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miércoles, 19 de marzo de 2025

LOS PREDICADORES DE CUARESMA DE CHINCHILLA (SIGLOS XVI-XVIII)

 

LOS PREDICADORES DE CUARESMA EN CHINCHILLA (SIGLOS XVI-XVIII)

 El miércoles de ceniza limita y separa dos fiestas contrapuestas, atrás queda don Carnal; en los siguientes cuarenta días se vive el triunfo de doña Cuaresma, de esta forma alegórica retrataba el Arcipreste de Hita allá por 1330 la lucha entre fuerzas antagónicas, de una parte los placeres terrenales, basados en la tradición pagana greco-romana, y, en el otro extremo, el recogimiento, la reflexión, el ayuno y el arrepentimiento de los pecados  basado en la tradición cristiana.

Ese miércoles, movible en el calendario, comenzaba desde la Edad Media en todos los lugares de España la predicación de Cuaresma. Era y es tiempo de arrepentimiento de los pecados ante la inminencia de la muerte, expresada claramente en el Viernes Santo, y de preparación para la gran fiesta de Pascua. El gozo de la Resurrección sólo sería posible con el arrepentimiento de los pecados.

La preparación espiritual del pueblo en fecha tan señalada corría por cuenta de personas instruidas en teología como frailes, sacerdotes e incluso maestros y preceptores de gramática, caso de Albacete. Muchos de los predicadores acudían a las ciudades y villas para reforzar la práctica de la penitencia y purificación de las faltas cometidas. Por medio de conmovedores sermones los oradores sacudían  las conciencias, fustigaban vicios y mantenían el fervor religioso al tiempo que conseguían que el pueblo cumpliera con el precepto de la confesión, por lo menos una vez al año.


San Bernardino de Siena predicando. F. de Goya

Chinchilla no necesitaba la contratación de orador ya que la Orden de los predicadores, o de Santo Domingo, residía en la ciudad desde tiempos muy remotos. La tradición arrancaba de los primeros años del siglo XV, cuando fray Vicente Ferrer, entre 1410 y 1411, había realizado el itinerario por los territorios de la Corona de Aragón y el reino de Castilla, esta misión lo llevó a Chinchilla, allí apareció el 25 de abril, día de San Marcos, donde permaneció hasta el 9 de mayo, acogido en el convento de San Juan (1). En los siglos siguientes continuará esta orden impartiendo doctrina en Cuaresma. En 1714 se encomendó la responsabilidad de su cumplimiento al prior de Santo Domingo, con la precaución de que en caso de imposibilidad, tuviera poder el regidor perpetuo, don Feliciano Moreno Benítez, para buscar predicador de su satisfacción con la limosna acostumbrada.

Convento de Santo Domingo de Chinchilla

Las predicaciones de Cuaresma tomaron relieve tras el Concilio de Trento (1545-1563) donde  cobra especial valor la palabra. El sermón se convierte en el medio para canalizar el proyecto de reforma moral, que comprendía la instrucción correcta del bajo clero y una vigilancia más estricta de las costumbres y comportamientos de los fieles. La predicación se hace necesaria con más frecuencia, al menos todos los domingos y los días de fiestas solemnes, sin desatender los tiempos santos como la Cuaresma, momento en que la predicación se volvía más necesaria (2).

Por ello desde el siglo XVI vamos a encontrar documentos que nos muestran como los concejos asumen los gastos espirituales de los vecinos en épocas especiales del año litúrgico, como la Cuaresma, de ahí que sufraguen los salarios de los predicadores. En el libro de Cuentas de Chinchilla del año 1574 se recoge el pago de 12.000 maravedís a Fray Diego de Mendoza, presentador y prior del convento de Santo Domingo, por los sermones que predicó la Cuaresma del año 1573.

Los sermones de cuaresma eran muy apreciados por las autoridades tanto religiosas como civiles, no es extraño que ante un gran predicador los ayuntamientos, a iniciativa propia, remunerasen extraordinariamente al orador. Especial mención merece la predicación del padre Cristóbal Sanz conventual del convento de San Juan Bautista de esta ciudad, de la orden de Santo Domingo, cuya doctrina de Cuaresma había llevado al concejo el 26 de marzo de 1637 a solicitar al “padre provincial tenga por bien de conservarlo en esta ciudad para el dicho efecto”. La misma satisfacción se produce al año siguiente, en 1638, pues también se solicita que el padre fray Cristóbal Sanz permanezca en el convento chinchillano. Igual consideración obtuvo en Albacete el maestro y predicador en 1575 a quien el concejo remuneró con diez ducados por su buena doctrina, no llegó a los doce, que tenía acostumbrados de salario, porque el concejo calculó que las limosnas y regalos de particulares habían sido tan generosos que se podía equilibrar el balance disminuyendo el estipendio municipal.

Es cierto que la religiosidad popular en Chinchilla siempre gozó de gran fervor, por ello corrían por cuenta del concejo no sólo las predicaciones de Cuaresma sino las limosnas en festividades como Nuestra Señora del Rosario, la Candelaria, el día de la Cruz de Mayo, San Juan de Mayo, y, como no, la fiesta por excelencia, la del Santísimo Sacramento, en cuya celebración los chinchillanos derrochaban ingenio. En 1573, por ejemplo, además de procesiones y misas acostumbradas se pagaron las representaciones teatralizadas y musicales que compuso el maestro de capilla. Hubo también danzas y música de trompetas, dulzainas y tamborino que dirigió el morisco Juan Carrasco, además de cohetes y fuegos artificiales.

BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN

 

(1). Ayllón, Carlos: La Orden de Predicadores en el Sureste de Castilla, 2002

(2). García Garrido, Águeda: “Predicación de cuaresma y espiritualidad en la España Moderna (siglo XVII)”, 2014

Archivo Histórico Provincial, signaturas 4.484, 2; 16; 4.487, 1; 4508; 4484, 2