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sábado, 30 de marzo de 2024

La morería de Alcaraz

 

LA MORERÍA DE ALCARAZ

El primer callejero de Alcaraz nos lo proporciona el padrón de alcabalas del año 1561. En este ciertas zonas aparecen con una denominación genérica, a modo de barrios, como la trascasa, el arrabal y la morería, de esta última nos ocuparemos a continuación[1].

Detalle del padrón dónde comienza la Morería y los vecinos que la habitan


La morería, en alusión a una minoría étnica, debió situarse también en la zona tras los muros como corresponde a una comunidad diferenciada por la religión. Una carta del rey Enrique IV, fechada el 25 de marzo de 1447, concedía a los moros que se fueran a vivir a Alcaraz exenciones fiscales hasta que su número superara los cincuenta (Pretel, 1978). Se debió situar sobre la puerta de Morcil, en la ladera del cerro, así se deduce de la descripción que hace el padrón de 1596-1599 cuando menciona la calle de las Losas (término relacionado con los caminos calzados) desde la plaza de arriba hasta la puerta de Morcil y la morería[2]. Es decir, se hallaba en la ladera del cerro de San Cristóbal. 

Los vecinos que la habitan son escasos, tan sólo quince, de estos, ocho no tributan nada, el resto oscila entre los seis reales de los herederos de Salvador García y el escribano Romero de Orgaz, tres reales corresponden al mercader Juan de Coca, real y medio a Juan de Buitrago, y un solo real a Julián Alonso de Toledo y Francisco Serrano. 

Camino de Morcil (hoy no existe el caserío en esta zona) en una fotografía antigua de Pedro Román. Se observa que se ubicaba sobre el vecindario y que comunicaba la plaza de arriba, en el castillo, con la puerta de Morcil.

Existía, por tanto, este grupo minoritario antes de que llegaran los moriscos desterrados de Granada a partir de 1571. La expulsión de este colectivo comenzó en 1501 cuando una Real Pragmática les daba a elegir entre la conversión y el exilio y terminó en 1609 con la salida definitiva de todos ellos. Sucesivas medidas de control y opresión dieron lugar en 1569-70 a la rebelión de las Alpujarras, con su consiguiente expulsión y reparto por varios lugares de Castilla, Valencia y Aragón.

Es importante destacar que, junto a los artesanos y gente de campo, coexistía también una élite morisca culta y con un nivel económico elevado, con insignes médicos y boticarios, escribanos públicos, mercaderes e incluso algunos prestamistas de nobles y clérigos. Los moriscos descendientes de los viejos mudéjares habían logrado un alto grado de alfabetización, y nos legaron abundantes textos aljamiados (se conservan unos 200 manuscritos), novelas (Historia de los amores de Paris y Viana), Tratados sobre creencias populares (Libro de las suertes), leyendas, literatura religiosa y jurídica, de viajes, y poesía (Poema de Yuçuf) (Biblioteca Nacional de España).

Las prendas moriscas se consideraban lujosas y exóticas, así parece ser por un inventario de bienes de doña Isabel Nieto en 1546, que enumera dos argollas de plata moriscas bajas que son de las piernas de moriscas que pesaron siete onzas y media. Además menciona las cosas moriscas que quedaron por bienes del patrimonio del señor don Juan Martínez Guerrero, su marido (AHPAB, signatura 1.113, 2).

Este colectivo no se denomina moro, sino morisco, palabra que significa “cristiano nuevo de moro”. Los moriscos que llegaron a Alcaraz desde Granada han sido estudiados a través de la documentación parroquial por Francisco Javier Moreno Díaz del Campo. Según este autor, la parroquia que contó con más feligreses y se ocupó de su control fue la de San Ignacio (la segunda con este nombre situada en el casco urbano desde 1518). Desde esta parroquia también se procedió al control de los moriscos de aldeas que no contaban con iglesias. Brevemente también había hablado de ellos el padre Pareja en 1740, y los volvía a ubicar en el cerro de San Cristóbal, dónde este padrón también sitúa la morería. Además, el padre Pareja dice que la antigua iglesia de San Ignacio, que según la crónica del arzobispo de Toledo se emplazó en la mezquita mayor, “quedó hecha ermita, colocando en ella una imagen de María Santísima, muy hermosa y antigua, con el título de nuestra Señora de la Blanca, en aquel tiempo de mucha devoción para los ciudadanos de Alcaraz; pero como se bajó del castillo toda la vecindad, y estaba cuesta arriba la devoción, se entibiaron los fervores; y en un todo se arruinó la ermita. Hoy está nuestra señora de la Blanca en la Parroquia de Santa Maria, tan olvidada de los moradores de Alcaraz, como si tal imagen no hubiera en aquel templo. Es tradición, que el titular de la única parroquia, que había en Alcaraz, antes que la ciudad entrase en el dominio de los mahometanos, era nuestra Señora de la Blanca, y que estaba cerca de la puerta Morçil, fuera de los Alcázares”. En 1775, en el registro de la Contaduría de Hipotecas (antecedente del Registro de la Propiedad) se inscribió un majuelo de 3.500 vides en el cerro de San Cristóbal frente de la ermita de Nuestra Señora de Cortes, es decir, aquella Virgen Blanca, que ya no estaba aquí fue sustituida en el devocionario popular por la Virgen de Cortes, tal como decía el padre Pareja unos años antes, en 1740. 

Tenemos, por tanto, un dato muy interesante y es la cercanía de la morería a una de las mezquitas de Alcaraz, pues según Carlos Ayllón la iglesia de Santa María dentro del castillo pudo ser la mezquita principal, siendo la de San Ignacio otra mezquita, consagrada en 1213 por el arzobispo Ximénez de Rada cuyo objetivo era también sustituir el nombre de Alcaraz por Ignatia. San Ignacio no se hallaba dentro del castillo, sino en ladera del cerro y cercana a la puerta de Morçí, próxima a San Miguel. Por cierto, Morçí no significa Murcia -ni siquiera se halla en esa dirección la ciudad- sino que deriva del castellano antiguo “murcio”, con significado de “ladrón”, el que actúa de noche, un nombre mucho más acorde con la situación escondida de esa puerta[1].  



[1] Diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan de Corominas: De la misma familia semántica tenemos, MURCIÉLAGO, 1251. Metátesis de nwrciégalo, h. 1325, que es ampliación de mur ciego, h. 1250, propte. 'ratón ciego'. En varias provincias se dice murceguillo (morc-). Mur 'ratón', del lat. MUS, MURIS, íd., se empleó en toda la Edad Media. De mur- cié/ago es abreviación el jergal murcio 'ladrón', 1609, a quien se le dio este nombre por actuar de noche. http://habilis.udg.edu/~info/webs/Corpus%20i%20diccionaris/Corominas&PascualDCECH/ZBREVE-Joan-Corominas-Diccionario-Etimologico-de-la-lengua-castellana.pdf

Plano de Alcaraz de 1681 con las posibles ubicaciones de las puertas y ermitas. La denominada ·ermita de Nuestra Señora de Cortes", puede ser la antigua mezquita reconvertida en iglesia de San Ignacio tras la toma de Alcaraz en 1213

Estas morerías eran barrios habituales en las ciudades donde vivían pequeñas comunidades separadas del casco urbano, «estaban en vías de asimilación cuando estalló la sublevación de 1568-1570» (Domínguez, 1979: p. 80). En 1516 el cardenal Cisneros dictó una pragmática prohibiendo cualquier costumbre, incluyendo el vestido y la lengua. Tras la llegada de los moriscos deportados, el control sobre esta población determinó su ubicación. Una Real Pragmática de 6 de octubre de 1572 ordenaba que los moriscos no viviesen juntos en un barrio, sino en casas apartadas y que estuvieran entre cristianos viejos, pero está claro que en Alcaraz el barrio siguió denominándose “morería”.

El cerro de San Cristóbal con la ladera bajo el castillo donde se debió ubicar la morería.


BIBLIOGRAFÍA

-        Ayllón Gutiérrez, C. (2008): “Sobre las parroquias de la tierra de Alcaraz a fines de la Edad Media”, en Cultural Albacete, 12-13, pp. 27-33.

-        Ayllón Gutiérrez, C. (2008): Iglesia, territorio y sociedad en La Mancha Oriental (Alcaraz y señorío de Villena durante la Baja Edad Media). Murcia: Universidad. 

-        Moreno Díaz del Campo, F. J. (2004): “Convivencia, control y fe. La práctica sacramental de los moriscos de Alcaraz”. Albacete: Albasit.

-        Pérez de Pareja, fray El (1740): Historia de la primera fundación de Alcaraz y milagroso aparecimiento de Nuestra Señora de Cortes. Valencia.

-        Domínguez Ortiz, A. (1979): Historia de los moriscos, vida y tragedia de una minoría. Madrid: Alianza Editorial.

-     Pretel Marín, A. (1978): Una ciudad castellana en los siglos XIV y XV (Alcaraz 1300-1475). Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses.

-        Archivo General de Simancas. Archivo Real Chancillería de Granada

-        https://www.bne.es/sites/default/files/repositorio-archivos/Expulsixn_moriscos_mxs_informacixn.pdf

 



[1] AGS. Hacienda, legajo 35.

[2]ARCHGR. Signatura 4872, pieza 7.

[3] Diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan de Corominas: De la misma familia semántica tenemos, MURCIÉLAGO, 1251. Metátesis de nwrciégalo, h. 1325, que es ampliación de mur ciego, h. 1250, propte. 'ratón ciego'. En varias provincias se dice murceguillo (morc-). Mur 'ratón', del lat. MUS, MURIS, íd., se empleó en toda la Edad Media. De mur- cié/ago es abreviación el jergal murcio 'ladrón', 1609, a quien se le dio este nombre por actuar de noche. http://habilis.udg.edu/~info/webs/Corpus%20i%20diccionaris/Corominas&PascualDCECH/ZBREVE-Joan-Corominas-Diccionario-Etimologico-de-la-lengua-castellana.pdf

domingo, 3 de marzo de 2024

El Blanco y la cofradía de las ánimas benditas del purgatorio en El Ballestero

El Blanco 



«El Blanco» Y LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO EN EL BALLESTERO

Cada 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, recorre las calles de El Ballestero un singular personaje, «El Blanco», con su característica vestimenta blanca, alforjas y campañilla. Su misión es recolectar dinero -también alimentos en épocas pasadas- con el fin de celebrar misas para sufragio de las ánimas benditas del Purgatorio. El Blanco es un ánima muda, nadie puedo reconocerlo. Por eso lleva la cara y manos cubiertas. Tampoco puede hablar, tan solo toca la campanilla, avisando de su proximidad. La tradición responde a una promesa, que se llevaba a cabo de forma anónima y va cambiando con los años. Antes, la campanilla se dejaba en la ermita de Villalgordo el lunes de Pentecostés, cuando se lleva a la Virgen en romería, y allí, quien antes acudiera, ese la "robaba". Con ese sencillo gesto ya se sabía que ese año había "blanco". Hoy es por lista de espera. Antes, salía al rayar el alba para que nadie supiera cuál era su casa. Ahora, sale de la iglesia.

El Blanco día 28 de diciembre de 2025



Sobre el origen de «El Blanco» se sabe muy poco, pero se intuye que es muy antigua porque todos hemos oído contarla a nuestros mayores, y, estos, a su vez, a los suyos. Se dice que tiene cinco siglos. Se han aventurado varias hipótesis, por ejemplo, Concha Vázquez vincula esta figura a las mascaradas de invierno investigadas por Caro Baroja quien, a su vez, las conecta con las cofradías de ánimas. Otra teoría las relaciona con una repoblación de judíos conversos en el siglo XVII, teoría que desechamos por carecer de fundamento y no contar con base documental.

                Sin embargo, las cofradías de ánimas y las limosnas pedidas el 28 de diciembre para sufragar misas sí tienen relación con los Inocentes. La escasa documentación que hemos encontrado en el Archivo Municipal nos permite conectar al Blanco con la cofradía de las Ánimas. En primer lugar, porque en el año 1796 el cura de El Ballestero, don Manuel Aranos, tuvo que elaborar un informe que le solicitaron desde la Chancillería de Granada sobre la existencia y antigüedad de las cofradías del municipio. El párroco dice no saber la fecha de su creación, pero que, aunque tienen el nombre de hermandades, no se pueden considerar tales, sino que son devoción de los fieles. Por aquellas fechas su fervor había decaído y sólo quedaban tres, la de las Ánimas, la del Santísimo Sacramento y la de Nuestra Señora de la Encarnación. Celebraban los cultos debidos anualmente de limosna sin gravamen particular. Esta información nos proporciona la relación entre las cofradías de El Ballestero y las limosnas con las que celebraban los cultos.

                La relación entre limosnas y culto también se da en Ossa de Montiel, donde en 1770, el informe de cofradías, hermandades, congregaciones, gremios y otras cualesquier fiestas y funciones que conlleven gasto, nos habla de la devoción de las Benditas Ánimas del Purgatorio, compuesta por varias personas que se colegian o unen el martes de carnestolendas de cada año, hacen una soldadesca el martes con ofrecimiento de limosna que dan gratuitamente para invertir en el beneficio y sufragio de dichas benditas ánimas. Y dan también una especie de colación a las personas que participan de pasas, avellanas, garbanzos tostados y vino. En Albacete, la cofradía de las Ánimas vivía de las limosnas que recogía de diversas formas, una de ellas era la petición puerta a puerta (ostiatin) que siempre se hacía de noche y a la luz de las velas (Meya, 125). Otro tanto ocurría en El Bonillo, donde la cofradía de las Ánimas también tenía la costumbre de pedir limosna por las calles y casas para las misas por las ánimas del purgatorio (Fernández)

                En otros lugares de España, como Íllora (Granada), donde sí que se han conservado los libros de constituciones de la cofradía de las Ánimas, se tiene constancia de las obligaciones de la recogida de limosnas y del destino de estas para misas por las almas. Las limosnas se recogían en varias fechas, una de ellas, al igual que en El Ballestero, era el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.

ORIGEN DE LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS

                En estrecha relación con las almas inocentes se encuentra la cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio, hermandad que como tantas otras resurgió con fuerza tras el Concilio de Trento (1545-1563) en el que se impulsaron los ritos propios del catolicismo frente a su negativa por la Reforma Protestante. Uno de ellos fue la exaltación del Purgatorio y las almas detenidas en él que recibirían alivio con los sufragios de los fieles, y, en especial, con las misas. Otros ritos fomentados serían las procesiones y la creación de cofradías.

                A lo largo de los siglos iremos viendo como la cofradía de las Ánimas en El Ballestero será la que reciba más limosnas por parte de los vecinos, raro es el testamento que no destina una parte de dinero a misas por las almas del Purgatorio. Por este motivo llegaron a acumular muchas rentas y bienes. Su popularidad también se debía a su función asistencia y hospitalaria, basada en el socorro al hermano necesitado y la compañía en el entierro. Al fin y al cabo, las cofradías, y sobre todo la de ánimas junto con las parroquias, eran las únicas que disponían de un ataúd, que era usado por toda la comunidad como medio de transporte, ya que el cuerpo se depositaba directamente sobre la tierra. Hasta el siglo XVIII no llegó a extenderse el uso del ataúd individual.

                Las cofradías en El Ballestero eran muy antiguas, debieron surgir poco después del Concilio de Trento porque tenemos una escritura del año 1610 con las cuentas procedentes de las limosnas que a través de los testamentos recogía la cofradía de la Vera Cruz, la de más fervor, y la cuota que pagaban los nuevos cofrades para ingresar en ella. Por lo tanto, debía regirse por sus propias constituciones o normas y tener un mayordomo que controlara las cuentas. Los cofrades estaban obligados a pagar ocho reales al ingresar en ella. Aquel año de 1610 ingresaron seis nuevos miembros, un número muy alto para la población, lo que nos indica que pertenecer a una cofradía era un signo de distinción. Pertenecer a una corporación proporcionaba relevancia social, tanto en las procesiones, funciones, como en los entierros, a los que debía asistir la hermandad completa del difunto con su cruz y hachas encendidas (la luz guiaba el alma) acompañando al difunto desde la casa hasta la iglesia.

En 1614, a través del testamento de un vecino de El Ballestero, llamado Francisco Díaz, sabemos que existían cinco, porque a todas ellas les dejó en las mandas testamentarias dos reales. Sus nombres eran: la Vera Cruz, la de mayor devoción, que tenía una casita en el arrabal y un herreñal -es la única de las cofradías que cuando se elaboró el catastro de la Ensenada, en 1752, declaró bienes-. Le seguía la del Rosario, la del Santísimo Sacramento, la de San Lorenzo, la de las Ánimas y la de Nuestra Señora de Villalgordo.

En el año 1762 la cofradía de las Ánimas aventajó en bienes a la de la Vera Cruz porque compró la mitad de una casa, propiedad de Ana Carretero, en la placeta del Mesón. Las casas (se decía así, en plural, aunque fuera un solo inmueble) aún existe. Su situación se describe así: «lindan por el norte con dicha placeta y fachada del mesón, por oeste con calle que desde dicha placeta va a la de Cantarranas, por el sur con espaldas de las casas de Cristóbal Cabezuelo el mayor, y, este, otros barrios linderos».

Casa en la placeta del mesón comprada por la cofradía de las Ánimas en 1762



                EL DECLIVE DE LAS COFRADÍAS

En el siglo XVIII, las cofradías habían disminuido su influencia. Estas sufrieron diversos ataques desde las más altas instancias. Según un estudio de Mercedes Meya, los Ilustrados encontraban estas prácticas devocionales a los santos y a las reliquias como un estadio próximo a la superstición, al tiempo que veían en las procesiones un escaparate para las vanidades humanas en lugar de reflejar el misterio divino y conmover conciencias. Entre 1768 y 1773 el Conde de Aranda encargó un recuento de las cofradías y hermandades del país para ejercer un mayor control sobre estas prácticas, el conocido como “Expediente General de Cofradías”. En 1783 se decretó la desaparición de todas las cofradías gremiales, dejando solo las del Santísimo Sacramento y las de Ánimas.

                        EL TRAJE DE «EL BLANCO»

El traje se compone de camisa, enaguas largas, caperuza y tela fina que cubre el rostro. En conjunto obedece al que usaban los penitentes, disciplinantes o cofrades que acompañaban a sus respectivas hermandades en las procesiones o rogativas. Aquella vestimenta ya descrita en El Quijote consistía en antifaz, capirote y túnica o enaguas. En el caso de los disciplinantes dejaba al descubierto la espalda para recibir los azotes, aunque estas procesiones por cruentas fueron prohibidas en 1777. El color de las prendas era el blanco, color que, aunque a primera vista nos hace pensar en la pureza, no responde a este concepto, sino a la penitencia.

Imagen de "El Blanco" recorriendo las calles con la típica indumentaria, las alforjas y la campanilla

Para ilustrar lo que comentamos recurriremos a la aventura de don Quijote con los disciplinantes en la que la extraña vestimenta de estos fue la causa del arrebato del caballero: [...] Venían unos hombres vestidos de blanco, a modo de disciplinantes… Don Quijote, que vio los extraños trajes de los disciplinantes, sin pasarle por la memoria las muchas veces que los había de haber visto” […], se encaró con ellos y entabló pelea diciéndoles: “Vosotros, que, quizá por no ser buenos, os encubrís los rostros, atended y escuchad”.  



Imagen: de Ricardo Balaca y Orejas-Canseco ( 1844-1880) para la ed. de "El Quijote" por Montaner y Simón, en Barcelona, 1880-1883.

 

Penitente de la cofradía de Nuestra Señora de la Anunciación en una estampa del año 1583



Fuentes y bibliografía:

-       Documentación del Archivo Histórico Provincial de Albacete

     FERNÁNDEZ CHILLERÓN, Ramón: (1782-2007), 225 años caminando con el Nazareno. Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Historia de una cofradía. El Bonillo: ayuntamiento.

     MEYA ÍÑIGUEZ, Merecedes: Albacete antiguo. Las devociones perdidas. Albacete: IEA, 2001.    

 VvÁZQUEZ SÁNCHEZ, Concepción: “El Blanco o Ánima muda : una mascarada de inocentes en El Ballestero”. En Albasit, n.º 23, 1987.

VERDEJO MARTÍN, Antonio: “La cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio de Íllora”. https://www.historia-illora.com/wp-content/uploads/2020/06/1-Resumen-Hist%C3%B3rico.pdf


 






martes, 20 de febrero de 2024

Un romance morisco emparedado en el monasterio de La Encarnación de Albacete

UN ROMANCE MORISCO EMPAREDADO EN EL MONASTERIO DE LA ENCARNACIÓN DE ALBACETE

En la sombra de los muros de un convento permaneció durmiendo e ignorado durante cuatrocientos años un poema morisco; sueño del que fue rescatado, fortuitamente, al realizar una obra de acondicionamiento en el antiguo refectorio de las monjas en el año 1982 durante las obras de restauración del antiguo convento.
    Posteriormente fue depositado en el Archivo Histórico Provincial, donde se encuentra.
Al parecer, un albañil, realizando una roza para la instalación eléctrica, encontró esta hoja de papel enrollada en un pequeño hueco del muro cerca del artesonado del alto techo, posteriormente, y a través de una antigua alumna, llegó a los profesores Aurelio Pretel, Alfonso Santamaría, Luis Guillermo García-Saúco y Francisco Mendoza quienes lo transcribieron y estudiaron.
    El manuscrito constituye, según F. Mendoza, la versión más extensa conocida de un curioso poema titulado “Coplas de Antequera” o “Coplas de la morica de Antequera”, de las que se conservan textos similares del Siglo de Oro. La hoja mide 30 x 21‘5 cm. y está escrita por una sola cara a tres columnas con letra humanística cursiva de finales del siglo XVI o primeros años del XVII. Los primeros versos rezan así:

“ Si ganada es Antequera,

ojalá Granada fuera.

yo me levantara un lunes

por mirar bien Antequera

y vi morica garrida

pasear por la varrera [...]”

El texto es un poema de 106 versos octosílabos, con lagunas debido a los trozos que faltan por el paso natural del tiempo y su precaria ubicación


    Inmediatamente pensamos en quien sería el autor o autora de esta copia, que debió tener tradición oral, o en su receptor o receptora ¿Quién y por qué lo ocultó como si fuera un tesoro?, ¿quizá uno de los obreros que instaló el artesonado? ¿quizá una religiosa que gustaba de las coplas y que la pudo recibir de su galán de monja? Porque existieron aquellos enamorados platónicos, de los que nos da cuenta la literatura medieval y del Siglo de Oro, con muy pocas posibilidades de materializar el amor, salvo el intercambio de unas cuartillas, la conversación a través de la reja de una ventana... Nunca lo sabremos, lo único claro es que la ocultación revela su estima y la precaución; siempre se puede volver a rescatar un recuerdo escondido, sólo hace falta conocer su lugar. Al mismo tiempo se aparta de miradas indiscretas o inquisidoras.
    El manuscrito está cargado de palabras árabes: “Alá y grai”- en el verso 10- así saluda la morica a su galán. A continuación, otro arabismo, “Rei rangei”, nos hace pensar en los moriscos, que los hubo en Albacete en esta época, y muchos porque habían sido deportados desde Granada por Felipe II y se asentaron en la villa en 1570. Según Alfonso Santamaría su número oscilaría entre los 1000 y 1500 que se sumados a los 5.200 habitantes autóctonos nos da la cifra más alta de población de todo el siglo XVI. Deliberadamente el concejo ubicó a los moriscos mezclados entre los cristianos viejos, procurando evitar las concentraciones de éstos ante el miedo a conspiraciones o afianzamiento de grupo.

HISTORIA DEL CONVENTO DE FRANCISCANAS TERCIARIAS DE LA ENCARNACIÓN (ACTUAL CENTRO CULTURAL DE LA ASUNCIÓN)

    Con respecto al convento también conservamos en el Archivo el documento más antiguo que trata sobre su formación:
    Corría el año de 1479 cuando la “dueña viuda que estuvo casada” Marina Álvarez Marco y sus hijas Mariana y Catalina se recluyeron en su casa a llevar una vida de oración y recogimiento abrazando la tercera regla de San Francisco. Conocemos por una Real Cédula del año 1491 que la dueña y sus hijas habían conseguido eximirse de pagar impuestos al haber tomado hábitos, por ello habían obtenido unas cartas del concejo en que les ratificaban tal exención e incluso la devolución de todo lo que habían pagado, el asunto suponía contravenir las leyes y ordenamientos jurídicos en vigor que obligaban a “pechar” a todos los religiosos.

Real Cédula de los Reyes Católicos sobre la exención de impuestos conseguida por las beatas fundadoras del convento de la Encarnación. AHPAB. Planero 1, carpeta 12.


    Que duda cabe de que la dueña y sus hijas tenían influencias y estarían emparentadas con los altos cargos municipales, así se desprende de otro documento fechado en 1557 cuando se bendice el monasterio de la Encarnación , en aquel año la comunidad la formaban veintiséis religiosas, entre ellas se encuentra todavía Catalina, la hija de la fundadora. La solemnidad del acto nos permite conocer los nombres de los regidores y frailes de misa que asisten al acto. La coincidencia de apellidos entre los cargos municipales y las monjas nos muestran que las religiosas de velo negro o alto grado procedían de la oligarquía albacetense.

    La provisión real suponemos que influiría en la creación del convento pues uno de los argumentos esgrimidos para que las religiosas cumplieran con sus obligaciones fiscales radicaba en que madre e hijas poseían una buena hacienda y el tomar los hábitos no había sido óbice para que ellas, más los tres hermanos varones, hubieran continuado con sus tratos y mercaderías; advierte el documento -con acertado criterio- del peligro que supondría conceder este privilegio, pues todas las viudas que se recogiesen en su casa y vistieran hábito tendrían el mismo derecho a su disfrute, lo que repercutiría negativamente en la recaudación de las rentas reales. Los reyes en esta Real Cédula, firmada de su puño y letra, anulan el acuerdo concejil y ordenan que esta viuda y sus hijas paguen sus impuestos, salvo que se recluyan en un monasterio y cedan sus bienes a la comunidad religiosa, como así vemos que ocurrió en 1557.

LA DESAMORTIZACIÓN Y LA FUNDACIÓN DE LA CASA DE MATERNIDAD


    El convento se clausuró en 1843, cuando las monjas, que no llegaban a la docena, tuvieron que marcharse a Hellín. El edificio pasó al Estado como bienes nacionales, posteriormente se habilitó para presidio correccional, hubo un intento de convertirlo en Instituto de Segunda Enseñanza, para cederlo finalmente a la Diputación Provincial. Allí se estableció el 19 de julio de 1844 la Casa de Maternidad y Expósitos, aunque según Roa Erostarbe no comenzó a funcionar hasta 1846 en que se encargan de este establecimiento siete hermanas de la Caridad.
1923-28. Memoria de desenvolvimiento de la Diputación Provincial. Archivo de la Diputación de Albacete. A la izquierda la iglesia, a la derecha una de las alas del claustro acristalada.


    La institución transformó su nombre por acuerdo de la Comisión Gestora, de Casa de Maternidad pasó a Casa Cuna en 1936 y allí estuvo hasta 1955 en que se creó el Internado Benéfico, aunque existía desde 1949 un pabellón de Maternidad en el Hospital de San Julián.
Desde 1955 hasta 1978 en que comenzó a gestionarse la restauración el edificio, este fue deteriorándose como demuestran las fotografías que acompañan este artículo, sin embargo, una parte se utilizó como Real Conservatorio Elemental de Música, y siguió con culto la iglesia de La Asunción hasta 1970, aproximadamente, en que el obispado trasladó su función a la nueva parroquia del mismo nombre. Las obras corrieron por cuenta de la Diputación de Albacete en colaboración con el Instituto Nacional de Empleo y el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo.
Aspecto del claustro antes de la restauración 















Aspecto durante la restauración de los años 1982-83. Se aprecia el claustro del siglo XVI con sus dos órdenes de columnas, jónicas en el inferior y toscanas en el superior. 


    Por Real Decreto 4048/1982 fue declarada monumento histórico-artístico de carácter nacional la iglesia de La Asunción.
    Desde 1985 ha sido sede del Instituto de Estudios Albacetenses, compartiendo edificio con el Conservatorio de Música y sala de exposiciones (todos dependientes de la Diputación Provincial), aunque, presumiblemente, el Instituto de Estudios Albacetenses tiene previsto su traslado en el presente año al conocido como chalet Fontecha en la calle Ancha.


BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN:
MENDOZA DÍAZ-MAROTO, Francisco: “un nuevo manuscrito emparedado de fines del siglo XVI” en Albasit, nº 12. IEA, 1982
GARCÍA-SAÚCO BELÉNDEZ, Luis Guillermo: Centro cultural de la Asunción. 2012. Instituto de Estudios Albacetenses.
SANTAMARÍA CONDE, Alfonso: “Albacete en la segunda mitad del XVI. Los grupos marginados”. Cultural Albacete, nº 16, 1985.
MESEGUER, Fr. Juan: “Bendición del monasterio de la Encarnación de Albacete”, año de 1557. En Albasit nº 9. IEA, 1981.
ROA EROSTARBE, Joaquín: Crónica de la Provincia de Albacete. 1898
MARTÍNEZ-GÓMEZ SIMÓN, Luis Miguel: Las instituciones de atención social al menor en la ciudad de Albacete. Instituto de Estudios Albacetenses, 2002
AHPAB. Documentación del Planero 1 y del fondo B. Beltrán

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