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domingo, 3 de marzo de 2024

El Blanco y la cofradía de las ánimas benditas del purgatorio en El Ballestero

El Blanco 



«El Blanco» Y LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO EN EL BALLESTERO

Cada 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, recorre las calles de El Ballestero un singular personaje, «El Blanco», con su característica vestimenta blanca, alforjas y campañilla. Su misión es recolectar dinero -también alimentos en épocas pasadas- con el fin de celebrar misas para sufragio de las ánimas benditas del Purgatorio. El Blanco es un ánima muda, nadie puedo reconocerlo. Por eso lleva la cara y manos cubiertas. Tampoco puede hablar, tan solo toca la campanilla, avisando de su proximidad. La tradición responde a una promesa, que se llevaba a cabo de forma anónima y va cambiando con los años. Antes, la campanilla se dejaba en la ermita de Villalgordo el lunes de Pentecostés, cuando se lleva a la Virgen en romería, y allí, quien antes acudiera, ese la "robaba". Con ese sencillo gesto ya se sabía que ese año había "blanco". Hoy es por lista de espera. Antes, salía al rayar el alba para que nadie supiera cuál era su casa. Ahora, sale de la iglesia.

El Blanco día 28 de diciembre de 2025



Sobre el origen de «El Blanco» se sabe muy poco, pero se intuye que es muy antigua porque todos hemos oído contarla a nuestros mayores, y, estos, a su vez, a los suyos. Se dice que tiene cinco siglos. Se han aventurado varias hipótesis, por ejemplo, Concha Vázquez vincula esta figura a las mascaradas de invierno investigadas por Caro Baroja quien, a su vez, las conecta con las cofradías de ánimas. Otra teoría las relaciona con una repoblación de judíos conversos en el siglo XVII, teoría que desechamos por carecer de fundamento y no contar con base documental.

                Sin embargo, las cofradías de ánimas y las limosnas pedidas el 28 de diciembre para sufragar misas sí tienen relación con los Inocentes. La escasa documentación que hemos encontrado en el Archivo Municipal nos permite conectar al Blanco con la cofradía de las Ánimas. En primer lugar, porque en el año 1796 el cura de El Ballestero, don Manuel Aranos, tuvo que elaborar un informe que le solicitaron desde la Chancillería de Granada sobre la existencia y antigüedad de las cofradías del municipio. El párroco dice no saber la fecha de su creación, pero que, aunque tienen el nombre de hermandades, no se pueden considerar tales, sino que son devoción de los fieles. Por aquellas fechas su fervor había decaído y sólo quedaban tres, la de las Ánimas, la del Santísimo Sacramento y la de Nuestra Señora de la Encarnación. Celebraban los cultos debidos anualmente de limosna sin gravamen particular. Esta información nos proporciona la relación entre las cofradías de El Ballestero y las limosnas con las que celebraban los cultos.

                La relación entre limosnas y culto también se da en Ossa de Montiel, donde en 1770, el informe de cofradías, hermandades, congregaciones, gremios y otras cualesquier fiestas y funciones que conlleven gasto, nos habla de la devoción de las Benditas Ánimas del Purgatorio, compuesta por varias personas que se colegian o unen el martes de carnestolendas de cada año, hacen una soldadesca el martes con ofrecimiento de limosna que dan gratuitamente para invertir en el beneficio y sufragio de dichas benditas ánimas. Y dan también una especie de colación a las personas que participan de pasas, avellanas, garbanzos tostados y vino. En Albacete, la cofradía de las Ánimas vivía de las limosnas que recogía de diversas formas, una de ellas era la petición puerta a puerta (ostiatin) que siempre se hacía de noche y a la luz de las velas (Meya, 125). Otro tanto ocurría en El Bonillo, donde la cofradía de las Ánimas también tenía la costumbre de pedir limosna por las calles y casas para las misas por las ánimas del purgatorio (Fernández)

                En otros lugares de España, como Íllora (Granada), donde sí que se han conservado los libros de constituciones de la cofradía de las Ánimas, se tiene constancia de las obligaciones de la recogida de limosnas y del destino de estas para misas por las almas. Las limosnas se recogían en varias fechas, una de ellas, al igual que en El Ballestero, era el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.

ORIGEN DE LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS

                En estrecha relación con las almas inocentes se encuentra la cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio, hermandad que como tantas otras resurgió con fuerza tras el Concilio de Trento (1545-1563) en el que se impulsaron los ritos propios del catolicismo frente a su negativa por la Reforma Protestante. Uno de ellos fue la exaltación del Purgatorio y las almas detenidas en él que recibirían alivio con los sufragios de los fieles, y, en especial, con las misas. Otros ritos fomentados serían las procesiones y la creación de cofradías.

                A lo largo de los siglos iremos viendo como la cofradía de las Ánimas en El Ballestero será la que reciba más limosnas por parte de los vecinos, raro es el testamento que no destina una parte de dinero a misas por las almas del Purgatorio. Por este motivo llegaron a acumular muchas rentas y bienes. Su popularidad también se debía a su función asistencia y hospitalaria, basada en el socorro al hermano necesitado y la compañía en el entierro. Al fin y al cabo, las cofradías, y sobre todo la de ánimas junto con las parroquias, eran las únicas que disponían de un ataúd, que era usado por toda la comunidad como medio de transporte, ya que el cuerpo se depositaba directamente sobre la tierra. Hasta el siglo XVIII no llegó a extenderse el uso del ataúd individual.

                Las cofradías en El Ballestero eran muy antiguas, debieron surgir poco después del Concilio de Trento porque tenemos una escritura del año 1610 con las cuentas procedentes de las limosnas que a través de los testamentos recogía la cofradía de la Vera Cruz, la de más fervor, y la cuota que pagaban los nuevos cofrades para ingresar en ella. Por lo tanto, debía regirse por sus propias constituciones o normas y tener un mayordomo que controlara las cuentas. Los cofrades estaban obligados a pagar ocho reales al ingresar en ella. Aquel año de 1610 ingresaron seis nuevos miembros, un número muy alto para la población, lo que nos indica que pertenecer a una cofradía era un signo de distinción. Pertenecer a una corporación proporcionaba relevancia social, tanto en las procesiones, funciones, como en los entierros, a los que debía asistir la hermandad completa del difunto con su cruz y hachas encendidas (la luz guiaba el alma) acompañando al difunto desde la casa hasta la iglesia.

En 1614, a través del testamento de un vecino de El Ballestero, llamado Francisco Díaz, sabemos que existían cinco, porque a todas ellas les dejó en las mandas testamentarias dos reales. Sus nombres eran: la Vera Cruz, la de mayor devoción, que tenía una casita en el arrabal y un herreñal -es la única de las cofradías que cuando se elaboró el catastro de la Ensenada, en 1752, declaró bienes-. Le seguía la del Rosario, la del Santísimo Sacramento, la de San Lorenzo, la de las Ánimas y la de Nuestra Señora de Villalgordo.

En el año 1762 la cofradía de las Ánimas aventajó en bienes a la de la Vera Cruz porque compró la mitad de una casa, propiedad de Ana Carretero, en la placeta del Mesón. Las casas (se decía así, en plural, aunque fuera un solo inmueble) aún existe. Su situación se describe así: «lindan por el norte con dicha placeta y fachada del mesón, por oeste con calle que desde dicha placeta va a la de Cantarranas, por el sur con espaldas de las casas de Cristóbal Cabezuelo el mayor, y, este, otros barrios linderos».

Casa en la placeta del mesón comprada por la cofradía de las Ánimas en 1762



                EL DECLIVE DE LAS COFRADÍAS

En el siglo XVIII, las cofradías habían disminuido su influencia. Estas sufrieron diversos ataques desde las más altas instancias. Según un estudio de Mercedes Meya, los Ilustrados encontraban estas prácticas devocionales a los santos y a las reliquias como un estadio próximo a la superstición, al tiempo que veían en las procesiones un escaparate para las vanidades humanas en lugar de reflejar el misterio divino y conmover conciencias. Entre 1768 y 1773 el Conde de Aranda encargó un recuento de las cofradías y hermandades del país para ejercer un mayor control sobre estas prácticas, el conocido como “Expediente General de Cofradías”. En 1783 se decretó la desaparición de todas las cofradías gremiales, dejando solo las del Santísimo Sacramento y las de Ánimas.

                        EL TRAJE DE «EL BLANCO»

El traje se compone de camisa, enaguas largas, caperuza y tela fina que cubre el rostro. En conjunto obedece al que usaban los penitentes, disciplinantes o cofrades que acompañaban a sus respectivas hermandades en las procesiones o rogativas. Aquella vestimenta ya descrita en El Quijote consistía en antifaz, capirote y túnica o enaguas. En el caso de los disciplinantes dejaba al descubierto la espalda para recibir los azotes, aunque estas procesiones por cruentas fueron prohibidas en 1777. El color de las prendas era el blanco, color que, aunque a primera vista nos hace pensar en la pureza, no responde a este concepto, sino a la penitencia.

Imagen de "El Blanco" recorriendo las calles con la típica indumentaria, las alforjas y la campanilla

Para ilustrar lo que comentamos recurriremos a la aventura de don Quijote con los disciplinantes en la que la extraña vestimenta de estos fue la causa del arrebato del caballero: [...] Venían unos hombres vestidos de blanco, a modo de disciplinantes… Don Quijote, que vio los extraños trajes de los disciplinantes, sin pasarle por la memoria las muchas veces que los había de haber visto” […], se encaró con ellos y entabló pelea diciéndoles: “Vosotros, que, quizá por no ser buenos, os encubrís los rostros, atended y escuchad”.  



Imagen: de Ricardo Balaca y Orejas-Canseco ( 1844-1880) para la ed. de "El Quijote" por Montaner y Simón, en Barcelona, 1880-1883.

 

Penitente de la cofradía de Nuestra Señora de la Anunciación en una estampa del año 1583



Fuentes y bibliografía:

-       Documentación del Archivo Histórico Provincial de Albacete

     FERNÁNDEZ CHILLERÓN, Ramón: (1782-2007), 225 años caminando con el Nazareno. Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Historia de una cofradía. El Bonillo: ayuntamiento.

     MEYA ÍÑIGUEZ, Merecedes: Albacete antiguo. Las devociones perdidas. Albacete: IEA, 2001.    

 VvÁZQUEZ SÁNCHEZ, Concepción: “El Blanco o Ánima muda : una mascarada de inocentes en El Ballestero”. En Albasit, n.º 23, 1987.

VERDEJO MARTÍN, Antonio: “La cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio de Íllora”. https://www.historia-illora.com/wp-content/uploads/2020/06/1-Resumen-Hist%C3%B3rico.pdf


 






martes, 20 de febrero de 2024

Un romance morisco emparedado en el monasterio de La Encarnación de Albacete

UN ROMANCE MORISCO EMPAREDADO EN EL MONASTERIO DE LA ENCARNACIÓN DE ALBACETE

En la sombra de los muros de un convento permaneció durmiendo e ignorado durante cuatrocientos años un poema morisco; sueño del que fue rescatado, fortuitamente, al realizar una obra de acondicionamiento en el antiguo refectorio de las monjas en el año 1982 durante las obras de restauración del antiguo convento.
    Posteriormente fue depositado en el Archivo Histórico Provincial, donde se encuentra.
Al parecer, un albañil, realizando una roza para la instalación eléctrica, encontró esta hoja de papel enrollada en un pequeño hueco del muro cerca del artesonado del alto techo, posteriormente, y a través de una antigua alumna, llegó a los profesores Aurelio Pretel, Alfonso Santamaría, Luis Guillermo García-Saúco y Francisco Mendoza quienes lo transcribieron y estudiaron.
    El manuscrito constituye, según F. Mendoza, la versión más extensa conocida de un curioso poema titulado “Coplas de Antequera” o “Coplas de la morica de Antequera”, de las que se conservan textos similares del Siglo de Oro. La hoja mide 30 x 21‘5 cm. y está escrita por una sola cara a tres columnas con letra humanística cursiva de finales del siglo XVI o primeros años del XVII. Los primeros versos rezan así:

“ Si ganada es Antequera,

ojalá Granada fuera.

yo me levantara un lunes

por mirar bien Antequera

y vi morica garrida

pasear por la varrera [...]”

El texto es un poema de 106 versos octosílabos, con lagunas debido a los trozos que faltan por el paso natural del tiempo y su precaria ubicación


    Inmediatamente pensamos en quien sería el autor o autora de esta copia, que debió tener tradición oral, o en su receptor o receptora ¿Quién y por qué lo ocultó como si fuera un tesoro?, ¿quizá uno de los obreros que instaló el artesonado? ¿quizá una religiosa que gustaba de las coplas y que la pudo recibir de su galán de monja? Porque existieron aquellos enamorados platónicos, de los que nos da cuenta la literatura medieval y del Siglo de Oro, con muy pocas posibilidades de materializar el amor, salvo el intercambio de unas cuartillas, la conversación a través de la reja de una ventana... Nunca lo sabremos, lo único claro es que la ocultación revela su estima y la precaución; siempre se puede volver a rescatar un recuerdo escondido, sólo hace falta conocer su lugar. Al mismo tiempo se aparta de miradas indiscretas o inquisidoras.
    El manuscrito está cargado de palabras árabes: “Alá y grai”- en el verso 10- así saluda la morica a su galán. A continuación, otro arabismo, “Rei rangei”, nos hace pensar en los moriscos, que los hubo en Albacete en esta época, y muchos porque habían sido deportados desde Granada por Felipe II y se asentaron en la villa en 1570. Según Alfonso Santamaría su número oscilaría entre los 1000 y 1500 que se sumados a los 5.200 habitantes autóctonos nos da la cifra más alta de población de todo el siglo XVI. Deliberadamente el concejo ubicó a los moriscos mezclados entre los cristianos viejos, procurando evitar las concentraciones de éstos ante el miedo a conspiraciones o afianzamiento de grupo.

HISTORIA DEL CONVENTO DE FRANCISCANAS TERCIARIAS DE LA ENCARNACIÓN (ACTUAL CENTRO CULTURAL DE LA ASUNCIÓN)

    Con respecto al convento también conservamos en el Archivo el documento más antiguo que trata sobre su formación:
    Corría el año de 1479 cuando la “dueña viuda que estuvo casada” Marina Álvarez Marco y sus hijas Mariana y Catalina se recluyeron en su casa a llevar una vida de oración y recogimiento abrazando la tercera regla de San Francisco. Conocemos por una Real Cédula del año 1491 que la dueña y sus hijas habían conseguido eximirse de pagar impuestos al haber tomado hábitos, por ello habían obtenido unas cartas del concejo en que les ratificaban tal exención e incluso la devolución de todo lo que habían pagado, el asunto suponía contravenir las leyes y ordenamientos jurídicos en vigor que obligaban a “pechar” a todos los religiosos.

Real Cédula de los Reyes Católicos sobre la exención de impuestos conseguida por las beatas fundadoras del convento de la Encarnación. AHPAB. Planero 1, carpeta 12.


    Que duda cabe de que la dueña y sus hijas tenían influencias y estarían emparentadas con los altos cargos municipales, así se desprende de otro documento fechado en 1557 cuando se bendice el monasterio de la Encarnación , en aquel año la comunidad la formaban veintiséis religiosas, entre ellas se encuentra todavía Catalina, la hija de la fundadora. La solemnidad del acto nos permite conocer los nombres de los regidores y frailes de misa que asisten al acto. La coincidencia de apellidos entre los cargos municipales y las monjas nos muestran que las religiosas de velo negro o alto grado procedían de la oligarquía albacetense.

    La provisión real suponemos que influiría en la creación del convento pues uno de los argumentos esgrimidos para que las religiosas cumplieran con sus obligaciones fiscales radicaba en que madre e hijas poseían una buena hacienda y el tomar los hábitos no había sido óbice para que ellas, más los tres hermanos varones, hubieran continuado con sus tratos y mercaderías; advierte el documento -con acertado criterio- del peligro que supondría conceder este privilegio, pues todas las viudas que se recogiesen en su casa y vistieran hábito tendrían el mismo derecho a su disfrute, lo que repercutiría negativamente en la recaudación de las rentas reales. Los reyes en esta Real Cédula, firmada de su puño y letra, anulan el acuerdo concejil y ordenan que esta viuda y sus hijas paguen sus impuestos, salvo que se recluyan en un monasterio y cedan sus bienes a la comunidad religiosa, como así vemos que ocurrió en 1557.

LA DESAMORTIZACIÓN Y LA FUNDACIÓN DE LA CASA DE MATERNIDAD


    El convento se clausuró en 1843, cuando las monjas, que no llegaban a la docena, tuvieron que marcharse a Hellín. El edificio pasó al Estado como bienes nacionales, posteriormente se habilitó para presidio correccional, hubo un intento de convertirlo en Instituto de Segunda Enseñanza, para cederlo finalmente a la Diputación Provincial. Allí se estableció el 19 de julio de 1844 la Casa de Maternidad y Expósitos, aunque según Roa Erostarbe no comenzó a funcionar hasta 1846 en que se encargan de este establecimiento siete hermanas de la Caridad.
1923-28. Memoria de desenvolvimiento de la Diputación Provincial. Archivo de la Diputación de Albacete. A la izquierda la iglesia, a la derecha una de las alas del claustro acristalada.


    La institución transformó su nombre por acuerdo de la Comisión Gestora, de Casa de Maternidad pasó a Casa Cuna en 1936 y allí estuvo hasta 1955 en que se creó el Internado Benéfico, aunque existía desde 1949 un pabellón de Maternidad en el Hospital de San Julián.
Desde 1955 hasta 1978 en que comenzó a gestionarse la restauración el edificio, este fue deteriorándose como demuestran las fotografías que acompañan este artículo, sin embargo, una parte se utilizó como Real Conservatorio Elemental de Música, y siguió con culto la iglesia de La Asunción hasta 1970, aproximadamente, en que el obispado trasladó su función a la nueva parroquia del mismo nombre. Las obras corrieron por cuenta de la Diputación de Albacete en colaboración con el Instituto Nacional de Empleo y el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo.
Aspecto del claustro antes de la restauración 















Aspecto durante la restauración de los años 1982-83. Se aprecia el claustro del siglo XVI con sus dos órdenes de columnas, jónicas en el inferior y toscanas en el superior. 


    Por Real Decreto 4048/1982 fue declarada monumento histórico-artístico de carácter nacional la iglesia de La Asunción.
    Desde 1985 ha sido sede del Instituto de Estudios Albacetenses, compartiendo edificio con el Conservatorio de Música y sala de exposiciones (todos dependientes de la Diputación Provincial), aunque, presumiblemente, el Instituto de Estudios Albacetenses tiene previsto su traslado en el presente año al conocido como chalet Fontecha en la calle Ancha.


BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN:
MENDOZA DÍAZ-MAROTO, Francisco: “un nuevo manuscrito emparedado de fines del siglo XVI” en Albasit, nº 12. IEA, 1982
GARCÍA-SAÚCO BELÉNDEZ, Luis Guillermo: Centro cultural de la Asunción. 2012. Instituto de Estudios Albacetenses.
SANTAMARÍA CONDE, Alfonso: “Albacete en la segunda mitad del XVI. Los grupos marginados”. Cultural Albacete, nº 16, 1985.
MESEGUER, Fr. Juan: “Bendición del monasterio de la Encarnación de Albacete”, año de 1557. En Albasit nº 9. IEA, 1981.
ROA EROSTARBE, Joaquín: Crónica de la Provincia de Albacete. 1898
MARTÍNEZ-GÓMEZ SIMÓN, Luis Miguel: Las instituciones de atención social al menor en la ciudad de Albacete. Instituto de Estudios Albacetenses, 2002
AHPAB. Documentación del Planero 1 y del fondo B. Beltrán

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domingo, 11 de febrero de 2024

Las cruces verdes de Alcaraz como sacralización del espacio urbano

 

Las cruces verdes de Alcaraz como sacralización del espacio urbano

Todavía permanecen en Alcaraz varias cruces en piedra o madera en la iglesia, calles y casas. Son símbolos que con su muda presencia nos dicen que en su época tuvieron un significado religioso o espiritual pero también social y cultural. Significado fácilmente entendible en los siglos pasados, pero vacío de contenido para quienes las contemplamos tras el transcurso de los siglos.

Una de estas cruces pasó a denominar una vía pública, nos referimos al callejón de la Cruz Verde, hoy calle Bracamonte. Las personas mayores aún recuerdan que el callejón donde se alza (en un rincón, sobre un estrado de piedras) una sencilla cruz de madera pintada en color marrón fue conocido con el nombre de callejón de la Cruz Verde, porque este era su verdadero color[1]. La primera referencia con este nombre aparece en el año 1660[2].  

Callejón que se llamó de la cruz verde porque este era su color. El convento de San Francisco las había repartido por varios lugares. Hoy se llama calle de Bracamonte y la cruz está pintada de marrón

El callejón une varias calles, por el Oeste enlaza con la Mayor, desembocando frente a la cárcel; por el Sur, entronca con la del Bachiller Sabuco (antigua calle de las Torres), por el Este con la de Andrés de Vandelvira (antes Llana) a la que se llega doblando la esquina[3]. Desde 1710 sabemos que la Inquisición de Murcia, a cuya jurisdicción pertenecía el arciprestazgo de Alcaraz desde 1533,[4] tuvo unas casas en dicho callejón que debieron ser de gran tamaño pues llegaban hasta la calle Llana[5]. El Catastro de la Ensenada, en 1754, también las consigna como bienes de la Inquisición de Murcia, pero ya habían reducido su tamaño a ocho varas de frente por siete de fondo. Años después, estas casas se vendieron, pues en 1773 pertenecían a los herederos de Francisco Rivera[6]. Al no haber existido Tribunal de la Inquisición en Alcaraz (sino un establecimiento temporal de la de Jaén a finales del siglo XV), debemos desterrar que estas cruces fueran alusivas a algún Auto de Fe o sean “de duelo” como figura en la cartela informativa, porque una cruz de “duelo” haría alusión a algún desafío por honor entre dos contrincantes, sucesos que tenían lugar en puntos concertados amplios y generalmente a las afueras, completamente distintos a este rincón; un lance en un callejón estrecho y en recodo, como este, sería más bien una  emboscada, pero en cualquier caso, no está documentado, mientras que las cruces verdes del convento de San Francisco y su ubicación exacta, sí. Lo demuestra un registro de casas de 1774  en el que se inscribió una en la calle Llana que lindaba con la calle de la Cruz Verde del convento de San Francisco. Recordemos que en el citado convento tenía su sede la cofradía penitencial de la Vera Cruz desde el año 1553[7], sede que no era ajena a otras en diferentes ciudades de España, como por ejemplo en Valladolid, donde el cronista y arquitecto Agapito Revilla constató la distribución de cruces verdes realizada por el convento de San Francisco, cuyos muros también cobijaban a la citada cofradía que asistía –aunque no en exclusividad- a los “relajados” por el Santo Oficio[8]. Los franciscanos fueron propagadores de las festividades populares en torno a la Cruz Verde o Vera Cruz desde el siglo XIV. La presencia de los franciscanos en Alcaraz data de 1443, con una primera fundación en el paraje de la Potrera, desde donde se trasladaron en 1481 al extrarradio de la ciudad.

Existieron varias cruces verdes y se encontraban repartidas por distintos puntos. Además de la mencionada, se hallaba otra en un rincón cubierto con una pequeña bóveda en la calle Barrera, donde aún permanece, y una más en la cárcel de la calle Mayor. Su función era proteger lugares escondidos y oscuros.

Cruz verde del callejón de la calle Barrera, cuya función era proteger un rincón escondido.

El culto a la cruz apareció en la Alta Edad Media y se debe a Santa Elena, madre del emperador Constantino, quien, según la tradición, había encontrado el 14 de septiembre de 326 la cruz donde Cristo fue crucificado. Antes, en el año 323, Constantino había vencido a Majencio bajo la aparición en el cielo durante la batalla de una cruz con estas palabras inscritas: "in hoc signo vinces" (por este signo vencerás). El hallazgo daría lugar con el tiempo a un interés de las Iglesias de todo el orbe cristiano por tener fragmentos de esa cruz: lignum crucis. Fue a partir de la alta Edad Media cuando llegó a España la reliquia más grande y más antigua de la Santa Cruz, según nos dice Sánchez Herrero, la que se conserva en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana (aunque son numerosísimos los santuarios y ermitas que dicen contar con reliquias de trozos o astillas de la Santa Cruz) traída de Jerusalén por el citado santo, a la sazón obispo de Astorga quien peregrinó a Tierra Santa en el siglo V. Era una de las reliquias más preciadas por los franciscanos.

El espacio sacralizado

El espacio de Alcaraz se encontraba sacralizado no sólo por las cruces verdes sino por las de piedra como la situada frente a los arcos del acueducto, donde la ubica un documento del año 1774 al identificar la propiedad de “un quiñón de tres fanegas a la mano izquierda como se sale de la puerta Nueva enfrente de la Cruz de piedra de los arcos”[9]. Esta cruz, que no ha llegado a nuestros días, parece haber sido, por su situación, una cruz de término, una señalización territorial a la entrada de Alcaraz, desde donde arrancaba el Paseo de los Arcos (hoy Avenida de España) antes de acceder a la ciudad por una de sus puertas más emblemáticas, la Puerta Nueva.

En la calle Barrera tenemos un escudo de piedra con los Armas Christi, los elementos de la Pasión de Cristo, que posiblemente hagan referencia a la cofradía de la Vera Cruz.

Escudo en la calle Barrera con los Arma Christi

Quizá la más antigua de todas sea la de la iglesia de la Trinidad, la del parteluz del pórtico, con la imagen Dios Padre, que bendice con su mano derecha y con la izquierda sostiene la cruz en la que está clavado su Hijo.

Pórtico de entrada a la iglesia de la Trinidad. A la derecha, detalle de la cruz

La segunda representación es la cruz de la pared norte de la iglesia, donde comienza la calle Cristo de Piedra, que nos presenta un crucificado que se apoya sobre una ménsula, bajo ella se abre una cabeza de monstruo con una gran boca abierta, casi desgarrada con dos manos que fuerzan su apertura. Nos recuerda, en sentido figurado a una enorme gruta que cobija el mundo terrenal, encima, la figura del redentor y salvador del mundo[10].

Cristo de piedra en la estrecha calle de su nombre que comunica con la calle Bachiller Sabuco
 

Y en esta misma calle tenemos una cruz patriarcal formada por la unión de dos piedras de sillería empotradas en una pared. Está colocada al revés, el brazo más corto debería estar en primer lugar, lo que nos indica que son piedras reutilizadas.



Y, por último, también se menciona en los documentos del Registro de Hipotecas, la calle del calvario, que existía en todos los pueblos y todavía se percibe en algunos callejeros, aunque no es el caso de Alcaraz.

En resumen, toda una sacralización del espacio urbano que responde a la mentalidad de una época y que tuvo su auge, como la iconografía religiosa más realista, la creación de cofradías, procesiones, exaltación del culto a María, a la Eucaristía…a partir del Concilio de Trento, a mitad del siglo XVI. Curiosamente, en Alcaraz todavía permanecen elementos como estos, detalles que hacen que el viajero cuando visita el pueblo tenga la sensación de que el tiempo se ha detenido. Por esa carga histórica y emocional las cartelas informativas deben contener datos contrastados con rigor.

 

 

 



[1] El nombre recordado por tradición oral me lo proporcionó Paqui Manzanera, a quien le agradezco su colaboración.

[2] Contaduría de Hipotecas. AHPAB. El nombre de callejón de la Cruz Verde aparece en un inventario de propiedades de los conventos suprimidos donde constan dos casas, uno del año 1660 y otro de 1691, ambas situadas en el callejón de la Cruz Verde.

[3] El callejón de la Cruz Verde, paralelo a la calle Mayor, fue conocido también por el nombre de horno de Bracamonte, negocio cuya propietaria era doña María de Coca. No era el único puesto público, en el mismo callejón se encontraba la taberna de venta de vino y aceite propiedad de don Pedro de Reguera. AHPAB, caja 3.167. Catastro de Ensenada, respuestas particulares, año 1754.

[4] BLÁZQUEZ MIGUEL, Juan: La Inquisición en Albacete. Albacete: IEA, 1985, p. 33.

[5] AHPAB, caja 4.614 y caja 3.168 respectivamente.

[6] AHPAB, Caja 15.901, 1.

[7] CARRIÓN ÍÑIGUEZ, Vicente: “Andrés de Vandelvira y el convento de San Francisco de Alcaraz”. En Andrés de Vandelvira. V Centenario. Albacete: IEA, 2005, pág. 15.

[8] DÁMASO, Javier: “Historiografía crítica y Cruz Verde… de la Inquisición”. En  http://anterior.ultimocero.com/blog/la-lanza-ulises/historiograf%C3%ADa-cr%C3%ADtica-y-cruz-verde%E2%80%A6-de-la-inquisici%C3%B3n [consulta 12/11/2018].

[9] AHPAB, caja 15.902.

[10] Estudiada por José Sánchez Ferrer en: La iglesia de la Trinidad de Alcaraz. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses, 2012, pp. 293-295.

SANCHEZ HERRERO, José y Silvia María PÉREZ GONZÁLEZ: “La cofradía de la preciosa sangre de Cristo de Sevilla”. Aragón en la Edad Media, nº 14-15. Zaragoza. Universidad. 1999, p. 1141.