«El Blanco» Y LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO EN EL BALLESTERO
Cada 28 de diciembre, día de los
Santos Inocentes, recorre las calles de El Ballestero un singular personaje, «El
Blanco»,
con su característica vestimenta blanca, alforjas y campañilla. Su misión es
recolectar dinero -también alimentos en épocas pasadas- con el fin de celebrar
misas para sufragio de las ánimas benditas del Purgatorio. El Blanco es un ánima muda, nadie puedo reconocerlo. Por eso lleva la cara y manos cubiertas. Tampoco puede hablar, tan solo toca la campanilla, avisando de su proximidad. La tradición responde a una promesa, que se llevaba a cabo de forma anónima y va cambiando con los años. Antes, la campanilla se dejaba en la ermita de Villalgordo el lunes de Pentecostés, cuando se lleva a la Virgen en romería, y allí, quien antes acudiera, ese la "robaba". Con ese sencillo gesto ya se sabía que ese año había "blanco". Hoy es por lista de espera. Antes, salía al rayar el alba para que nadie supiera cuál era su casa. Ahora, sale de la iglesia.
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| El Blanco día 28 de diciembre de 2025 |
Sobre el
origen de «El Blanco» se sabe muy poco, pero se intuye que es muy antigua
porque todos hemos oído contarla a nuestros mayores, y, estos, a su vez, a los
suyos. Se dice que tiene cinco siglos. Se han aventurado varias hipótesis, por
ejemplo, Concha Vázquez vincula esta figura a las mascaradas de invierno
investigadas por Caro Baroja quien, a su vez, las conecta con las cofradías de
ánimas. Otra teoría las relaciona con una repoblación de judíos conversos en el
siglo XVII, teoría que desechamos por carecer de fundamento y no contar con
base documental.
Sin
embargo, las cofradías de ánimas y las limosnas pedidas el 28 de diciembre para
sufragar misas sí tienen relación con los Inocentes. La escasa documentación
que hemos encontrado en el Archivo Municipal nos permite conectar al Blanco con
la cofradía de las Ánimas. En primer lugar, porque en el año 1796 el cura de El
Ballestero, don Manuel Aranos, tuvo que elaborar un informe que le solicitaron
desde la Chancillería de Granada sobre la existencia y antigüedad de las cofradías
del municipio. El párroco dice no saber la fecha de su creación, pero que,
aunque tienen el nombre de hermandades, no se pueden considerar tales, sino que
son devoción de los fieles. Por aquellas fechas su fervor había decaído y sólo
quedaban tres, la de las Ánimas, la del Santísimo Sacramento y la de Nuestra
Señora de la Encarnación. Celebraban los cultos debidos anualmente de limosna
sin gravamen particular. Esta información nos proporciona la relación entre las
cofradías de El Ballestero y las limosnas con las que celebraban los cultos.
La
relación entre limosnas y culto también se da en Ossa de Montiel, donde en
1770, el informe de cofradías, hermandades, congregaciones, gremios y otras
cualesquier fiestas y funciones que conlleven gasto, nos habla de la devoción de
las Benditas Ánimas del Purgatorio, compuesta por varias personas que se
colegian o unen el martes de carnestolendas de cada año, hacen una soldadesca
el martes con ofrecimiento de limosna que dan gratuitamente para invertir en el
beneficio y sufragio de dichas benditas ánimas. Y dan también una especie de
colación a las personas que participan de pasas, avellanas, garbanzos tostados
y vino. En Albacete, la cofradía de las Ánimas vivía de las limosnas que recogía de diversas formas, una de ellas era la petición puerta a puerta (ostiatin) que siempre se hacía de noche y a la luz de las velas (Meya, 125). Otro tanto ocurría en El Bonillo, donde la cofradía de las Ánimas también tenía la costumbre de pedir limosna por las calles y casas para las misas por las ánimas del purgatorio (Fernández)
En
otros lugares de España, como Íllora (Granada), donde sí que se han conservado
los libros de constituciones de la cofradía de las Ánimas, se tiene constancia
de las obligaciones de la recogida de limosnas y del destino de estas para misas
por las almas. Las limosnas se recogían en varias fechas, una de ellas, al
igual que en El Ballestero, era el 28 de diciembre, día de los Santos
Inocentes.
ORIGEN DE LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS
En
estrecha relación con las almas inocentes se encuentra la cofradía de las
Ánimas Benditas del Purgatorio, hermandad que como tantas otras resurgió con
fuerza tras el Concilio de Trento (1545-1563) en el que se impulsaron los ritos
propios del catolicismo frente a su negativa por la Reforma Protestante. Uno de
ellos fue la exaltación del Purgatorio y las almas detenidas en él que
recibirían alivio con los sufragios de los fieles, y, en especial, con las
misas. Otros ritos fomentados serían las procesiones y la creación de
cofradías.
A
lo largo de los siglos iremos viendo como la cofradía de las Ánimas en El
Ballestero será la que reciba más limosnas por parte de los vecinos, raro es el
testamento que no destina una parte de dinero a misas por las almas del
Purgatorio. Por este motivo llegaron a acumular muchas rentas y bienes. Su
popularidad también se debía a su función asistencia y hospitalaria, basada en
el socorro al hermano necesitado y la compañía en el entierro. Al fin y al
cabo, las cofradías, y sobre todo la de ánimas junto con las parroquias, eran
las únicas que disponían de un ataúd, que era usado por toda la comunidad como
medio de transporte, ya que el cuerpo se depositaba directamente sobre la
tierra. Hasta el siglo XVIII no llegó a extenderse el uso del ataúd individual.
Las
cofradías en El Ballestero eran muy antiguas, debieron surgir poco después del
Concilio de Trento porque tenemos una escritura del año 1610 con las cuentas
procedentes de las limosnas que a través de los testamentos recogía la cofradía
de la Vera Cruz, la de más fervor, y la cuota que pagaban los nuevos cofrades
para ingresar en ella. Por lo tanto, debía regirse por sus propias
constituciones o normas y tener un mayordomo que controlara las cuentas. Los
cofrades estaban obligados a pagar ocho reales al ingresar en ella. Aquel año
de 1610 ingresaron seis nuevos miembros, un número muy alto para la población,
lo que nos indica que pertenecer a una cofradía era un signo de distinción.
Pertenecer a una corporación proporcionaba relevancia social, tanto en las
procesiones, funciones, como en los entierros, a los que debía asistir la hermandad
completa del difunto con su cruz y hachas encendidas (la luz guiaba el alma)
acompañando al difunto desde la casa hasta la iglesia.
En 1614, a
través del testamento de un vecino de El Ballestero, llamado Francisco Díaz,
sabemos que existían cinco, porque a todas ellas les dejó en las mandas
testamentarias dos reales. Sus nombres eran: la Vera Cruz, la de mayor devoción,
que tenía una casita en el arrabal y un herreñal -es la única de las cofradías
que cuando se elaboró el catastro de la Ensenada, en 1752, declaró bienes-. Le
seguía la del Rosario, la del Santísimo Sacramento, la de San Lorenzo, la de
las Ánimas y la de Nuestra Señora de Villalgordo.
En el año 1762 la cofradía de las Ánimas aventajó en bienes a la de la Vera Cruz porque compró la mitad de una casa, propiedad de Ana Carretero, en la placeta del Mesón. Las casas (se decía así, en plural, aunque fuera un solo inmueble) aún existe. Su situación se describe así: «lindan por el norte con dicha placeta y fachada del mesón, por oeste con calle que desde dicha placeta va a la de Cantarranas, por el sur con espaldas de las casas de Cristóbal Cabezuelo el mayor, y, este, otros barrios linderos».
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| Casa en la placeta del mesón comprada por la cofradía de las Ánimas en 1762 |
EL DECLIVE DE LAS COFRADÍAS
En el siglo
XVIII, las cofradías habían disminuido su influencia. Estas sufrieron diversos
ataques desde las más altas instancias. Según un estudio de Mercedes Meya, los Ilustrados
encontraban estas prácticas devocionales a los santos y a las reliquias como un
estadio próximo a la superstición, al tiempo que veían en las procesiones un
escaparate para las vanidades humanas en lugar de reflejar el misterio divino y
conmover conciencias. Entre 1768 y 1773 el Conde de Aranda encargó un recuento
de las cofradías y hermandades del país para ejercer un mayor control sobre
estas prácticas, el conocido como “Expediente General de Cofradías”. En 1783 se
decretó la desaparición de todas las cofradías gremiales, dejando solo las del
Santísimo Sacramento y las de Ánimas.
EL TRAJE DE «EL BLANCO»
El traje se compone de camisa, enaguas largas, caperuza y tela fina que cubre el rostro. En conjunto obedece al que usaban los penitentes, disciplinantes o cofrades que acompañaban a sus respectivas hermandades en las procesiones o rogativas. Aquella vestimenta ya descrita en El Quijote consistía en antifaz, capirote y túnica o enaguas. En el caso de los disciplinantes dejaba al descubierto la espalda para recibir los azotes, aunque estas procesiones por cruentas fueron prohibidas en 1777. El color de las prendas era el blanco, color que, aunque a primera vista nos hace pensar en la pureza, no responde a este concepto, sino a la penitencia.
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| Imagen de "El Blanco" recorriendo las calles con la típica indumentaria, las alforjas y la campanilla |
Para ilustrar lo que comentamos recurriremos a la aventura de don Quijote con los disciplinantes en la que la extraña vestimenta de estos fue la causa del arrebato del caballero: [...] Venían unos hombres vestidos de blanco, a modo de disciplinantes… Don Quijote, que vio los extraños trajes de los disciplinantes, sin pasarle por la memoria las muchas veces que los había de haber visto” […], se encaró con ellos y entabló pelea diciéndoles: “Vosotros, que, quizá por no ser buenos, os encubrís los rostros, atended y escuchad”.
Imagen: de Ricardo Balaca y Orejas-Canseco ( 1844-1880) para la ed. de
"El Quijote" por Montaner y Simón, en Barcelona, 1880-1883.
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| Penitente de la cofradía de Nuestra Señora de la Anunciación en una estampa del año 1583 |
Fuentes y bibliografía:
- Documentación del Archivo Histórico Provincial
de Albacete
FERNÁNDEZ CHILLERÓN, Ramón: (1782-2007), 225 años caminando con el Nazareno. Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Historia de una cofradía. El Bonillo: ayuntamiento.
MEYA ÍÑIGUEZ, Merecedes: Albacete antiguo. Las devociones perdidas. Albacete: IEA, 2001.
VvÁZQUEZ SÁNCHEZ, Concepción: “El Blanco o Ánima muda : una mascarada de inocentes en El Ballestero”. En Albasit, n.º 23, 1987.






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