El VÍNCULO DE LA
CASA DE LOS FERNÁNDEZ CANTOS (1725-2025). 300 AÑOS DE HISTORIA
El escaso
patrimonio urbano conservado en Albacete justifica más que sobradamente que hoy
hablemos de una de las dos casas anteriores al siglo XVIII que se han
conservado. Nos referimos a la conocida como «Casa Perona» o «Casa Carcelén»,
por los apellidos de sus últimos dueños.
Se cumplen,
además, trescientos años desde la fundación de un vínculo y mayorazgo que
incluía este inmueble, lo que nos ha permitido rastrear su historia y
determinar que el nombre exacto que le corresponde es el de casa de los
Fernández Cantos.
No es extraño
que se sitúe en la calle de la Feria ya que siempre fue una de las más transitadas.
La razón es que el camino real al pasar por Albacete tenía varios accesos, uno
de ellos lo hacía a través de su itinerario.
LA IMPORTANCIA
DE LA CALLE Y SUS CASAS
El nombre de
calle de la Feria es muy antiguo, sin duda que va unido a la celebración de las
ferias en la Edad Media. Aparece escrito por primera vez en 1444 cuando se
reparó la barrera, con que se cerraba la calle, en caso de peligro o epidemia.
En esa barrera se colocaba una puerta de acceso, llamada en este lugar de la
Feria o de las Almenas.
Por ese motivo las
visitas reales tales como la de Carlos III en 1731, o la de su hija, la infanta
María Luisa, en 1765, hicieron su entrada por esta calle que se engalanaba, se
empedraba e iluminaba para agasajar a la Corte.
En esta calle
vivían los personajes más ilustres, ricos e influyentes, por ello en los
alistamientos de viviendas para acomodar a los reyes cuando transitaban por
Albacete, la calle con más casas de primera categoría era la de la Feria. La de
don Juan Fernández Cantos, que es la que nos ocupa, en 1765, tenía disponibles tres
habitaciones con tres camas, diez pesebres y un parador de carros, por lo que
parte del séquito de la infanta María Luisa se alojó en ella. No sería la única
ocasión, según Alberto Mateos, el 22 de agosto de 1812 se alojó en ella el rey
intruso José Bonaparte, huyendo de Madrid a Valencia. También la visitó Isabel
II, quien sólo paró para almorzar y no pernoctar como se dice, el 10 de
septiembre de 1860, camino de Alicante.
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| Oficio comunicando que Isabel II se detendría en la casa de don Miguel Fernández Cantos para almorzar el 10 de septiembre de 1860 |
Pero no sólo
acogió a personalidades, sino también a instituciones, como fue el caso de la
Audiencia Territorial. Según Roa Erostarbe, en 1834, sirvió de sede para
instalar provisionalmente el Alto Tribunal, mientras se formaban los planos del
proyecto. Su dueño, don Miguel Fernández Cantos Carcelén, la desocupó con este
objeto y la cedió gustoso a este fin.
HISTORIA DE LA
CASA
El inmueble formaba
parte de un vínculo creado en el testamento de don Juan Fernández Cortés Cantos
el 30 de diciembre de 1725. El motivo para testar no fue la cercanía de la
muerte -pues él fallecería en 1734- sino asegurar unos bienes, que, en caso de
que él falleciera, permitieran finalizar los estudios eclesiásticos a su hijo don
Antonio, que aspiraba a ordenarse sacerdote, una carrera de la que su padre,
que era familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Murcia, se sentía muy
orgulloso pues suponía prestigio para el linaje y apoyo espiritual para la
familia.
1. Testamento
y fundación del vínculo sobre la casa de la calle de la Feria de don Juan
Fernández Cortés Cantos el día 30 de diciembre de 1725
El vínculo
incluía unas casas principales en las que vivía, «que están en la calle de la
Feria de esta población, linde con otras de doña Isabel Benítez, mi prima, y de
don Luis Verdugo, conde de la Moraleda, y por las espaldas con la calle de
Albarderos, con sus portadas a ella y veinticuatro tinajas que hay en el sótano
y cueva de dichas casas, de cabida de mil arrobas poco más o menos».
1. Sótano
con bóveda de cañón rebajado y ventanas con lunetos en el sótano dónde se
guardaban 24 tinajas.
Don Juan era un
personaje de alta alcurnia, hijo de Juan Fernández Felipe Cortés y de doña
Mariana de Anguix y Argüello, y nieto de Juan Fernández Cantos, hidalgos, ricos
propietarios de tierras, ganados, y habitualmente regidores y otros cargos del
concejo. Su esposa, doña María de Cantos Barnuevo, no se quedaba atrás pues
pertenecía al linaje de los Cantos, el más importante de Albacete. ¡Y qué decir
de los Barnuevo, emparentados con la más rancia hidalguía de Chinchilla!
Para su
encumbramiento personal, el 12 de octubre de 1709, fue reconocido como hidalgo
notorio de sangre por el concejo, presentando la certificación de armas de los
linajes de sus antepasados: Fernández, Felipe, Benítez y Cortés. Este
reconocimiento implicaba disfrutar de todos los privilegios de la hidalguía y el
permiso para colocar los escudos de armas en la portada de su casa, en sus
capillas de enterramiento, vajillas, joyas, reposteros...
LOS SUCESORES DEL
VÍNCULO
Gracias a los mayorazgos,
los bienes se mantuvieron en las mismas familias hasta la desaparición de esta institución
a mitad del siglo XIX. Mientras tanto, los herederos no podían vender, ni
enajenar, ni dividir, sólo acrecentarlos para transmitirlos a sus sucesores con
el fin de mantener la integridad del patrimonio familiar. De esta forma la casa
llegó al siglo XX íntegra, aunque con las reformas y el sello personal que cada
dueño le imprimió según sus gustos y necesidades.
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| Calle de la Feria en un desfile en los años 50 pasando por delante de la casa |
El vínculo
creado por don Juan estipulaba que el sucesor sería don Antonio, pero al ser
clérigo, no tendría descendencia, por lo que la línea seguiría preferentemente
por el hijo mayor varón, en este caso, su hermano, don Juan, que se casó con
doña Antonia Castellanos. Ellos fueron los padres de don Francisco, casado con
doña María Antonia Carcelén, y padres a su vez, de don Miguel, nacido en 1795,
político que destacó por la defensa de Albacete como capital de la provincia, y
fue gobernador de ella. Durante su etapa la casa fue conocida como «casa
Carcelén». Contrajo matrimonio con María Josefa Ladrón de Guevara el 5 de marzo
de 1823, padres, a su vez, de otro Miguel, que se casó con María Encarnación
Núñez de Aro en 1853. De este enlace nació una niña en 1857, llamada
Anunciación, que contrajo matrimonio el 18 de agosto de 1878 con Joaquín
Velasco Rodríguez, abogado de Hellín. Este, como marido de doña Anunciación,
vendió la casa en 1921 a don Ignacio Martínez Molina, quien se hizo también con
la contigua, lindera al callejón de las Portadas. El 14 de marzo de 1934 adquirió
toda la finca Benedicto Perona Escribano, de ahí que la casa sea conocida como «casa
Perona».
1. Certificación
de la contribución urbana del año 1881 sobre la casa de don Juan, que ya había
sido heredada por Anunciación Fernández Cortés, esposa de don Joaquín Velasco,
quien figura como propietario.
Es a raíz de
esta fecha cuando el edificio sufrió sus últimas reformas, se alquiló y, parte
de él, se explotó como churrería, según nos muestran las fotografías antiguas. A
finales del siglo XX la casa se encontraba en un lamentable estado de abandono,
por lo que fue adquirida por las Cortes de Castilla La-Mancha para albergar la
institución del Defensor del Pueblo, creada en mayo de 2002. El 19 de octubre de
2005 se inauguró, siendo presidente de Castilla La-Mancha don José María
Barreda Fontes. El edificio fue adaptado a su destino como oficinas de la administración
pública, hoy, Delegación de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha.
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Fotografía
de los años 70 en la que se observa la casa y la churrería de la esquina |
LA CASA Y LOS ESCUDOS
¿Cuáles son los
elementos más antiguos que conserva esta casa?
Como ya hemos
mencionado, los escudos se colocaron alrededor de 1709, por lo que la portada
es el elemento más remoto, aunque la casa existía desde tiempo atrás. Según la
descripción que hace su dueño en 1725, hasta nosotros ha llegado el sótano y
cueva donde se alojaban 24 tinajas con capacidad para 1.000 arrobas (de vino).
La casa ha reducido su planta considerablemente, puesto que tenía salida a la
calle Albarderos. En la certificación de la contribución urbana de 1881 consta
que tenía dos plantas, sótano, cuadras, cochera, jardín, cocedor, granero, noria
y descubiertos. El edificio tenía 1.424 m. y el jardín 620 m.
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Caja
de la escalera y cúpula con linterna que da luz a todas las plantas. Finales
del siglo XVIII. |
Del último
cuarto del siglo XVIII, fecha en que data su construcción Luis Guillermo
García-Saúco, se conserva la escalera alojada en la caja rectangular, sobre la
que culmina el tambor con trompas aveneradas que dan paso a la cúpula con
linterna con luz para todas las plantas. En exterior la cúpula está revestida
de tejas vidriadas en azul y costillas en blanco de inspiración levantina y
permitiría su identificación desde la lejanía cuando las casas eran de escasa
altura.
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1. Fotografía
de la calle de la Feria en la que se observa al final la cúpula de la casa de
los Fernández Cantos al no existir viviendas de gran altura. Principios del
siglo XX |
De la segunda
mitad del siglo XIX se conserva el zaguán con puerta que lo une al resto de la casa,
en cuyo altillo figuran las iniciales FMC, acrónimo de Miguel Fernández Cantos.
La M está colocada en el centro por estética.
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1. Altillo
de la puerta del zaguán con las iniciales FMC, que corresponden a Miguel
Fernández Cantos (aparecen desordenadas por estética). Segunda mitad del siglo
XIX |
Por último, las
yeserías en los techos y puertas de la planta noble, de estilo neo renacentista,
corresponden a los años 20-30.
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| Habitaciones de la planta primera adaptadas para oficinas con yeserías en techo y umbrales de los años 20-30 del pasado siglo. |
ANÁLISIS DE LOS
ESCUDOS
Los escudos pertenecieron
al matrimonio de los titulares, Don Juan Fernández Cantos (o Cortés Cantos, de
ambas formas se denomina) y doña María de Cantos Barnuevo, por eso los yelmos
se miran entre sí, como suele suceder en los escudos acolados de las parejas,
aunque la colocación siniestrada del de la izquierda esté en contradicción con
los principios heráldicos, que indicaría, en otro caso, bastardía.
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1. Portada
principal con los escudos de la hidalguía reconocida a don Juan en 1709. |
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1. Escudo
cuartelado con los apellidos de los antepasados más ilustres de don Juan:
Fernández, Felipe, Benítez y Cortés (tomados del diccionario de heráldica de
Mogrobejo) |
El escudo
principal es el de la izquierda de la portada vista de frente, pero, que, en
heráldica, es la derecha, porque el escudo se interpreta como si lo portase
quien lo usa, habitualmente, un guerrero. Al ser el escudo principal,
corresponde al varón. Está dividido en cuatro particiones. El primer cuartel es
el del primer apellido, Fernández, y se describe así: en campo azur cinco
flores de lis puestas en aspa y bordura de gules con ocho sotueres de oro. El 2º,
corresponde a los Felipe, que traen en campo de gules, una banda de oro
engolada en dragantes de su color. Bordura cosida de gules, cargada de ocho
cartelas, cuatro de plata y cuatro de oro alineadas, éstas últimas cargadas con
una F de azur, puestas en los ángulos. El 3º es de los Benítez, en campo azur
un león de oro rampante, bordura de gules con ocho sotueres de oro. El 4º es de
los Cortés, en campo de oro cuatro palos de gules y bordura de azur con ocho
cruces de San Juan de Jerusalén de plata. Son las armas que usan los Cortés de
Chinchilla.
Con respecto al
de la derecha, este perteneció a doña María de Cantos Barnuevo. Fusiona las
armas de los Barnuevo y los Cantos, apareciendo en primer lugar el de los
Barnuevo por ser un linaje muy prestigioso, descendiente de los siete linajes
de Soria. El primero lo podemos definir así: cuartelado, 1º y 4º de gules un
castillo de oro. 2º y 3º, de azur una cruz de Calatrava de oro. El de los
Cantos se puede definir como un águila empietada de un conejo o cordero.
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1. Escudo
fusionado de Barnuevo o Barrionuevo y Cantos (proceden de ejecutorias de
hidalguía) |
En conclusión,
la importancia del inmueble merece que se respete su historia y se denomine de
aquí en adelante casa de los Fernández Cantos.
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Cúpula
levantina con tejas vidriadas en azul y costillas blancas |