LA CAPILLA «DE PASAR» DE LA VIRGEN DE LA ENCARNACIÓN (EL BALLESTERO): UN MICRO MUSEO ETNOGRÁFICO
| Capilla «de pasar» de la Virgen de la Encarnación en su urna original de madera con candado |
Investigaciones históricas basadas en documentación original sobre el patrimonio, la heráldica y la historia de Albacete y su provincia.
| Capilla «de pasar» de la Virgen de la Encarnación en su urna original de madera con candado |
Cinco campanas, cinco momentos de la historia de El Ballestero: una pieza que podría remontarse al siglo XV, otra de 1636, otra de 1758, otra de 1799 y la más reciente, de 1945. Todas siguen formando parte de la memoria de la iglesia y de la localidad.
La torre de la iglesia de El Ballestero que acoge las campanas es relativamente moderna. En el exterior de esta consta la fecha de su construcción (1770); dividiendo los números, se observa la parrilla de San Lorenzo, santo a cuya advocación pertenece la iglesia.
El conjunto del campanario consta de cinco campanas labradas en bronce, de distinto tamaño, todas en funcionamiento y electrificadas.
Comenzaremos por el lado este, ya que alberga las dos de menor tamaño. Una de ellas, la más antigua —de la que ya hemos comentado su singularidad—, creemos que debería retirarse de la torre, conservarse en un lugar mejor acondicionado e incoarse un expediente para declararla Bien Mueble de Interés Cultural, pues debe de ser de las más antiguas de la provincia.
| Cuerpo de la torre, lado sur. Sobre la ventana la fecha de 1770 y la parrilla, atributo de San Lorenzo |
EL BALLESTERO COMO VILLA INDEPENDIENTE DE ALCARAZ
Las villas
vecinas de El Ballestero ya se habían segregado de Alcaraz con anterioridad, El
Bonillo en 1538, Lezuza en 1553 y Munera en 1557. Esta circunstancia
convirtió a nuestro pueblo en la aldea dependiente situada más al norte del
Concejo de Alcaraz[2]. Y
también en “la más poderosa y acaudalada por lo que con dicha ciudad tuvo
muchos pleitos sobre derribarle la jurisdicción del término de una legua vulgar[3]”. El sentimiento de independentismo se debió "contagiar" a la aldea porque el 2 de mayo de
1564, los regidores de Alcaraz, en una sesión del concejo, trataron de este nuevo problema: “que los
moradores del Ballestero, dos o tres vesinos del dicho Ballestero, adegaña desta
çiudad, por mandar y tratar subjetos a la demás gente común pobre y por alterar
las demás adegañas desta çiudad habían inducido e inducían a los moradores del
dicho lugar que vayan a su magestad a pedir e pida villazgo porque a las demás
aldeas les esta concedido de que a esta çiudad se le ha seguido notable daño y
se le seguirá […] si el dicho Ballestero se hiciese villa y por que los dichos
señores están informados que los demás moradores en el dicho lugar no lo
quieren, sino estarse como al presente están, acordaron para que conste a su
majestad de que los dichos moradores no quieren pedir el dicho villazgo y que
los que lo piden son pocos, vaya al dicho lugar del Ballestero el señor Pedro Fernández
de Reolid y el señor Cristóbal de Auñón, regidores, con un escribano y se
tomara los botos de los dichos moradores que lo quieren y no quieren el dicho
villadgo y poder de los que no lo quieren para dar información a su majestad”.
Como vemos, El
Ballestero tuvo su primer intento de segregación en 1564[4].
Debió gozar de cierta autonomía, porque en 1582 fundó un pósito municipal y se
endeudó. Pocos años después, en 1621, un escribano muy veterano de Alcaraz, Diego
Fernández de Figueroa, se refirió a El Ballestero como villa, al menos en dos
ocasiones[5],
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| 1564. Primer intento de segregación por parte de El Ballestero de Alcaraz. Al margen se lee: "sobre lo de El Ballestero" |
El siete de
octubre de 1691 tuvo lugar en Alcaraz una sesión extraordinaria del
Ayuntamiento en pleno. El motivo lo había provocado un motín popular contra la
justicia de Alcaraz, cuando ésta intervino para “recoger” el privilegio de
villazgo que esta aldea había obtenido. Se negaba Alcaraz a conceder término a
El Ballestero, de ahí que el corregidor enviara a un delegado suyo, el regidor don
Pedro Alfaro, a resolver tan delicado asunto. Cumplir con su deber casi le
cuesta la vida, de ahí que regresara a Alcaraz y diera cuenta del tumulto que
vivió en El Ballestero el día 4 del mes citado, cuando varias personas
forasteras llegaron a las eras y ejido de El Ballestero y ante el regidor de
Alcaraz levantaron varas altas de justicias, al tiempo que las campanas de la
iglesia tocaban a rebato y repartieron escopetas por varas de justicia entre
los moradores de El Ballestero. Uno de los forasteros, dijo que había sido el
juez quien le había dado posesión del villazgo a El Ballestero, diciendo que él
y sus compañeros se habían comprometido en ello y lo lograrían, aun a costa de sus haciendas,
haciendo varias amenazas a don Pedro Alfaro y sus oficiales, quienes ante el
peligro que corrían sus vidas, no tuvieron más remedio que retirarse y regresar
a Alcaraz para dar cuenta del motín al corregidor. El regidor
alcaraceño acusaba al juez y receptor de haber sido sobornados por los
moradores de El Ballestero para obtener el privilegio de villazgo, pues, según
él, era noticioso que Alcaraz había ganado una real provisión que le daba
facultad para retirar el privilegio de su aldea, que ya había levantado horca y
picota como símbolo de jurisdicción y justicia. Además, se disponía a amojonar
su término, que Alcaraz había comprado a la Corona en el pleito que tuvo con El
Bonillo[6].
El proceso
fue obstaculizado por Alcaraz, motivo por el que se pospuso su exención hasta
1694, sin embargo, nuevos juicios con la ciudad, que no estaba dispuesta a
perder el control de su aldea y a perder parte de la tierra que había recomprado
a la Corona para anular la adquisición que El Bonillo había hecho de dos leguas
en 1566, y que tras abonar Alcaraz la cantidad de 17.000 ducados, se había anulado. Todo hacía presagiar que ahora volvería
a aminorar su término para adjudicar el que correspondía a El Ballestero,
aldea, que, por otra parte, esgrimía en su favor que la cantidad pagada por
Alcaraz había sido obtenida por el reparto entre todas las aldeas. Estas
contrariedades retrasaron la adjudicación de la legua de término hasta el 10 de
junio de 1756 cuando por decreto de rey Fernando VI se llevó a cabo el
señalamiento de los mojones[7].
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| Bajo el reinado de Fernando VI, en 1756 logró El Ballestero el reconocimiento de su término y jurisdicción, pendiente desde 1694 por los numerosos juicios con Alcaraz |
En ese real
decreto se le asigna el término de jurisdicción de una legua, las dehesas
compradas por Alcaraz y que ahora estarán en término y jurisdicción de El
Ballestero quedarán abiertas y de común aprovechamiento de Alcaraz y sus
aldeas, y se establece comunidad de pastos y bellota con Alcaraz. Las dehesas
de particulares que queden dentro de la nueva villa estarán bajo su jurisdicción,
pero privativas de sus dueños. Las cuatro dehesas Nava del Negro, Mullir,
Munera y Mirones quedan en conflicto y sin resolver, pues habían sido motivo de
trueque por parte de Alcaraz con otras dos dehesas propiedad de don José de
Banfi.
La segregación de El Ballestero fue un proceso delicado,
lento y lleno de pleitos desde el punto de vista jurídico; y ruinoso desde el
punto de vista económico para las escasas rentas del pueblo y para sus vecinos,
pues las tierras y pastos ya habían sido acaparadas por propietarios poderosos
como el conde de Noblejas y don José Banfi a quien ya hemos mencionado.
Reconocer término a las aldeas situadas en su término significaba para Alcaraz admitir que había perdido parte de su jurisdicción con las rentas que ello comportaba[8]; así pues, la continua oposición de Alcaraz a ceder tierra a sus antiguas aldeas obligó a éstas a recurrir a costosos pleitos en todas las instancias judiciales, pleitos que consumían los escasos recursos económicos y que provocaban un empobrecimiento general en las villas.
El proceso de exención fue largo, en 1694 la villa pidió licencia para tomar a censo cuatro mil ducados con los que pagar los costes de los tres años de juicios que llevaba con Alcaraz[9]. Los bienes de propios con los que quiere afrontar el préstamo son: un molino en Villaverde, un horno, una fragua, dos dehesas: la vieja y la nueva, un corral y una heredad que se llama “El Chaparralazo”[10]. El molino era el bien más preciado del concejo, era de una sola piedra y estaba en el río Villaverde, carecía de presa, “por ello no puede padecer quebranto, ni la sequedad ni la abundancia de agua le impide moler”, “muele en invierno y verano incluso en años de sequía”[11]. Se arrienda cada dos años y su producto se recoge en trigo, hasta 120 fanegas de trigo- especie fácilmente convertible en moneda-, junto a él un tajón de una fanega de trigo de riego (a finales del siglo XVIII, dos fanegas) también se arrienda en especie. El molino se valora en cinco mil ducados, el horno con un valor de cinco mil, se arrienda en 450 reales, las dehesas vieja y nueva se estiman en 200 reales y se recoge de su arrendamiento de hierba y bellota 2.000 reales, El Chaparralazo, está valorado en 300 ducados y se arrienda en 70 fanegas de pan cocer.
En cuanto a
los gastos, afortunadamente son escasos: la limosna que se paga al predicador
de Cuaresma, las veredas, conducción del dinero de las “Vulas” y gastos del
religioso que las publica y del receptor que viene con el derecho de Cuentas,
más el salario del mayordomo y las reparaciones del horno y el molino
concejiles.
Con respecto
a la adjudicación de la legua a la redonda como término propio que recibían las
villas segregadas, volvemos a encontrar la oposición total de Alcaraz a su
demarcación. Por un documento fechado en 1694, que se conserva en el Archivo de
Alcaraz, sabemos que don Nicolás González Merchante, portavoz del concejo de
Alcaraz se opuso a la adjudicación de término a El Ballestero, pidiendo que, en
primer lugar, se midiesen las dos leguas de terreno que había recomprado
Alcaraz a la Corona para anular la ampliación de término de El Bonillo[12],
y después se adjudicase a El Ballestero lo que quedase.
Además, en
este documento el citado don Nicolás recusa al licenciado don Joseph Gómez de
Herrera, Abogado de los Reales Consejos y juez de este litigio, por resultarle
persona poco objetiva ya que había ubicado su despacho y audiencia en casa del licenciado
Cristóbal Martínez, presbítero de la villa de El Ballestero, principal solicitante
del privilegio de exención y villazgo, quien –según el alcaraceño- a sus
expensas había sacado y seguido este juicio hasta el estado que tenía. Recusó
también por desconfianza a los medidores nombrados para señalar término y
mojonera, que son; Bartolomé López, vecino de Munera, y Juan García Munera,
vecino de la villa de La Roda.
A todos estos argumentos contestó don Joseph Gómez de
Herrera, abogado de los Reales Consejos y juez de este negocio, diciendo que
por parte de la ciudad de Alcaraz era sabido que se encontraban algunos de los
emisarios alojados en El Ballestero y otros en El Robledo, debido a que en El
Ballestero no había posada corriente ni mesón dónde instalarse, por ese motivo
se habían visto obligados a aceptar las casas particulares de la villa, al
igual que algunos caballeros de Alcaraz como el superintendente de Rentas
Reales quien se halla hospedado en otra vivienda. Así mismo, entiende como maliciosa
la recusación y condena en costas a la ciudad de Alcaraz que ha promovido estos
autos. También ratifica el juez como válidos e imparciales a los medidores
venidos de pueblos alejados, ordenando que se mida y adjudique la legua de
terreno que corresponde a El Ballestero.
Los gastos del juicio fueron tan cuantiosos -corrieron
por cuenta de Alcaraz y El Ballestero- que debieron dejar agotadas las arcas municipales,
sobre todo las de El Ballestero, pues un siglo después,
sabemos que ni siquiera habían construido casa consistorial y que los miembros del
ayuntamiento se reunían en la vivienda del escribano y tampoco tuvieron maestro
de primeras letras hasta el año 1780, cuando las villas vecinas hacía siglos
que atendían la instrucción escolar.
Todos los
que participaron en este juicio y delimitación de término fallidos sacaron
provecho, así, por poner ejemplos:
- El Juez, Gómez Herrera, pasó una minuta de 51 días de
salario, incluyendo los ocho días del viaje desde Madrid hasta El Ballestero,
duración excesiva pero justificada por su parte aduciendo los accidentes del
carruaje. Otros tres días en examinar los documentos y esperar que le trajeran
papel sellado y blanco. Más otros tres en dar principio y poner en ejecución el
Real Privilegio de Exención y Villazgo, más otros veintiocho días en dar
principio a las diligencias y poner en ejecución y dar cumplimiento a la Real
Cédula para el término de la legua de jurisdicción (ya medida, amojonada y señalada), más siete días por la recusación de Alcaraz, lo que detuvo el
proceso (estos últimos gastos se librarían a Alcaraz). En total, 1.200
maravedís por día costó la presencia de su merced.
- Otros gastos son los salarios del alguacil, el escribano de
El Bonillo, los medidores de La Roda y Munera, el depositario de fondos, Tomás
Fernández y Araujo, el papel sellado (doscientos reales), la consulta a la
Corte, el viaje a Sisante donde se halla el juez de delimitación de términos...
Operación que el concejo debió avalar no sólo con
los “bienes de propios” ya consabidos: el molino, el horno, la labor de tierras
de “pan llevar” en las inmediaciones de la villa, las dehesas vieja y nueva,
sino también con la Real Jurisdicción, civil y criminal, mero mixto imperio
regulada en noventa reales en 246.000 reales de vellón, oficios como la
escribanía, el derecho de correduría y almotacenía, el cargo de dos regidores
que hasta el momento eran de elección anual, la vara de alguacil, y los bienes particulares de 26 vecinos.
[1] Toda la documentación estudiada en este capítulo se encuentra en
el Archivo Municipal de Alcaraz (en adelante AMA). Caja 370, expediente 3. AHP
AB. Caja 71.771, expediente 2 y 71.754, expediente 5.
[2] GARCÍA DÍAZ, Isabel:
Agricultura, ganadería y bosque… p. 28-29
[3] AHP AB. Caja 71.771,
expediente 2.
[4] AMA legajo 598, p. 30
(gracias a Miguel Cambronero)
[5] AHPAB, signatura 1.121,
página 105 y ss. Dato facilitado por Miguel Cambronero, a quien agradezco su
colaboración.
[6] AMAlcaraz, legajo 45,
expediente 11, pp. 58 y ss. Actas municipales (gracias a Miguel Cambronero)
[7] AHP AB. Caja 71.754, expediente 1.
[8] AMA. Caja 119, expediente 6 y Caja 370,
expediente 3.
[9] AHP AB. Caja 71.771, expediente 1.
[10] Los bienes propiedad de los municipios eran una de las mayores
fuentes de ingresos de la hacienda municipal y estaban constituidos por
terrenos que pertenecía al municipio. Una parte de estos “propios” eran
terrenos de cultivo que el Municipio explotaba mediante su arriendo. Otros,
incluían montes, prados, bosques y dehesas que prohibía roturar, y, que,
destinados a su utilización para pastos o aprovechamiento de la madera, se
decían también en arrendamiento. También podían ser recursos de otro tipo como
tributos, rentas o arrendamiento de oficios, la escribanía, por ejemplo, las
carnicerías, los hornos, los molinos, todos de propiedad concejil. Los bienes
rústicos de los municipios eran inalienables y las rentas que producían
ingresaban como los demás recursos concejiles, en el “común” o arca municipal.
Por el contrario, los “comunes” eran bienes fundamentalmente rústicos de
aprovechamiento comunitario, en especial, recursos forestales; gozaban de un
estatuto similar a los propios en lo que se refiere a su constitución y su
situación, “extra comercium”, ejemplo, las dehesas boyales o la dehesa
carnicera. GARCÍA DE VALDEAVELLANO, Luis: Historia
de las Instituciones. Madrid:
[11] AHP AB. Caja 71.754, expediente 5.
[12] El Bonillo había ampliado dos leguas en su contorno en 1566,
comprando dos leguas de término. Más información en PRETEL MARÍN, Aurelio:
Privilegios de El Bonillo del siglo XVI…, p.64.
[13]AHP AB. Caja 72.771, expediente 2.
La Guerra Civil española supuso
para las potencias occidentales un caldo de cultivo donde experimentar nuevas tácticas
y tecnologías de guerra más avanzadas, un ensayo para la II Guerra Mundial que
comenzaría unos meses después de terminar la española.
Por ello y de forma sorpresiva,
la aviación en Albacete que hasta ese momento había mostrado la cara más amable
de la conquista del aire, se transformó en máquina de guerra.
La afición a la
aviación en Albacete fue muy temprana. En el año 1922 el Ayuntamiento compró
unos terrenos en La Torrecica para construcción de un aeródromo militar,
utilizado por primera vez por dos aeroplanos que llegaron a la ciudad con
motivo de la feria de 1923, el primer vuelo tuvo lugar el día 10 de febrero de
1924, creándose también una escuela de pilotos aviadores. Al comenzar la guerra, en 1936, se estableció
en la base de Albacete el Estado Mayor del Aire en el terreno conocido como
Dehesa de Los Llanos, bajo la supervisión de la aviación soviética. En su
aeródromo se ensamblaban los famosos aviones katiuskas, chatos… que
salían hacia otros frentes, pues Albacete no era zona de operaciones[1].
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| El famoso "chato", su nombre era I-15 Polikarpov Tinker-Imagen De Imansola wikipedia |
En septiembre de 1936 se
fusionaron la aviación naval y militar y se crearon las regiones aéreas, que
fueron aumentando hasta llegar a siete en 1937, la séptima tuvo su sede en
Albacete y comprendía zonas de Valencia, Cuenca y Ciudad Real. A su vez, esta se
dividió en tres sectores, fue en el tercero donde se encuadró el aeródromo de
El Ballestero.
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| Mapa de la legión Condor con la situación de los aeródromos de la República en 1939. En rojo, el de El Ballestero y Albacete. Archivo General Militar de Ávila |
Los campos se clasificaban según las instalaciones y el uso, podían ser permanentes, semipermanentes, eventuales y de socorro. Pero no terminaban aquí, existían también una serie de campos falsos o de señuelo, en los que se colocaban maquetas para engañar al enemigo. Las instalaciones podían variar desde las que contaban con instalaciones mínimas con una simple caseta, hasta las que tenían cuerpo de guardia, dormitorios y estancias para las tropas, así como cocinas, comedores, cuartos de aseo, almacenes aljibes, refugios y polvorines para los campos definidos como permanentes. Al iniciarse su construcción todos se clasificaban como eventuales hasta que el Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas no ordenara su cambio, ejecutando las obras necesarias en el último caso. Lógicamente algunos cambiaron a lo largo de su corta existencia.
El de El Ballestero fue catalogado como eventual por el ejército de Franco una vez terminada la guerra e inventariados todos los aeródromos republicanos. Esto significaba que contaba con una dotación de ocho hombres (Nota1). Las casetas que aún perduran demuestran que una de ellas, la de mejor construcción, contaba con habitaciones y aseos. Mientras que para el personal de aviación se destinó una vivienda incautada en la población a doña Juana Garví, sita en la calle del Reloj, n.º 62 (Nota 2). Según un informe realizado en abril de 1938 por el agente secreto, Lyon, y enviado a sus jefes del SIMP (Servicio de Inteligencia de la Policía Militar creado por Franco) en el aeródromo de este municipio «últimamente parece había unos veinte aparatos más unos cinco de escuela. En el mismo hay unos cobertizos de lona». Cerca del aeródromo de El Ballestero, a unos tres kilómetros de El Robledo en dirección a Viveros, siguiendo el informe del espía, se hallaba un campo de instrucción con elementos de la D.E.C.A. (Defensa Antiaérea Republicana) móvil de protección de los aeródromos y de la ciudad de Albacete, y, al pasar Viveros, otro aeródromo, este con hangares subterráneos y cuatro escuadrillas. El informe se acompaña de un plano de situación[3]. Este aeródromo nunca existió nunca según nuestra investigación, como demostramos en el artículo sobre el de Alcaraz.
En la elección del lugar se valoraba que estuviera bien comunicado por
carretera, cercano a un lugar habitado (entre 3 y 10 km.) y que existiera línea
telefónica o telegráfica, entre otras. El campo de aterrizaje se preparaba
nivelando y apisonando la tierra y retirando al paso las piedras[2].
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| Plano del Archivo Histórico del Ejército del Aire con la situación del aeródromo de El Ballestero |
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| Detalle del campo de aviación con la pista y accesos |
El aeródromo de El Ballestero no existía a finales de 1936, así se desprende de la sesión del 24 de octubre de 1936 del Comité del Frente Popular en la que se dio lectura a un telegrama del jefe de la base naval de Cartagena en la que recomendaba que se montase un servicio de vigilancia por los milicianos para avisar el paso de aviones facciosos en aquella dirección, dotándose con unos prismáticos, a ser posible, para poder apreciar con rapidez las características de los aviones que pudieran surcar el espacio aéreo. La orden se cumplió comprando los prismáticos. El teléfono, controlado por un encargado municipal, ya existía según un acta anterior por lo que se podía avisar rápidamente (Nota 3). Por lo tanto, creemos que se construyó a principios de 1937, en el paraje que se conoce desde entonces como “la Aviación”, talando previamente el sabinar que allí existía.
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| Plano de 1938 con los aeródromos de El Ballestero, Viveros y el campo de instrucción próximo a El Robledo |
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| Plano cartográfico del polígono 24, año 1944. Se observa la situación de los caminos, casas y otros elementos |
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| Fotograma del vuelo americano de 1945-1946 en la que se observan los caminos, las casas y la pista de aterrizaje. Fototeca digital |
Según las hojas de características catastrales del año 1956, estas casetas medían 45 m² y 18 m². Es en esta parte donde se halla el refugio. En origen los refugios se construían para el puesto de mando y resto del personal del aeródromo. Su construcción es en mina a base de hormigón y cemento.
El segundo camino, de «la Aviación» comunicaba la
carretera con la pista, precedida de dos casas que medían 28 y 189 m². Este
camino y las casas ya no existen. La distancia entre unas y otras se debía a
operatividad, ya que las municiones y depósitos de combustible se almacenaban
en edificios alejados de la pista[4].
Según una ficha realizada en mayo de 1939 y conservada en el Archivo Histórico del Ejército del Aire y del Espacio (sig. 11705), contó con cinco edificios, incluido el refugio, o túnel, situado al sur y a 1.500 metros de la pista, más tres edificios en el pueblo y otro más situado a 7 km. El refugio en superficie aún se conserva, tiene una profundidad de siete metros, dos respiraderos, tres tramos de escalera en recodo, las paredes son de ladrillo de caravista, techo abovedado y el pasillo cuenta con una anchura de un metro.
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| Fotografía aérea del campo de aviación de El Ballestero en 1939. Archivo Histórico del Ejército del Aire y del Espacio |
Las fotografía aéreas del expediente nos permiten ver la pista. Coinciden con las que nosotros hemos utilizado del vuelo americano de 1945-1946 y la hoja catastral del año 1944 que se encuentra en el Archivo Histórico Provincial.
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| Ficha del aeródromo realizada el 10-mayo-1939. Archivo Histórico del Ejército del Aire y del Espacio |
Archivo Histórico Provincial de Albacete
- Nota 2. AHPAB, signatura 17092,9
Archivo Histórico del Ejército del Aire y del Espacio:
- Nota 1. Ejército del Aire, signatura A-2088
Propiedad particular
- Nota 3. libro de actas del Frente Popular 1936-1937
Las fotografías aéreas proceden del Instituto
Geográfico Nacional, fototeca digital.
https://fototeca.cnig.es/fototeca/
[1]
HENARES, D. (1983): Historia de la aviación en Albacete (1911-1982). Editorial:
Instituto de Historia y Cultura Aeronáutica
[2]
BARRAGÁN FERNÁNDEZ, B. (2021): Aeródromos de la Guerra Civil. Guía para conocer
y recorrer los aeródromos de la guerra Civil en la provincia de Ciudad Real
1936-1939. Ediciones de la Universidad de CLM.
[3]
CAMBRONERO CANO, M. (2017): Guerra Civl española. Aeródromos en las cercanías
de El Robledo. En https://robledoayer.wordpress.com/2017/11/02/guerra-civil-espanola-aerodromos-en-las-cercanias-de-robledo/
[4] BARRAGÁN
FERNÁNDEZ, B. SÁNCHEZ MARTÍN, C. J. (2008 ): La 5ª región aérea: los aeródromos
y su participación en la Guerra Civil en Ciudad Real. En: La guerra civil en Castilla-La Mancha, 70
años después: actas del Congreso Internacional / coord. por Francisco Alía
Miranda, Ángel Ramón del Valle Calzado; Olga Mercedes Morales Encinas.
Ediciones de la Universidad de CLM.