LOS PREDICADORES DE CUARESMA EN CHINCHILLA (SIGLOS XVI-XVIII)
Ese miércoles, movible en el calendario, comenzaba desde
la Edad Media en todos los lugares de España la predicación de Cuaresma. Era y
es tiempo de arrepentimiento de los pecados ante la inminencia de la muerte,
expresada claramente en el Viernes Santo, y de preparación para la gran fiesta
de Pascua. El gozo de la Resurrección sólo sería posible con el arrepentimiento
de los pecados.
La preparación espiritual del pueblo en fecha tan señalada corría por cuenta de personas instruidas en teología como frailes, sacerdotes e incluso maestros y preceptores de gramática, caso de Albacete. Muchos de los predicadores acudían a las ciudades y villas para reforzar la práctica de la penitencia y purificación de las faltas cometidas. Por medio de conmovedores sermones los oradores sacudían las conciencias, fustigaban vicios y mantenían el fervor religioso al tiempo que conseguían que el pueblo cumpliera con el precepto de la confesión, por lo menos una vez al año.
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San Bernardino de Siena predicando. F. de Goya
Chinchilla no necesitaba la contratación de orador ya
que la Orden de los predicadores, o de Santo Domingo, residía en la ciudad
desde tiempos muy remotos. La tradición arrancaba de los primeros años del
siglo XV, cuando fray Vicente Ferrer, entre 1410 y 1411, había realizado el
itinerario por los territorios de la Corona de Aragón y el reino de Castilla,
esta misión lo llevó a Chinchilla, allí apareció el 25 de abril, día de San
Marcos, donde permaneció hasta el 9 de mayo, acogido en el convento de San Juan
(1). En los siglos siguientes continuará esta orden impartiendo doctrina en
Cuaresma. En 1714 se encomendó la responsabilidad de su cumplimiento al prior
de Santo Domingo, con la precaución de que en caso de imposibilidad, tuviera
poder el regidor perpetuo, don Feliciano Moreno Benítez, para buscar predicador
de su satisfacción con la limosna acostumbrada.
| Convento de Santo Domingo de Chinchilla |
Las predicaciones de Cuaresma tomaron relieve tras el Concilio de Trento (1545-1563) donde cobra especial valor la palabra. El sermón se convierte en el medio para canalizar el proyecto de reforma moral, que comprendía la instrucción correcta del bajo clero y una vigilancia más estricta de las costumbres y comportamientos de los fieles. La predicación se hace necesaria con más frecuencia, al menos todos los domingos y los días de fiestas solemnes, sin desatender los tiempos santos como la Cuaresma, momento en que la predicación se volvía más necesaria (2).
Por ello desde el siglo XVI vamos a encontrar
documentos que nos muestran como los concejos asumen los gastos espirituales de
los vecinos en épocas especiales del año litúrgico, como la Cuaresma, de ahí
que sufraguen los salarios de los predicadores. En el libro de Cuentas de
Chinchilla del año 1574 se recoge el pago de 12.000 maravedís a Fray Diego de
Mendoza, presentador y prior del convento de Santo Domingo, por los sermones
que predicó la Cuaresma del año 1573.
Los sermones de cuaresma eran muy apreciados por las
autoridades tanto religiosas como civiles, no es extraño que ante un gran
predicador los ayuntamientos, a iniciativa propia, remunerasen
extraordinariamente al orador. Especial mención merece la predicación del padre
Cristóbal Sanz conventual del convento de San Juan Bautista de esta ciudad, de
la orden de Santo Domingo, cuya doctrina de Cuaresma había llevado al concejo
el 26 de marzo de 1637 a solicitar al “padre provincial tenga por bien de
conservarlo en esta ciudad para el dicho efecto”. La misma satisfacción se
produce al año siguiente, en 1638, pues también se solicita que el padre fray
Cristóbal Sanz permanezca en el convento chinchillano. Igual consideración
obtuvo en Albacete el maestro y predicador en 1575 a quien el concejo remuneró
con diez ducados por su buena doctrina, no llegó a los doce, que tenía
acostumbrados de salario, porque el concejo calculó que las limosnas y regalos
de particulares habían sido tan generosos que se podía equilibrar el balance
disminuyendo el estipendio municipal.
Es cierto que la religiosidad popular en Chinchilla
siempre gozó de gran fervor, por ello corrían por cuenta del concejo no sólo
las predicaciones de Cuaresma sino las limosnas en festividades como Nuestra
Señora del Rosario, la Candelaria, el día de la Cruz de Mayo, San Juan de Mayo,
y, como no, la fiesta por excelencia, la del Santísimo Sacramento, en cuya
celebración los chinchillanos derrochaban ingenio. En 1573, por ejemplo, además
de procesiones y misas acostumbradas se pagaron las representaciones teatralizadas
y musicales que compuso el maestro de capilla. Hubo también danzas y música de
trompetas, dulzainas y tamborino que dirigió el morisco Juan Carrasco, además
de cohetes y fuegos artificiales.
BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN
(1). Ayllón,
Carlos: La Orden de Predicadores en el Sureste de Castilla, 2002
(2). García
Garrido, Águeda: “Predicación de cuaresma y espiritualidad en la España Moderna
(siglo XVII)”, 2014
Archivo
Histórico Provincial, signaturas 4.484, 2; 16; 4.487, 1; 4508; 4484, 2