Investigaciones históricas basadas en documentación original sobre el patrimonio, la heráldica y la historia de Albacete y su provincia.
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martes, 8 de septiembre de 2026
lunes, 25 de agosto de 2025
EL VÍNCULO DE LA CASA DE LOS FERNÁNDEZ CANTOS (1725-2025). 300 AÑOS DE HISTORIA
El VÍNCULO DE LA
CASA DE LOS FERNÁNDEZ CANTOS (1725-2025). 300 AÑOS DE HISTORIA
El escaso patrimonio urbano conservado en Albacete justifica más que sobradamente que hoy hablemos de una de las dos casas anteriores al siglo XVIII que se han conservado. Nos referimos a la conocida como «Casa Perona» o «Casa Carcelén», por los apellidos de sus últimos dueños.
Se cumplen,
además, trescientos años desde la fundación de un vínculo y mayorazgo que
incluía este inmueble, lo que nos ha permitido rastrear su historia y
determinar que el nombre exacto que le corresponde es el de casa de los
Fernández Cantos.
No es extraño
que se sitúe en la calle de la Feria ya que siempre fue una de las más transitadas.
La razón es que el camino real al pasar por Albacete tenía varios accesos, uno
de ellos lo hacía a través de su itinerario.
Por ese motivo las
visitas reales tales como la de Carlos III en 1731, o la de su hija, la infanta
María Luisa, en 1765, hicieron su entrada por esta calle que se engalanaba, se
empedraba e iluminaba para agasajar a la Corte.
En esta calle vivían los personajes más ilustres, ricos e influyentes, por ello en los alistamientos de viviendas para acomodar a los reyes cuando transitaban por Albacete, la calle con más casas de primera categoría era la de la Feria. La de don Juan Fernández Cantos, que es la que nos ocupa, en 1765, tenía disponibles tres habitaciones con tres camas, diez pesebres y un parador de carros, por lo que parte del séquito de la infanta María Luisa se alojó en ella. No sería la única ocasión, según Alberto Mateos, el 22 de agosto de 1812 se alojó en ella el rey intruso José Bonaparte, huyendo de Madrid a Valencia. También la visitó Isabel II, quien sólo paró para almorzar y no pernoctar como se dice, el 10 de septiembre de 1860, camino de Alicante.
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| Oficio comunicando que Isabel II se detendría en la casa de don Miguel Fernández Cantos para almorzar el 10 de septiembre de 1860 |
Pero no sólo
acogió a personalidades, sino también a instituciones, como fue el caso de la
Audiencia Territorial. Según Roa Erostarbe, en 1834, sirvió de sede para
instalar provisionalmente el Alto Tribunal, mientras se formaban los planos del
proyecto. Su dueño, don Miguel Fernández Cantos Carcelén, la desocupó con este
objeto y la cedió gustoso a este fin.
El inmueble formaba parte de un vínculo creado en el testamento de don Juan Fernández Cortés Cantos el 30 de diciembre de 1725. El motivo para testar no fue la cercanía de la muerte -pues él fallecería en 1734- sino asegurar unos bienes, que, en caso de que él falleciera, permitieran finalizar los estudios eclesiásticos a su hijo don Antonio, que aspiraba a ordenarse sacerdote, una carrera de la que su padre, que era familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Murcia, se sentía muy orgulloso pues suponía prestigio para el linaje y apoyo espiritual para la familia.
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1. Testamento
y fundación del vínculo sobre la casa de la calle de la Feria de don Juan
Fernández Cortés Cantos el día 30 de diciembre de 1725
1. Sótano
con bóveda de cañón rebajado y ventanas con lunetos en el sótano dónde se
guardaban 24 tinajas.
Don Juan era un personaje de alta alcurnia, hijo de Juan Fernández Felipe Cortés y de doña Mariana de Anguix y Argüello, y nieto de Juan Fernández Cantos, hidalgos, ricos propietarios de tierras, ganados, y habitualmente regidores y otros cargos del concejo. Su esposa, doña María de Cantos Barnuevo, no se quedaba atrás pues pertenecía al linaje de los Cantos, el más importante de Albacete. ¡Y qué decir de los Barnuevo, emparentados con la más rancia hidalguía de Chinchilla!
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| Calle de la Feria en un desfile en los años 50 pasando por delante de la casa |
1. Certificación
de la contribución urbana del año 1881 sobre la casa de don Juan, que ya había
sido heredada por Anunciación Fernández Cortés, esposa de don Joaquín Velasco,
quien figura como propietario.
Es a raíz de esta fecha cuando el edificio sufrió sus últimas reformas, se alquiló y, parte de él, se explotó como churrería, según nos muestran las fotografías antiguas. A finales del siglo XX la casa se encontraba en un lamentable estado de abandono, por lo que fue adquirida por las Cortes de Castilla La-Mancha para albergar la institución del Defensor del Pueblo, creada en mayo de 2002. El 19 de octubre de 2005 se inauguró, siendo presidente de Castilla La-Mancha don José María Barreda Fontes. El edificio fue adaptado a su destino como oficinas de la administración pública, hoy, Delegación de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha.
Fotografía
de los años 70 en la que se observa la casa y la churrería de la esquina |
LA CASA Y LOS ESCUDOS
¿Cuáles son los
elementos más antiguos que conserva esta casa?
Como ya hemos
mencionado, los escudos se colocaron alrededor de 1709, por lo que la portada
es el elemento más remoto, aunque la casa existía desde tiempo atrás. Según la
descripción que hace su dueño en 1725, hasta nosotros ha llegado el sótano y
cueva donde se alojaban 24 tinajas con capacidad para 1.000 arrobas (de vino).
La casa ha reducido su planta considerablemente, puesto que tenía salida a la
calle Albarderos. En la certificación de la contribución urbana de 1881 consta
que tenía dos plantas, sótano, cuadras, cochera, jardín, cocedor, granero, noria
y descubiertos. El edificio tenía 1.424 m. y el jardín 620 m.
Caja
de la escalera y cúpula con linterna que da luz a todas las plantas. Finales
del siglo XVIII. |
Del último
cuarto del siglo XVIII, fecha en que data su construcción Luis Guillermo
García-Saúco, se conserva la escalera alojada en la caja rectangular, sobre la
que culmina el tambor con trompas aveneradas que dan paso a la cúpula con
linterna con luz para todas las plantas. En exterior la cúpula está revestida
de tejas vidriadas en azul y costillas en blanco de inspiración levantina y
permitiría su identificación desde la lejanía cuando las casas eran de escasa
altura.
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1. Fotografía
de la calle de la Feria en la que se observa al final la cúpula de la casa de
los Fernández Cantos al no existir viviendas de gran altura. Principios del
siglo XX |
De la segunda
mitad del siglo XIX se conserva el zaguán con puerta que lo une al resto de la casa,
en cuyo altillo figuran las iniciales FMC, acrónimo de Miguel Fernández Cantos.
La M está colocada en el centro por estética.
1. Altillo
de la puerta del zaguán con las iniciales FMC, que corresponden a Miguel
Fernández Cantos (aparecen desordenadas por estética). Segunda mitad del siglo
XIX |
Por último, las
yeserías en los techos y puertas de la planta noble, de estilo neo renacentista,
corresponden a los años 20-30.

Habitaciones de la planta primera adaptadas para oficinas con yeserías en techo y umbrales de los años 20-30 del pasado siglo.
ANÁLISIS DE LOS
ESCUDOS
Los escudos pertenecieron
al matrimonio de los titulares, Don Juan Fernández Cantos (o Cortés Cantos, de
ambas formas se denomina) y doña María de Cantos Barnuevo, por eso los yelmos
se miran entre sí, como suele suceder en los escudos acolados de las parejas,
aunque la colocación siniestrada del de la izquierda esté en contradicción con
los principios heráldicos, que indicaría, en otro caso, bastardía.
1. Portada
principal con los escudos de la hidalguía reconocida a don Juan en 1709. |
1. Escudo
cuartelado con los apellidos de los antepasados más ilustres de don Juan:
Fernández, Felipe, Benítez y Cortés (tomados del diccionario de heráldica de
Mogrobejo) |
1. Escudo
fusionado de Barnuevo o Barrionuevo y Cantos (proceden de ejecutorias de
hidalguía) |
En conclusión,
la importancia del inmueble merece que se respete su historia y se denomine de
aquí en adelante casa de los Fernández Cantos.
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Cúpula
levantina con tejas vidriadas en azul y costillas blancas |
miércoles, 2 de abril de 2025
EL ESCUDO DE LA CASA DE LA MARQUESA EN ALBACETE
El escudo de la casa de la marquesa
en Albacete
Cuando se menciona «la casa de la marquesa» en Albacete,
todo el mundo la identifica con Margarita Ruiz de Lihory, célebre por el
macabro caso de la mano cortada. Ella fue la última propietaria de un enorme
caserón (que conocemos por la fotografía de A. Mateos en su obra Del
Albacete Antiguo), desaparecido hacia 1968. La personalidad excéntrica de
la marquesa ha provocado que, pese a ser uno de los personajes más famosos de
Albacete, pocas personas sepan cual es su conexión con nuestra ciudad. Y, sin
embargo, el escudo de la casona que se encuentra en el Museo de Albacete, nos muestra
-mediante el lenguaje de la heráldica- quienes fueron sus propietarios. Por si
quedara alguna duda, la documentación del Archivo Histórico nos asegura con
rotundidad que perteneció en origen a don Juan Salvador de la Bastida Zorrilla,
abogado de los Reales Consejos, regidor y familiar del Santo Oficio, natural de
San Clemente, pero avecindado en Albacete, quien, en el año 1780, presentó en
el ayuntamiento una certificación sobre su hidalguía (obtenida en 1778) para
eximirse de pagar impuestos y gozar de los privilegios que correspondían a su
estado noble. Esta certificación elaborada por el cronista y rey de armas
incluía una descripción detallada del escudo, junto a unas pruebas genealógicas
que retraían la ascendencia al siglo XVI.
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| Izquierda, fotografía anterior a 1968 antes de la demolición de la casa de la marquesa, sobre la puerta descansa el escudo. A la derecha, el edificio actual en la calle Mayor. |
¿Quién era la marquesa?
Margarita Ruíz de Lihory y Resino (1889-1968) nunca exhibió
este escudo albacetense, al fin y al cabo, la hidalguía de los de La Bastida representaba
el escalón más bajo de la nobleza y ella podía regocijarse -y lo hacía- de
pertenecer a la aristocracia titulada puesto que en su familia recaían un
marquesado, Villasante, un condado, del Val del Águila, y una baronía, la de
Alcalalí, distinciones que heredó su hermana mayor, aunque ella,
ilegítimamente, usara los títulos de marquesa y baronesa.
La familia que la conectaba con Albacete era su propia
madre, Soledad Resino Labastida, casada con José María Ruiz de Lihory y
Pardines, barón de Alcalalí, y su abuela, Micaela La Bastida y Teijeiro, hija
esta última de José de la Bastida y Bustamante, que casó en 1838 con Josefa
Teijeiro y Tapia, hija del II marqués de Villasante y de la V condesa de Val
del Águila, Juan de Tapia y Meléndez, que fue quien pasó los títulos a Soledad,
madre de la marquesa. A su vez, José de la Bastida Bustamante era hijo de Juan
y Josefa, y este de Juan Salvador de la Bastida Zorrilla, natural de San
Clemente, el que se asentó en Albacete y presentó la ejecutoria de hidalguía en
el Ayuntamiento en 1780. El expediente que se encuentra en el libro de actas de
1780 (signatura 93/4) se remonta hasta el sexto abuelo quien también había
obtenido ejecutoria en 1572.
La personalidad arrolladora de la marquesa, que se presenta
como abogada, periodista, espía, pintora, feminista, etc., y su pertenencia a
la nobleza provocó estupor en la sociedad de la época. El caso de la mutilación
del cadáver de su hija por sus propias manos, la denuncia de su hijo, su
arresto, ingreso en un psiquiátrico y posterior juicio, copó las páginas de
sucesos de toda la prensa del país, más habituadas a personajes de baja
extracción que a carismáticos aristócratas. El caso de “la mano cortada” fue
seguido por la prensa sensacionalista de los años cincuenta del pasado siglo en
todo el país; incluso, un periódico local, Crónica, lo reabrió en 1995 con notable
éxito editorial.
La casa y el escudo
La casa familiar de la calle Mayor, n.º 58, fue demolida
hacia 1968, era un edificio que ocupaba parte de la manzana (medía más de mil
metros cuadrados), tenía su entrada principal por la calle Mayor, y otra
secundaria, con jardín, por el callejón de San José. Fue construida en el
último cuarto del siglo XVIII y podemos decir que no presentaba nada de interés
artístico, salvo el escudo familiar que fue rescatado de la demolición y se
encuentra en el Museo de Albacete. Podemos describirlo como un escudo barroco,
correspondiente al último tercio del siglo XVIII, que mide 133 x 83 cm. Consta
de seis particiones y se aprecian restos de policromía. Se timbra con yelmo de
hidalgo con penacho de plumas. A su alrededor se decora con rocalla y roleos.
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| Escudo del linaje de La Bastida procedente de la casa de la marquesa conservado en el Museo de Albacete |
Según el certificado del rey de armas de 1780, el primer
cuartel pertenece a La Bastida y lo describe así: «sobre verde, una banda de
plata en bocas de dragantes, segundo, partido sobre campo de plata un león
Pardo. Orlado todo de azul con cinco flores de lis de oro. Es igualmente
proveniente nuestra parte interesada de la familia de Zorrilla cuya antigüedad
es inmemorial y se compone de un escudo de oro con roble verde al que están
empinadas dos zorras negras. Por Alarcón, un escudo rojo con cruz hueca
floreteada de oro de hechura de la de Calatrava, con orla azul con ochos sautores
de oro, y, por Martínez, partido en faja, primero, sobre campo rojo una torre
de plata con dos leones rampantes colocada dicha torre sobre unas rocas, estas
puestas sobre aguas azules y blancas y en lo bajo sobre oro una banda roja».
Tan solo hemos de explicar que el cuartel que corresponde a
La Bastida ocupa varios campos, al primer cuartel donde vemos la banda engolada
de dragantes, sigue el león y este arrastra la bastida representada por el
castillo del que sale un brazo armado. El de Zorrilla responde a lo que se
denomina escudo parlante, el de Alarcón es muy conocido y el de Martínez,
cortado, ocupa los dos últimos cuarteles.
Bibliografía y fuentes:
- Cándido Polo: Sangre azul. Vida y delirio de Margarita
Ruiz de Lihory. Universidad de Valencia, 2010.
- Mateos, Alberto: Del Albacete antiguo. Diputación, 1981
- Documentación del Archivo Histórico Provincial de Albacete
miércoles, 19 de marzo de 2025
LOS PREDICADORES DE CUARESMA DE CHINCHILLA (SIGLOS XVI-XVIII)
LOS PREDICADORES DE CUARESMA EN CHINCHILLA (SIGLOS XVI-XVIII)
Ese miércoles, movible en el calendario, comenzaba desde
la Edad Media en todos los lugares de España la predicación de Cuaresma. Era y
es tiempo de arrepentimiento de los pecados ante la inminencia de la muerte,
expresada claramente en el Viernes Santo, y de preparación para la gran fiesta
de Pascua. El gozo de la Resurrección sólo sería posible con el arrepentimiento
de los pecados.
La preparación espiritual del pueblo en fecha tan señalada corría por cuenta de personas instruidas en teología como frailes, sacerdotes e incluso maestros y preceptores de gramática, caso de Albacete. Muchos de los predicadores acudían a las ciudades y villas para reforzar la práctica de la penitencia y purificación de las faltas cometidas. Por medio de conmovedores sermones los oradores sacudían las conciencias, fustigaban vicios y mantenían el fervor religioso al tiempo que conseguían que el pueblo cumpliera con el precepto de la confesión, por lo menos una vez al año.
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San Bernardino de Siena predicando. F. de Goya
Chinchilla no necesitaba la contratación de orador ya
que la Orden de los predicadores, o de Santo Domingo, residía en la ciudad
desde tiempos muy remotos. La tradición arrancaba de los primeros años del
siglo XV, cuando fray Vicente Ferrer, entre 1410 y 1411, había realizado el
itinerario por los territorios de la Corona de Aragón y el reino de Castilla,
esta misión lo llevó a Chinchilla, allí apareció el 25 de abril, día de San
Marcos, donde permaneció hasta el 9 de mayo, acogido en el convento de San Juan
(1). En los siglos siguientes continuará esta orden impartiendo doctrina en
Cuaresma. En 1714 se encomendó la responsabilidad de su cumplimiento al prior
de Santo Domingo, con la precaución de que en caso de imposibilidad, tuviera
poder el regidor perpetuo, don Feliciano Moreno Benítez, para buscar predicador
de su satisfacción con la limosna acostumbrada.
| Convento de Santo Domingo de Chinchilla |
Las predicaciones de Cuaresma tomaron relieve tras el Concilio de Trento (1545-1563) donde cobra especial valor la palabra. El sermón se convierte en el medio para canalizar el proyecto de reforma moral, que comprendía la instrucción correcta del bajo clero y una vigilancia más estricta de las costumbres y comportamientos de los fieles. La predicación se hace necesaria con más frecuencia, al menos todos los domingos y los días de fiestas solemnes, sin desatender los tiempos santos como la Cuaresma, momento en que la predicación se volvía más necesaria (2).
Por ello desde el siglo XVI vamos a encontrar
documentos que nos muestran como los concejos asumen los gastos espirituales de
los vecinos en épocas especiales del año litúrgico, como la Cuaresma, de ahí
que sufraguen los salarios de los predicadores. En el libro de Cuentas de
Chinchilla del año 1574 se recoge el pago de 12.000 maravedís a Fray Diego de
Mendoza, presentador y prior del convento de Santo Domingo, por los sermones
que predicó la Cuaresma del año 1573.
Los sermones de cuaresma eran muy apreciados por las
autoridades tanto religiosas como civiles, no es extraño que ante un gran
predicador los ayuntamientos, a iniciativa propia, remunerasen
extraordinariamente al orador. Especial mención merece la predicación del padre
Cristóbal Sanz conventual del convento de San Juan Bautista de esta ciudad, de
la orden de Santo Domingo, cuya doctrina de Cuaresma había llevado al concejo
el 26 de marzo de 1637 a solicitar al “padre provincial tenga por bien de
conservarlo en esta ciudad para el dicho efecto”. La misma satisfacción se
produce al año siguiente, en 1638, pues también se solicita que el padre fray
Cristóbal Sanz permanezca en el convento chinchillano. Igual consideración
obtuvo en Albacete el maestro y predicador en 1575 a quien el concejo remuneró
con diez ducados por su buena doctrina, no llegó a los doce, que tenía
acostumbrados de salario, porque el concejo calculó que las limosnas y regalos
de particulares habían sido tan generosos que se podía equilibrar el balance
disminuyendo el estipendio municipal.
Es cierto que la religiosidad popular en Chinchilla
siempre gozó de gran fervor, por ello corrían por cuenta del concejo no sólo
las predicaciones de Cuaresma sino las limosnas en festividades como Nuestra
Señora del Rosario, la Candelaria, el día de la Cruz de Mayo, San Juan de Mayo,
y, como no, la fiesta por excelencia, la del Santísimo Sacramento, en cuya
celebración los chinchillanos derrochaban ingenio. En 1573, por ejemplo, además
de procesiones y misas acostumbradas se pagaron las representaciones teatralizadas
y musicales que compuso el maestro de capilla. Hubo también danzas y música de
trompetas, dulzainas y tamborino que dirigió el morisco Juan Carrasco, además
de cohetes y fuegos artificiales.
BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN
(1). Ayllón,
Carlos: La Orden de Predicadores en el Sureste de Castilla, 2002
(2). García
Garrido, Águeda: “Predicación de cuaresma y espiritualidad en la España Moderna
(siglo XVII)”, 2014
Archivo
Histórico Provincial, signaturas 4.484, 2; 16; 4.487, 1; 4508; 4484, 2











