LA IDENTIFICACIÓN DE CUARTELES, CALLES
Y CASAS EN ALBACETE
El primer padrón en el que aparecen
los nombres de calles es del año 1571, se trata de un padrón “a calle hita”,
casa a casa, motivo por el que aparecen los nombres de las calles, hasta ese momento
los padrones fiscales constituían un listado alfabético de contribuyentes[1]. La división en cuarteles de
Albacete, como forma de distribuir la villa con funciones de control, se
realizó por primera vez en 1573 tras la llegada de los moriscos. En numerosas
villas y ciudades de España estas divisiones venían determinadas por las
parroquias, pero en esta villa, como sólo existía la de san Juan, se recurrió a
estructurar la población por medio de los trayectos viarios más significativos,
que son los que la cruzan en los cuatro puntos cardinales. En 1575 se repitió
la fórmula, pero esta vez para realizar un registro de personas que disponían
de armas.
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| Plano de Albacete con la división en cuarteles, usando como ejes los caminos principales, para control de los moriscos, en 1573 |
Oficialmente la
legislación que abordó la división en cuarteles para mantener el orden se
atribuye a Felipe III en 1604 o a Carlos III en 1768, que instituyó las figuras
de alcalde de cuartel y alcalde de barrio en Madrid con la intención de
reforzar la justicia local y tener un mayor control sobre la población. Desde
fechas muy tempranas, en concreto en 1745, encontramos en Albacete la figura de
los alcaldes de rondas, nombrados por el propio ayuntamiento con la función de
mantener el orden y vigilar la población en los cuarteles o distritos en los
que se dividía el casco urbano[2].
En 1769, por
real cédula de 13 de agosto, la medida se aumentó a las ciudades donde existía
Chancillería y Real Audiencia. También dictaba la necesidad de colocar azulejos
de numeración: «todas las casas de las referidas Ciudades, inclusas Parroquias,
Conventos, Iglesias y lugares píos se numerarán con azulejos, como también las
casas de Ayuntamiento, y las de las Chancillerías y Audiencias, sin exceptuar
alguna por privilegiada que sea; distinguiéndolas en manzanas, como se ha hecho
en Madrid, y a costa de sus dueños»[3]. Esta medida no afectó a
Albacete, puesto que la Audiencia se creó en el año 1834. La división en nueve
cuarteles la tenemos en 1816, en cada uno de ellos se nombraban dos personas
como alcaldes de barrio (primero y segundo) que tenían como misión cuidar el
buen orden, policía y buen gobierno de sus vecinos[4]. Estas demarcaciones resultaban
de gran utilidad para cobro de los impuestos, por ejemplo, en 1834, existían tres
cuarteles: del Carmen, San José y San Agustín[5]. En la sesión municipal de
8 de octubre de 1835 se crea la división de cuarteles y diputaciones del campo según
el artículo 44 del Real Decreto, de 23 de julio último, que distribuía la
población en los dos barrios conocidos como el de la Cuesta, desde el río Piojo
hasta arriba y desde el Río piojo para abajo con sus respectivos arrabales y anejos[6].
La poca eficiencia
de esos dos cuarteles por la extensión del casco urbano y extramuros provocó
que el día 16 de octubre del mismo año estos aumentaran a seis (que llevarían
el nombre de espacios religiosos): San Francisco, San Juan, San Agustín, la
Cruz de Agraz, San José y Santa Quiteria[7]. El 19 de octubre del
mismo año se da cuenta de la inoperancia de la distribución de los cuarteles o
barrios por no haberse encontrado la documentación en que se halla fundada y
por la confusión que produce la inexactitud, por ello, se encuentra paralizado
el nuevo alistamiento general. Para solucionar el problema administrativo y
gubernativo, se acordó que esta capital se dividiera en cuatro cuarteles o
barrios, impuestos por la propia naturaleza de los caminos principales, que,
como un eje de coordenadas, desde su fundación, cruzaba Albacete en dirección
este-oeste y norte sur.
Estos cuarteles permanecerán
en el tiempo con los nombres de San Francisco, que comprenderá toda la
población y vecindario de la derecha, entrando desde el portazgo por la calle
de San Francisco, siguiendo la calle de Zapateros, plaza y calle Mayor hasta el
río Piojo y callejón de los toros con sus huertas y anejos. El de San Juan que
comprende toda la población y vecindario a la izquierda principiando por la segunda
calle de San Francisco hasta la esquina de la casa de don Juan José Agraz en la
calle Mayor y siguiendo el río Piojo hasta la huerta llamada de Julián, con sus
huertos y anejos respectivos. El de san Agustín, que principiará desde la
esquina a la casa de Juárez, que hoy habita don Manuel Nievas y seguirá por la
calle Mayor, continua la plazuela de don Pablo, y calle del Cid hasta la huerta
de Marzo, y por la parte de abajo el río Piojo hasta la huerta de Julián, con
los huertos y anejos correspondientes y el de san José que principiará desde la
casa que habitan los hijos de Juárez en la calle Mayor, siguiendo esta por la «Cuestecica»,
plazuela de las Carretas y calle del Cid con todo lo de la derecha y por la
parte de abajo el río Piojo y callejón de los toros con las huertas y anejos de
la izquierda de dicho callejón. Al frente de cada cuartel se nombró un teniente,
que se debía dedicar especialmente a la formación del alistamiento general y en
especial a rondar de noche y para mantener el orden y la tranquilidad pública auxiliándose
de los habitantes honrados y pacíficos de sus respectivos barrios, y, vigilando
la conducta de los sospechosos y desafectos a la reina[8]. En la misma sesión se les
encomienda averiguar los forasteros que había en Albacete desde 1823, sus
conductas y oficios. Como vemos esta división en cuarteles de Albacete se
centra en funciones de policía y control de la población, pero serán de gran
utilidad a la hora de elaborar padrones municipales y su exportación para el
censo general de España que desde el de Godoy en 1797 no se había actualizado.
LA ESTADÍSTICA
GENERAL DEL REINO
La rotulación de
calles en Albacete debió ser muy antigua porque en un acuerdo plenario de 25 de
enero de 1854 el oficial boletero o aposentador de soldados manifestó que por
lo antiguo del padrón de turnos para dicho servicio, la frecuencia con que
mudan de casa algunos vecinos, el haber fallecido otros, haberlos también
nuevos y estar borrada en gran parte la numeración de las casas se dificulta
extraordinariamente la distribución de alojamientos, poniendo en conocimiento
de la corporación este hecho para formar un nuevo padrón y lo demás que
considere[9]. Para solucionar en parte
este problema, se cambiaron los nombres de algunas calles y se renovó (todo con
azulejos) la nomenclatura de estas, la numeración de edificios y la división en
cuarteles; operación que parece no fue suficiente, aunque se compraron azulejos
a la fábrica de Mariano Royo y Aznar de Valencia[10].
Estos trabajos se
retomaron en 1859 para dar cumplimiento a la circular de 10 de enero de 1859, por
la que la Comisión de Estadística ordenaba “dividir por cuarteles el territorio
municipal de esta capital y colocar los azulejos correspondientes”, incluyendo
también El Salobral y Pozo Cañada. Esta operación será extensiva desde 1860 a
todas las aldeas del término. El campo no se dividirá en cuarteles, sino en
diez demarcaciones[11]. Todas estas operaciones
estaban en relación con el Nomenclátor, realizado desde 1858, que es una operación
que contiene la relación detallada de las entidades y núcleos de población
existentes a 1 de enero en cada municipio, ordenando a los alcaldes que en el
plazo de dos meses procedieran a completar los nombres de las calles, allí
donde no tengan, a fijar los números de las casas donde no los hubiera y a
verificar o rectificar los existentes, según el sistema de impares a la
izquierda y pares a la derecha «partiendo del centro de la población a su
circunferencia». Estas medidas tenían como fin paliar las dificultades que se
habían detectado al realizar en 1857 el censo general[12].
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Una Real Orden de 24 de febrero de 1860 estableció reglas muy concretas para realizar estas tareas de forma homogénea en todo el país: el rótulo de nombres de calles y de números de casas, se realizarán en azulejos blancos con letras o números en azul cobalto[13]. En la entrada a las poblaciones era obligatorio colocar un cartel en el que se especificara el nombre de la localidad, si era capital de provincia, el nombre de esta; si era cabeza de partido, el nombre de la provincia, y si es población menor, el nombre del partido y de la provincia. Las «lápidas» de las calles y las de los números de las casas, edificios o viviendas serán de azulejos, cuando no pueda emplearse otra materia más duradera. Estas serían costeadas por los ayuntamientos, y los números de las casas por los vecinos. También se obligaba a rotular los edificios oficiales o de uso público y remitir a los gobernadores un resumen con el nombre de calles y plazas, números de edificios y de habitantes cada cinco años coincidiendo con la renovación del censo de población[14].
| 1859. Presupuesto de los precios de azulejos ofrecidos por la fábrica valenciana de R. González Valls. AHPAB, signatura 299, 2. |
Albacete comenzó diligentemente en 1859 a rectificar y completar el Nomenclátor, a instalar la rotulación de calles y numeración de edificios públicos de la capital y de los diez distritos rurales del término, aunque por lo extenso de este se dilató hasta 1866 cuando se encargaron los azulejos de cerámica a la empresa valenciana de R. González Valls; gracias al presupuesto sabemos cómo fueron esas piezas de las que tan sólo queda una de ellas, la de la manzana nº. 21, del distrito de San Francisco, que se conserva en el Museo Provincial y que proviene del derribo de una casa al principio de la calle Zapateros. Los azulejos de calles y números en el centro urbano serían de color negro sobre fondo blanco, y los de las aldeas del término municipal, blanco con letras en azul cobalto. Cada lápida (así la llaman ellos) de entrada a la ciudad contaría con tres rótulos con el nombre de la provincia, el del partido judicial y el de la población, de 15 ½ pulgadas de largo por 12 de altura y seis libras de peso, costarían 15 reales. Cada lápida para calles de igual magnitud y peso con el rótulo del nombre de ellas, 14 reales. Cada plancheta con número que diga (v. g.) primer cuartel, 1ª manzana, debiendo ser de estas cuatro para cada manzana por tener cuatro fachadas, de 11 pulgadas de largo por 8 de altura y de tres libras de peso a 5 reales, 50. Cada plancheta de igual magnitud y peso para aldeas y establecimientos públicos, a 5 reales, 25; y así sigue con los números, con respecto a los materiales sólo especifica barniz fino de primera clase, relaciona el gasto de los portes desde Valencia, la forma de embalaje, etc.

En el círculo rojo se observa el lugar donde estaba colocado el azulejo
En 1864 desde la Junta General de Estadística se urgió al ayuntamiento de Albacete a terminar los trabajos de numeración y rotulación por encontrase la capital bastante atrasada. Se adjuntaba un cuestionario con nueve preguntas para determinar el grado de cumplimiento de la real orden de 24 de febrero de 1860 y lo prescrito en varias circulares de 1861, pero el documento cumplimentado se debió enviar a la junta de Estadística, quedando en el archivo tan solo el formulario.
[1]
AHPAB 4.546, 1. Padrón de los quinientos ducados de censo que se pagaban a Manuel
de la Mota, vecino de Chinchilla.
[2]
AHPAB 4.526, 1.
[3]
Franco Polo, N. (2015): Los azulejos de nombres de calles y numeraciones de
casas de Cáceres fabricados en el siglo XVIII. NORBA. Revista de Artes, vol
XXXV, p. 93.
[4]
AHPAB. Signatura 410, expediente 22. Bando de la alcaldía.
[5]
AHPAB, signatura 204. Se conserva un padrón general de 1838 de los moradores en
el barrio de San Juan.
[6]
AHPAB, signatura 97. Esta es la división que se hizo en 1767 para la apertura
de la iglesia de la Concepción, clausurada por la expulsión de la Compañía.
[7]
AHPAB, signatura 97.
[8]
AHPAB, signatura 97.
[9]
AHPAB, signatura 99.
[10]
AHPAB, signatura 357, expediente 27.
[11]
AHPAB, signatura 299, expediente 2.
[12]
https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEmasNoticia_C&cid=1259949791731&idp=1254736092075&pagename=masINE%2FmasLayout
[13]
AHPAB. Signatura 357, expediente 27.
[14]
IZU BELLOS, M. J. ( ): La toponimia urbana en el Derecho Español. En
https://dialnet.unirioja.es
[consulta 29/01/2025]. Sin embargo, por Real Decreto de 30 de noviembre de
1864, ante la imposibilidad de realizar el de 1865, se dispuso que se hiciera
cada diez años a partir de 1870. La inestabilidad política no permitió abordar
el nuevo censo hasta 1877.



