunque por lo extenso de este se dilató hasta 1866 cuando se encargaron los azulejos de cerámica a la empresa valenciana de R. González Valls; gracias al presupuesto sabemos cómo fueron esas piezas de las que tan sólo queda una de ellas, la de la manzana nº. 21, del distrito de San Francisco, que se conserva en el Museo Provincial y que proviene del derribo de una casa al principio de la calle Zapateros. Los azulejos de calles y números en el centro urbano serían de color negro sobre fondo blanco, y los de las aldeas del término municipal, blanco con letras en azul cobalto. Cada lápida (así la llaman ellos) de entrada a la ciudad contaría con tres rótulos con el nombre de la provincia, el del partido judicial y el de la población, de 15 ½ pulgadas de largo por 12 de altura y seis libras de peso, costarían 15 reales. Cada lápida para calles de igual magnitud y peso con el rótulo del nombre de ellas, 14 reales. Cada plancheta con número que diga (v. g.) primer cuartel, 1ª manzana, debiendo ser de estas cuatro para cada manzana por tener cuatro fachadas, de 11 pulgadas de largo por 8 de altura y de tres libras de peso a 5 reales, 50. Cada plancheta de igual magnitud y peso para aldeas y establecimientos públicos, a 5 reales, 25; y así sigue con los números, con respecto a los materiales sólo especifica barniz fino de primera clase, relaciona el gasto de los portes desde Valencia, la forma de embalaje, etc.

En el círculo rojo se observa el lugar donde estaba colocado el azulejo
En 1864 desde la Junta General de Estadística se urgió al ayuntamiento de Albacete a terminar los trabajos de numeración y rotulación por encontrase la capital bastante atrasada. Se adjuntaba un cuestionario con nueve preguntas para determinar el grado de cumplimiento de la real orden de 24 de febrero de 1860 y lo prescrito en varias circulares de 1861, pero el documento cumplimentado se debió enviar a la junta de Estadística, quedando en el archivo tan solo el formulario.
[1]
AHPAB 4.546, 1. Padrón de los quinientos ducados de censo que se pagaban a Manuel
de la Mota, vecino de Chinchilla.
[2]
AHPAB 4.526, 1.
[3]
Franco Polo, N. (2015): Los azulejos de nombres de calles y numeraciones de
casas de Cáceres fabricados en el siglo XVIII. NORBA. Revista de Artes, vol
XXXV, p. 93.
[4]
AHPAB. Signatura 410, expediente 22. Bando de la alcaldía.
[5]
AHPAB, signatura 204. Se conserva un padrón general de 1838 de los moradores en
el barrio de San Juan.
[6]
AHPAB, signatura 97. Esta es la división que se hizo en 1767 para la apertura
de la iglesia de la Concepción, clausurada por la expulsión de la Compañía.
[7]
AHPAB, signatura 97.
[8]
AHPAB, signatura 97.
[9]
AHPAB, signatura 99.
[10]
AHPAB, signatura 357, expediente 27.
[11]
AHPAB, signatura 299, expediente 2.
[12]
https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEmasNoticia_C&cid=1259949791731&idp=1254736092075&pagename=masINE%2FmasLayout
[13]
AHPAB. Signatura 357, expediente 27.
[14]
IZU BELLOS, M. J. ( ): La toponimia urbana en el Derecho Español. En
https://dialnet.unirioja.es
[consulta 29/01/2025]. Sin embargo, por Real Decreto de 30 de noviembre de
1864, ante la imposibilidad de realizar el de 1865, se dispuso que se hiciera
cada diez años a partir de 1870. La inestabilidad política no permitió abordar
el nuevo censo hasta 1877.





















